La madre del joven gallego electrocutado en un aerogenerador, sobre la detención de sus amigos: «Es innecesario, no tienen la culpa de su muerte»
María, la progenitora de Yibrán Javier Rodríguez, exculpa a los dos compañeros que acompañaron a su hijo a Burgos: «Pensaban simplemente que iban a sacar buenas fotos, y él ayudó a cerrar la rejilla por fuera»

Yibrán Javier Rodríguez. / Cedida
Edgar Melchor
El joven Yibrán Javier Rodríguez falleció en junio del 2025 tras sufrir una descarga eléctrica en el interior de un aerogenerador en Burgos cuando pretendía subir a lo alto para captar una imagen con su cámara. Este martes, ocho meses después de la tragedia, la Guardia Civil detuvo a los dos amigos que lo acompañaron aquel día por un presunto delito de homicidio imprudente y otro de daños. «Es innecesario, no es justo para estos chicos, ellos no tienen la culpa de su muerte, pensaban simplemente que iban a sacar fotos especiales sin deteriorar nada», afirma la madre del vigués, María. Al mismo tiempo, admite que su hijo «ayudó a cerrar por fuera la rejilla por la que entró» a la estructura y que «se deben asumir las responsabilidades y pagar los desperfectos provocados porque era un sitio inadecuado y peligroso».
El objetivo de los tres jóvenes era alcanzar la zona más elevada de uno de los molinos del parque eólico de Quintanilla Sobresierra, conocidos por ser los más altos de toda España -de unos 200 metros-, para lo cual acamparon de noche. Una vez arriba, planeaban sacar una instantánea única, una práctica enmarcada en el ‘urbex’, acrónimo en inglés de ‘urban exploration’ (exploración urbana), un arte basado en fotografiar lugares abandonados y de difícil acceso.
«Era en las alturas donde Yibrán -conocido asimismo como Proxy- decía que realmente sentía la sensación de meditar, estar allí sentado le permitía conectar con esa paz y ser feliz», relata la madre. «Con todo, siempre me decía que tenía mucho cuidado de no generar daños colaterales», apunta.
«No quisimos imputar a los chicos»
«Uno de los chicos era más bajito, pero al final fue Yibrán quien decidió entrar en la estructura. Sé que él destornilló la rejilla de ventilación en unas posturas muy incómodas —situada a casi 3 metros del suelo— y ya se metió», precisa María.
La Benemérita centró su investigación —ahora en manos de los Juzgados de Burgos—, por un lado, en que los dos amigos que lo acompañaron, ambos de Madrid, ofrecieron a la Policía Judicial del Alfoz de Burgos contradicciones en sus declaraciones tras los hechos; y, por otro, en que la citada rejilla fue posteriormente cerrada desde fuera.
«Lo que me consta es que mientras él entraba, uno de los amigos le dijo que ayudara desde dentro para que ellos pudieran cerrar la rejilla por fuera»
«Lo que me consta es que, mientras él entraba, uno de los amigos le dijo que ayudara desde dentro para que ellos pudieran cerrar la rejilla por fuera, y mi hijo siguió entrando. Se pueden sacar diversas conclusiones, yo la que saco es que fue un consenso. Ahora, no sé si nos falta información porque se está comentando que lo que volcaron del teléfono móvil de Yibrán habría sido determinante, pero nosotros no sabemos nada de eso; con la información que tenemos, creemos que no son culpables de su muerte». El cierre de la rejilla, al parecer, se produjo con el fin de que «todo quedara perfecto y no se provocara ningún estropicio a la empresa», abunda la madre.

El joven vigués, también conocido como Proxy. / Cedida
A renglón seguido, añade precisamente que la familia fue entrevistada esta semana por la Guardia Civil: «No quisimos imputar a los chicos, quiero que quede muy claro que creo que es innecesario y que no es justo».
«El molino tenía el generador abajo y no contaron con eso»
«Yibrán se basó en vídeos que vio en internet de otras personas» que consiguieron acceder a molinos eólicos, expresa María. Sus amigos decían de él que era muy meticuloso preparando este tipo de incursiones, pero, «como siempre, hay factores que no se tienen en cuenta», subraya la progenitora: «Lo que nos dijeron fue que la diferencia es que estos molinos tienen su generador abajo, cuando normalmente lo tienen arriba, y ellos no contaron con eso; fue lo que lo mató».
Más allá de «pagar los gastos» de los desperfectos provocados en el aerogenerador y en la empresa —se tuvo que interrumpir la actividad laboral—, María incide en su deseo de evitar que los chicos arrestados en la capital sean ahora «linchados mediáticamente» y que «esto tenga transcendencia en su vida». «Estaban todos juntos y pensaban que iba a experimentar algo bonito, que no iban a dañar nada y que iban a lograr, como decía mi hijo, unos ‘fotones’», zanja la madre.
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