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Despoblación rural

Galicia crece sin infancia: en más de 300 parroquias ya no viven niños

El concello de A Veiga (Ourense) es el que suma más lugares sin menores de 16 años

La comunidad cuenta con tres parroquias solo con mayores de 65

Una aldea de Ourense afectada por la despoblación.

Una aldea de Ourense afectada por la despoblación. / Brais Lorenzo

Iria D. Pombo

Una de las particularidades que distingue a Galicia de cualquier otro lugar es la división territorial por parroquias. Desgranar el mapa poblacional gallego debe ser lo más parecido a una muñeca matrioshka: cuatro provincias, 53 comarcas, 313 municipios, unas 3.771 parroquias civiles, y más de 30.000 aldeas, lugares o núcleos, según los datos recogidos por el Instituto Galego de Estatística (IGE). Y a todas ellas hay que mirarlas con lupa, sobre todo a las parroquias que, aunque su influencia burocrática y política se haya reducido considerablemente con el paso del tiempo, su relevancia identitaria, simbólica y demográfica las eleva casi como un monumento.

En los últimos años, las parroquias de Galicia mantienen una tendencia de extremos, conforme al éxodo rural que amenaza a su desaparición desde hace décadas. Según los últimos datos publicados por el informe Nomenclátor: Población por Unidad Poblacional, elaborado por Instituto Nacional de Estadística (INE), hay 326 en las que no hay ningún vecino menor de 16 años, y en 749 los niños no llegan ni al 5% de los habitantes. La mayoría de estas parroquias sin infancia, sin savia nueva, se encuentran —para sorpresa de nadie— en las provincias de Lugo y Ourense, sobre todo en las zonas de montaña. Pero esta pérdida también se aprecia en el interior de las de Pontevedra y A Coruña. Alrededor de 120 municipios cuentan, al menos, con alguna parroquia en la que solo residen adultos.

El concello ourensano de A Veiga alberga la mayor cantidad de parroquias sin ningún vecino nacido a partir de 2010. De 29 entidades de este tipo que tiene, en 16 de ellas no hay ni bebés, ni niños, ni adolescentes. Justo por detrás, las de Chandrexa de Queixa y Viana do Bolo, también en la provincia de Ourense. Entre estos municipios suman más de una veintena de parroquias sin menores de 16 años. Y en A Fonsagrada, en Navia de Suarna, en O Incio y en Quiroga —todos en Lugo—, la misma historia. En los concellos lucenses de Antas de Ulla, Baralla, Becerreá, Bóveda, Castroverde, Cervantes, Monterroso, Palas de Rei, Portomarín, Samos y Sarria; y en los ourensanos de A Pobra de Trives, Castro Caldelas, O Bolo, San Xoán de Río y Vilariño de Conso hay al menos cinco parroquias solo con vecinos adultos.

Ser el único niño de la aldea

Artai —nombre ficticio para preservar su identidad— es un fonsagradino de 23 años cuya infancia trascendió con compañeros de juegos «imaginarios». A los únicos niños que veía, dice, era en el colegio, en el propio núcleo urbano de A Fonsagrada, y una vez acababa la jornada escolar volvía a la soledad, dado que no tiene hermanos. «Ser el único niño en la aldea te obligaba a estar siempre en casa con la consola o a hacer cosas de adultos», confiesa a este diario.

Una infancia similar es la que vivió Xoán —nombre ficticio—, vecino de 22 años de la parroquia de Abades, en Silleda, que hasta que se mudó a Lalín al acabar Educación Infantil también estaba solo. En su caso, durante sus primeros siete años de vida, era vecino de otra niña, cuya casa estaba bastante alejada, «por lo que tampoco tenía relación con ella». «Si lo piensas es un poco triste, porque te pasabas el día solo y los únicos con los que podía jugar eran los animales», indica. De todas formas, reconoce que «fue una infancia muy bonita».

Parroquias de la tercera edad

En menos de un siglo, la comunidad gallega ha transicionado de ser eminentemente rural a más ‘urbanita’. La emigración de las aldeas hacia las villas o ciudades ha vaciado pueblos por completo, sobre todo en la alta montaña de Lugo y de Ourense. Según la propia definición que ofrece la Unión Europea (UE), casi una treintena de concellos —de 313 que son— entrarían en el grupo de desiertos demográficos: menos de 10 habitantes por kilómetro cuadrado. Es más, son unos 64 ayuntamientos los que no llegan a la veintena de vecinos por cada 100 hectáreas, según los datos recabados por el INE.

Como se mencionaba unas cuantas líneas atrás, las parroquias gallegas se están dando a los extremos. En muchas de ellas, a raíz de fenómenos migratorios como el éxodo rural, actualmente la población mayor de 65 años supera el 75% de los habitantes, empujando a esos núcleos a quedar deshabitados en un futuro no muy lejano. La mayoría, igualmente, se sitúan en la provincia de Ourense, en la montaña de Lugo y en las zonas más interiores de A Coruña y de Pontevedra.

Según los datos recogidos por el ente estadístico estatal, esta situación sucede en los concellos de A Veiga, Calvos de Randín, Castrelo do Val, O Bolo y Viana do Bolo, en Ourense, y en el lucense de Navia de Suarna, en plena sierra de Os Ancares. Hay al menos 26 parroquias en Galicia en las que tres de cada cuatro habitantes son mayores de 65 años.

Pero peor augurio parecen tener aquellas en las que la práctica totalidad de su ciudadanía supera con creces esa edad. En 2026, en la comunidad gallega, ya son tres las parroquias en esta situación en las que sus habitantes son todos mayores de 65 años: Cosme do Vilar (Chandrexa de Queixa, Ourense), Santa María de Ambosores (Muras, Lugo) y San Fiz do Barón (San Amaro, Ourense).

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