Un funcionario en la cárcel de Teixeiro: “Esto es trabajar en emergencia permanente”
Advierte del aumento de la tensión en los penales gallegos por el traslado de presos extranjeros de otras comunidades
"Es un perfil que genera tensión porque son personas inadaptadas e imprevisibles", apunta
Desde el traspaso de competencias de Prisiones a País Vasco, los traslados a Curtis de reclusos desde Euskadi, en su mayoría magrebíes, se multiplicaron por diez

Traslado de presos a Teixeiro, a la entrada del centro penitenciario. / Eliseo Trigo
La cárcel de Teixeiro vive al límite. Y quien lo dice no es un recién llegado. Es un funcionario con casi treinta años de servicio, desde el mismo día en que el penal abrió sus puertas en Curtis. Tres décadas que le permiten resumir el presente de los centros penitenciarios gallegos en una frase que pesa: "Estamos en emergencia, tensión y alerta permanente".
Galicia tiene hoy un 20% más de presos que hace cinco años. Más internos, menos recursos y un perfil que ha cambiado y que se ha convertido en un foco de conflictos entre rejas. "Antes conocías al recluso. Sabías cómo tratarlo. Ahora llegan cada vez más presos extranjeros, en su mayoría de origen magrebí. Es un perfil de internos totalmente inadaptados, con trastornos psiquiátricos y una medicación altísima. Son más imprevisibles", advierte.
A esa tensión creciente se suma un fenómeno que los funcionarios llevan tiempo señalando: la llegada masiva de internos procedentes del País Vasco, un flujo que se ha disparado desde el traspaso de competencias penitenciarias al Gobierno de Euskadi en el año 2021. "Se ha multiplicado por diez el número de presos que llegan desde País Vasco a Galicia", detalla el veterano trabajador. Y ese cambio, asegura, ha alterado por completo la dinámica de los módulos.
Es un cóctel molotov, sostienen los trabajadores: más población, más reincidencia y perfiles mucho más difíciles, que altera el equilibrio de cada módulo y que se convierte en un foco de tensiones, conflictos y, en consecuencia, peleas.
Los sindicatos coinciden al denunciar que la política de permisos impulsada desde Madrid ha generado un efecto de puerta giratoria. "Con ese ‘todos a la calle’ lo único que pasa es que los mismos internos entran y salen sin parar. Salen, reinciden y vuelven a entrar. Una y otra vez", relatan.
Mientras tanto, la plantilla envejece. Y los nuevos funcionarios que llegan lo hacen con un enfoque muy distinto al de quienes sostuvieron la prisión durante décadas. Entran con una relación mucho más fría con el oficio, apuntan funcionarios en Teixeiro, sin esa implicación que antes se daba por sentada y con una manera de entender el trabajo más ajustada al horario que a la vida penitenciaria, lo que introduce un cambio silencioso pero profundo en la dinámica interna. "Se nota en los módulos, donde la experiencia se jubila", lamentan.
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