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Plagas que se adelantan

Termitas en Galicia: el cambio climático dispara las plagas. ¿Cuáles son los retos y las soluciones?

El invierno multiplica las alertas en la comunidad gallega por estos insectos: devoran la ciudad y el rural

La humedad de este año activa las colonias, que hasta ahora aparecían a partir de primavera

Los avisos: surcos de tierra o marcos de puertas huecos

Termitas encontradas en la viga de una vivienda. | V-B-

Termitas encontradas en la viga de una vivienda. | V-B-

A Coruña

El invierno gallego siempre ha sido territorio de lluvia, viento y goteras. Pero este año trae un visitante inesperado y voraz: las termitas. Un problema que solía despertar con la primavera se ha adelantado de forma inédita, activándose en pleno enero y extendiéndose por viviendas rurales, edificios históricos y pisos en pleno centro urbano.

El repunte invernal de termitas en Galicia no solo es un problema puntual, sino un síntoma de un cambio más profundo: los ciclos biológicos de muchas especies están alterándose debido a las nuevas condiciones climáticas. Y en territorios húmedos como Galicia, este cambio se hace especialmente visible.

A Coruña, Vigo, Ferrol, Santiago, Betanzos, Oleiros, Bergondo, Abegondo… La lista de las plagas de termitas crece semana a semana. Los expertos coinciden en que nunca habían visto una actividad tan temprana. Basta con pasear por cualquier casco viejo para encontrar portales de madera carcomidos o escaparates de locales vacíos convertidos en un laberinto de túneles. En algunos casos, el daño alcanza incluso a vigas estructurales.

Las empresas de control de plagas están desbordadas. Lo habitual en estas fechas es la calma, pero este año la humedad persistente ha creado el escenario perfecto para que las termitas subterráneas —las más comunes en Galicia— entren en modo expansión. El tiempo de espera actual para que los técnicos que operan en la comunidad intervengan se sitúa entre 7 y 10 días desde la contratación de la erradicación de la plaga. En primavera, puede llegar a dos meses, debido al pico de actividad. El anticipo de llamadas ya al arranque de enero hace temer que la campaña de 2026 sea especialmente intensa.

Humedad

La humedad no solo acelera su actividad, sino que también multiplica su capacidad de colonización. Y cuando las termitas se activan antes de tiempo, el daño también llega antes.

Los expertos coinciden en que la causa principal es la combinación de humedad persistente y temperaturas más suaves, factores que impiden que las colonias entren en reposo. En barrios de las cascos viejos de A Coruña, Vigo, Santiago o Ferrol, explican los técnicos, la humedad acumulada en estructuras antiguas ha favorecido que las termitas mantengan su actividad incluso en los meses más fríos.

El problema no se limita a áreas rurales o casas de madera. En los últimos meses se han detectado daños en comunidades de vecinos y viviendas situadas en pleno centro urbano. La expansión silenciosa de estos insectos obliga a los propietarios a solicitar inspecciones urgentes.

Difíciles de detectar

El gran problema de las termitas es su discreción. Lo que parece un pequeño surco en una pared o una madera que suena hueca suele ser solo el aviso de que gran parte de la vivienda o incluso todo el edificio están comprometidos.

Señales de alerta: túneles de barro en paredes o zócalos, madera hueca al golpearla, restos de alas cerca de ventanas o lámparas, deformación de suelos o marcos o un leve chasquido dentro de la madera (en infestaciones avanzadas).

La detección temprana es crucial. Cuanto más tiempo pasan inadvertidas, mayor es el daño y mayor será el desembolso no para el tratamiento en sí sino para la reparación posterior de los desperfectos ocasionados en esa vivienda.

Cascos antiguos, vulnerables

Los cascos históricos gallegos, con viviendas de madera antigua, humedad acumulada y edificios centenarios, son zonas especialmente vulnerables. En la Ciudad Vieja de A Coruña, donde muchos edificios superan el siglo de antigüedad, las termitas llevan años siendo un problema recurrente.

La primera alarma en A Coruña saltó en 2008. El Concello activó entonces un plan de control y vigilancia para frenar la expansión de termitas en el casco histórico. La intervención se centró en la Ciudad Vieja y la Pescadería, las zonas más afectadas, tras detectarse colonias en decenas de inmuebles y constatarse que el 55% del subsuelo albergaba focos activos. Para erradicarlas, el Ayuntamiento aprovechó las mejoras que se iban a acometer en las calles de la zona para contratar la colocación de cebos en el subsuelo. El problema es que una vez asfaltados los trazados en obras, no se pudo comprobar con el paso del tiempo si finalmente se lograron erradicar esos termiteros.

En Betanzos, el Instituto Galego de Vivenda e Solo (IGVS) detectó también la presencia de termitas en viejos inmuebles del casco histórico donde acometía trabajos de rehabilitación. Desde el organismo dependiende de la Consellería de Vivenda, detallan que entonces se contrató una empresa especializada que realizó los tratamientos pertinentes para eliminar la plaga.

Inspecciones regulares

El tratamiento más efectivo consiste en la colocación de cebos que atraen a la plaga y la exponen a un producto que reduce progresivamente su población. Se distribuyen en puntos estratégicos del territorio afectado y se revisan periódicamente para medir la actividad de la plaga, reponer el material y ajustar la intensidad del tratamiento según la evolución.

El seguimiento prolongado, que se extiende a lo largo de cinco años, permite confirmar que la plaga no solo ha disminuido, sino que ha sido erradicada de forma estable. Durante este periodo se realizan inspecciones regulares, análisis de presencia y ausencia, y controles adicionales en áreas sensibles. Este enfoque a largo plazo garantiza que no queden focos residuales capaces de reiniciar la infestación y ofrece a las autoridades una base sólida para declarar la eliminación definitiva del problema.

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