Invertir en vivienda en Galicia no es negocio: “Aquí nadie se hace rico con un piso en alquiler”
“Galicia es una sociedad muy de ladrillo; la gente prefiere invertir en vivienda antes que tener el dinero en el banco”, explica la presidenta de la Asociación Galega de Inmobiliarias
La lista de espera en el mercado del alquiler se traslada también al de compraventa: "Cada vez se venden más pisos sin pasar por el escaparate"

Emma Martínez, presidenta de Agalin. / L. O.
Galicia vive en una especie de montaña rusa inmobiliaria. Dos mercados que conviven sin tocarse: el urbano, cada vez más tensionado, y el interior, donde los precios siguen contenidos. Esa dualidad explica la dispersión de rentabilidades que hoy marca el alquiler en la comunidad. Es el análisis del sector inmobiliario en la comunidad sobre la rentabilidad de los arrendamientos.
"La clave del escaso margen en la ciudad de A Coruña está en los precios de partida, muy elevados en el mercado de compraventa, frente a unos alquileres topados", resume Emma Martínez, presidenta de la Asociación Galega de Inmobiliarias (Agalin). La ecuación es sencilla: comprar caro y alquilar con límites deja poco recorrido.
"Los inversores que confían en el mercado gallego no lo hacen por la rentabilidad inmediata, sino por la confianza en el sistema", apunta la presidenta de Agalin y gerente de S2m inmobiliaria. Con un rendimiento medio del 4,7% en A Coruña —la ciudad con los alquileres más altos de Galicia— la rentabilidad se acerca más a la de una entidad financiera que a la de una inversión para alcanzar grandes beneficios. "Quien compra un piso en Galicia para alquilar no lo hace para hacerse rico", insiste Martínez. "Se criminaliza -añade- a los propietarios que invierten en una vivienda para arrendar, y los datos de rentabilidad están ahí", explica la presidenta de Agalin.
Muy lejos quedan las tasas de rentabilidad del 7% e incluso superiores al 8% que ofrecen capitales de Cataluña o Andalucía. Y, aun así, el inversor gallego se mantiene fiel.
A esa fidelidad contribuye un rasgo cultural: Galicia es tierra de ladrillo. "La gente prefiere invertirel dinero en una vivienda antes que en el banco", recuerda Martínez. Y ahí entra en juego el beneficio silencioso: la revalorización. Un piso comprado hoy por 100.000 euros difícilmente bajará de los 120.000 en unos años.
Los peros del alquiler
El margen, ya de por sí ajustado, puede desaparecer con un solo imprevisto. "Cualquier derrama, la instalación de un ascensor o el arreglo de zonas comunes puede reducir o incluso dejar sin rentabilidad alguna ese alquiler", advierte Martínez.
El propietario gallego, más que un inversor agresivo, es un gestor prudente que asume que el beneficio no siempre está garantizado.
En el mercado residencial, el sector coincide en que los precios de compraventa tenderán a estabilizarse. “Ya no hay capacidad para seguir subiendo a ritmos del 12%. El alza será contenida”, pronostica Agalin.
En el alquiler, el panorama es distinto. A Coruña, como zona tensionada, seguirá limitada por los topes. Pero en el resto del territorio la tendencia es clara: menos oferta, más presión y precios al alza.
Vender sin anunciar
La tensión en el mercado inmobiliario no solo afecta al alquiler. La lista de espera para los inquilinos que buscan una vivienda asequible que lleva años instalad en las inmobiliarias gallegas se ha trasladado también a la compraventa. "Cada vez más viviendas se venden sin llegar al escaparate”, explica Martínez.
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