Más allá del castigo: Galicia apuesta por restaurar los vínculos sociales en la escuela para frenar el 'bullying'
La Fundación Sergio Villar desarrollará el programa Acordamos ConVivir, que aplica de forma "pionera" las prácticas restaurativas para resolver conflictos que ya aplican en el ámbito educativo países como Canadá o Australia

La Xunta apuesta por las prácticas restaurativas en la educación / EFE
Noela Vázquez Dosil
El acoso escolar no es un problema de disciplina, sino de vínculos rotos. Con esta idea de fondo, la Xunta de Galicia pone en marcha Acordamos ConVivir, un nuevo programa piloto de mediación y prácticas restaurativas que llegará a una veintena de centros educativos con un objetivo claro: prevenir el bullying desde el diálogo, la responsabilidad y la reparación del daño, en lugar del castigo.
Tal y como explica Víctor Villar, coordinador del programa que llevará a cabo la Fundación Sergio Villar, ni los conflictos en los colegios ni el acoso escolar son algo exclusivo de las nuevas generaciones, pero las dinámicas entre los más jóvenes han cambiado. El impacto que tienen la tecnología, las redes sociales y, en general, la hiperconectividad a la que están acostumbrados los más jóvenes ha introducido un cambio cultural y social importante. “Cuando una persona aún no está construida emocionalmente, le puede hacer mucho daño”, especialmente por su efecto en los vínculos sociales, cuya debilidad es, para Villar, el fondo de la cuestión. Por eso, insiste, “hay que reforzar la cultura de la empatía y de la afectividad, que es lo que previene los problemas”.

Víctor Villar, de la Fundación Sergio Villar / Cedida
Fue la propia asociación la que propuso el proyecto a la Consellería, que dijo que “cuadraba con sus líneas estratégicas” y les dio "la oportunidad de empezar con este programa piloto”. En todo caso, se trata de una iniciativa que nace de la experiencia, puesto que desde la Fundación llevan a cabo el programa Escola de Paz, con el que ya difunden las prácticas restaurativas en centros escolares gallegos, y también ha realizado una prueba piloto en un instituto en A Coruña “con buenos resultados”. “Lo que queremos es divulgar este tipo de prácticas, que nos parecen el antídoto” a muchos de los conflictos que existen hoy en día.
Es, por lo tanto, una iniciativa “pionera”, que introduce en la educación pública gallega y de la mano de la administración las técnicas restaurativas, que están al orden del día en los países nórdicos, Canadá o Australia. Esta práctica de resolución de conflictos, que se usa también en otros ámbitos como el penitenciario, involucran voluntariamente a víctimas, infractores y la comunidad para reparar el daño causado. Dicho de forma clara, se basan en el diálogo guiado, la escucha activa y la participación de toda la comunidad educativa para que las personas implicadas comprendan el impacto de sus actos, asuman responsabilidades y se comprometan a cambios concretos de conducta.
El objetivo es restaurar el daño a través del aprendizaje
El objetivo, explica Villar, es “restaurar el daño que se produce en la comunidad integrándolo a través del aprendizaje, dando espacio y escuchando a las personas dañadas”, pero también “haciendo consciente de sus acciones a las personas que infringen el daño” y “dándoles espacio para que puedan restaurarlo”. Así, complementan los reglamentos de convivencia tradicionales, que tienen “una mirada más punitiva” y que, según advierte, no están solucionando la raíz del problema. “Al sancionar a un niño, echarlos dos días o una semana del colegio, cuando vuelve puede llegar incluso más rebotado, porque no estamos atendiendo realmente las causas que hay detrás para que actúe de esa manera, no está siendo consciente del daño que está haciendo”.
Actuar antes y después del conlicto
En el caso de Acordamos ConVivir, se trata de una actividad de un día, que se lleva a cabo siempre después de mantener una reunión previa con el equipo del centro, con el objetivo de “darles herramientas en lo cotidiano para que sean conscientes del daño que pueden generar, incluso de manera preventiva”. Después, con los alumnos, se pueden realizar dos tipos de actividades: preventiva o reactiva. En la modalidad preventiva, denominada círculos de palabras, se debate sobre situaciones conflictivas —como casos de bullying, racismo o filtraciones de imágenes íntimas, por ejemplo— en un encuentro con los alumnos y el resto de la comunidad educativa. Se proponen maneras de actuar y de enfrentar estas situaciones, de modo que “ellos mismos crean entre todos, de manera colaborativa, una manera de actuar que nace ellos”, una suerte de “reglamento” o “método” que les permite ser conscientes del impacto de sus acciones.
Si se llevan a cabo después de que se produzca el conflicto, se llaman círculos restaurativos, que deben ser siempre de participación voluntaria y llevados a cabo por profesionales cualificados. En el caso de una pelea entre dos compañeros, por ejemplo, pueden participar tanto las personas implicadas como quienes presenciaron el altercado. Mediante la escucha activa, preguntas concretas y una comunicación no violenta, se exponen los distintos puntos de vista y se intenta guiar la situación hacia un acuerdo.
Finalmente, el programa, que se llevará a cabo en 5º y 6º de Primaria y en la ESO y al que los colegios ya pueden apuntarse para participar en la prueba piloto hasta alcanzar los 20 centros, culmina con una charla informativa tanto con el profesorado con las familias, para que ellos también sepan los beneficios de este tipo de actuaciones, que está demostrado que reducen los índices de conflictividad y aumentan el rendimiento escolar. Al fin y al cabo, ya sea víctima de acoso o un niño que lo ejerce, cuando finalmente “una persona que emocionalmente está segura, tiene mejores resultados académicos”.
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