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Mesa de debate: el sector pesquero gallego

Galicia y su mar: administración, lonjas y distribución radiografían el sector

Las intensas lluvias de los últimos meses, los costes y la falta de relevo generacional son los principales desafíos

Urgen apoyo, innovación y educación para evitar que la pesca pierda su peso histórico en Galicia

El director de Compras de Vegalsa-Eroski (izda.), Jorge Eiroa; el director de Lonxa de Ribeira, Fernando Carreira, y el director xeral de Pesca, Isaac Rosón.

El director de Compras de Vegalsa-Eroski (izda.), Jorge Eiroa; el director de Lonxa de Ribeira, Fernando Carreira, y el director xeral de Pesca, Isaac Rosón. / Carlos Pardellas

A Coruña

La marea cambia en Galicia: un sector histórico lucha por no naufragar. En un momento marcado por la tensión en los precios derivada de la escasez de algunas especies, la transformación de los hábitos de compra y la necesidad de reforzar el valor del producto local, el sector pesquero gallego afronta un 2026 lleno de desafíos y de oportunidades, pero también incertidumbres. El descenso de consumo de productos del mar, la innovación en formatos, la colaboración público-privada, las campañas de promoción o la falta de relevo generacional como telón de fondo, Isaac Rosón Sánchez-Brunete, director xeral de Pesca, Acuicultura e Innovación Tecnolóxia; Jorge Eiroa, director de Compras de Vegalsa-Eroski, y Fernando Carreira García, director de Lonxa de Ribeira, analizan en una mesa de debate organizada por LA OPINIÓN cómo se está adaptando Galicia y su mar al mercado actual y qué necesita para seguir siendo un pilar económico, social y cultural.

En la lonja, en los despachos y en los pasillos de la distribución hay una idea que se repite: el momento es «complicado». El director de Lonxa de Ribeira describe un escenario en el que el cambio climático ha dejado de ser un concepto abstracto para convertirse en días de flota amarrada, en semanas enteras sin apenas actividad y en un marisqueo al límite. Señala que las Rías Baixas presentan ahora una salinidad tan baja que el marisco se muere semana tras semana «en porcentajes muy altos», y que el pescado salvaje y el marisco «alcanzan buenos precios», pero «no por una mejora en la comercialización, sino por pura escasez de producto».

Desde la Dirección Xeral de Pesca, Rosón pone el foco en un dato que considera aún más inquietante: el consumo de pescado ha caído un 20% en la última década. «Aunque Galicia sigue por encima de la media nacional, la tendencia preocupa», advierte. A su juicio, la pérdida de poder adquisitivo explica buena parte del descenso, en un contexto en el que «las economías de las familias no están boyantes» mientras las empresas pesqueras —añade— lidian con el encarecimiento del combustible, el mantenimiento de las embarcaciones, las tripulaciones y una regulación europea que, advierte, a menudo se diseña lejos de la realidad del mar. Anticipa un 2026 aún más complejo: si hay menos oferta, los precios subirán, y ese impacto recaerá en los hogares. Añade que persiste la percepción de que el pescado es difícil de cocinar y reclama una labor de divulgación que muestre que puede prepararse de forma rápida, sencilla y saludable.

Desde la distribución, el director de Compras de Vegalsa-Eroski ofrece una visión menos sombría en términos de resultados. Explica que, si se analiza el año completo y no solo los meses marcados por los temporales, 2025 fue un ejercicio «de maravilla» para la sección de pesca en sus 291 puntos de venta. La compañía, afirma, lleva años apostando por el mejor producto de distintas lonjas gallegas y por reforzar la pescadería como sección estratégica. Eiroa introduce además una variable generacional decisiva: los jóvenes no compran ni cocinan como sus padres. Por ello, Vegalsa-Eroski impulsa formatos de libre servicio —lomos, filetes listos, doradas abiertas— que complementan la atención tradicional y facilitan el consumo en hogares con menos tiempo o menos conocimientos culinarios.

Precios y mercado

Administración, lonja y distribución coinciden en que el precio se ha convertido en un muro para muchas familias. Carreira insiste en que la escasez generalizada empuja al alza y obliga a hacer más campañas de promoción y a apostar por el consumo de temporada. Recuerda que no se puede pretender comer las mismas tres o cuatro especies todo el año, porque el mar no produce de forma fija. Rosón alerta de que el tema de cuotas, la oferta y la demanda hará 2026 aún más tenso: «Si hay menos pescado, el precio sube. Y eso van a tener que enfrentar las familias», advierte. Para Eiroa, la adaptación pasa también por ofrecer formatos que respondan a las nuevas formas de comprar y cocinar. «Hace años hablábamos de consumidores en general, hoy ya tenemos que pensar en cómo presentar ese producto a un millenial, a la generación Z, a la generación X o a personas mayores», explica.

Sobre el valor real del producto y la forma de transmitirlo, Carreira destaca el enorme esfuerzo que hay detrás de cada pieza de pescado: un sector sin horarios, que sale al mar aunque llueva, y que trabaja con un recurso limitado que exige sacrificio y conocimiento. Desde las lonjas, explica, se busca que el pescado alcance el mayor valor posible sin superar límites que dificulten su comercialización. El objetivo, resume, es encontrar un equilibrio que garantice la sostenibilidad del sector, su eficiencia económica y un consumo reiterado basado en la calidad del producto y en sus beneficios para una alimentación saludable.

Rosón insiste en que, además de la tradición y del coste, es necesario situar en primer plano las ventajas nutricionales del pescado. Relata que en una reciente mesa redonda sobre dieta básica le sorprendió que nadie incluyera el pescado. «Tenemos que conseguir que la tendencia se revierta, con campañas, con la promoción de los productos de temporada, hacer que los niños vean el pescado como algo divertido», defiende.

Innovación

Eiroa aporta un ejemplo concreto: Capitán Mareas, un proyecto promovido por Velgalsa-Eroski en el que grupos escolares visitan la lonja y prueban platos preparados por un cocinero: «En grupos de veinte o treinta alumnos —dice—no se encontró a ninguno que dijera que no le gustaba el pescado». Esa educación temprana, asegura, es fundamental para consolidar hábitos de consumo.

La innovación en los formatos de consumo aparece como una respuesta inevitable a los nuevos hábitos, aunque también como un terreno delicado. Eiroa recuerda que hace ocho años Vegalsa-Eroski abrió su primera sección de platos preparados en Carballo, convencidos de que ese modelo solo funcionaría en ciudades, y descubrieron una demanda muy fuerte también en entornos pequeños. Reconoce que no todo el pescado es producto para esa sección, porque una vez cocinado no siempre conserva bien sus propiedades. Pero precisamente por eso ve un gran potencial en ofrecer pescado crudo, limpio y listo para cocinar en casa. «Soy un consumidor tradicional y disfruto yendo a la pescadería. Aun así, cuando la agenda se complica entre semana, opto por comprar un par de bandejas de pescado fresco y limpio para tenerlas listas para la cena o para el día siguiente», detalla.

Rosón advierte de que hay que evitar que el mercado derive hacia un modelo de pescado precocinado al estilo británico, «comer fish», porque eso podría poner en riesgo la estructura del sector y alejar al consumidor del producto fresco. Carreira, por su parte, confirma que las empresas comercializadoras ya están instalando fileteadoras en las lonjas para ofrecer las dos opciones —producto entero y producto listo para cocinar— en respuesta a una demanda creciente de rapidez e inmediatez.

La colaboración público‑privada aparece como imprescindible. Carreira presenta la Lonxa de Ribeira como ejemplo de gestión mixta y reclama más apoyo para modernizar la flota y mejorar condiciones a bordo. «El sector no está en su mejor momento; necesitamos ir de la mano de la administración para evitar que la falta de apoyo desincentive la continuidad de muchas pequeñas empresas», reivindica. Rosón destaca el papel de las Organizaciones de Productores y las ayudas a eficiencia y promoción. Eiroa resume que toda la cadena debe estar «super enganchada», desde el mar hasta el consumidor, y que la administración debe acompañar y escuchar.

Bono Peixe

Entre las iniciativas recientes, el Bono Peixe aparece como un caso de estudio. El director xeral de Pesca lo califica de éxito rotundo: la convocatoria movilizó alrededor de 11 millones de euros a partir de un presupuesto de 2,5 millones. Señala que, a diferencia de un bono comercio genérico, quien usa el Bono Peixe es alguien al que le gusta el pescado y aprovecha la oportunidad para comprarlo, por lo que confía en que haya tenido un efecto continuista. «Muestra de que fue un éxito son las llamadas que estamos recibiendo, no solo de establecimientos, sino también de consumidores», destaca.

Sobre la reedición de este bono reconoce que el contexto presupuestario es complicado y que la concatenación de temporales añade presión. Carreira apunta que en las lonjas se percibió un efecto positivo, especialmente entre pequeños placeros que se fueron sumando a la iniciativa pese a sus reticencias iniciales por la carga administrativa. Eiroa destaca la facilidad de uso del bono en los establecimientos, con el simple escaneo de un código, pero detecta un área de mejora en la comunicación en los puntos de venta: muchas veces, dice, el cliente se olvida de presentarlo y la oportunidad se pierde.

Capitán Mareas y la infancia

La educación y la cultura del mar atraviesan todo el debate. Carreira explica que la lonja recibe cientos de visitas escolares al año, especialmente de colegios del Barbanza, y que los niños se sienten fascinados por la variedad de especies y por el funcionamiento de la subasta.

Eiroa cuenta que, tras el éxito de Capitán Mareas, han recibido llamadas de colegios y lonjas donde aún no se había desarrollado el proyecto, y que están preparando una nueva batería de centros participantes. Rosón, en su faceta de padre, relata cómo su hija compara el pescado del comedor escolar con el de casa y concluye que habría que incidir mucho más en los menús escolares, introduciendo pescado de temporada y de cercanía, porque existe producto asequible y muy nutritivo que podría formar parte de la dieta diaria de los niños.

Cuando el diálogo se desplaza hacia el relevo generacional, el tono se vuelve especialmente serio. El director de Lonxa de Ribeira enumera las razones por las que resulta cada vez más difícil atraer a jóvenes al mar: horarios nocturnos, dependencia absoluta de la meteorología, cambios constantes en los tiempos de llegada del pescado, dificultades para conciliar y condiciones de habitabilidad mejorables en muchas pequeñas embarcaciones. A ello se suma, insiste, una rentabilidad incierta en un contexto de cambio climático que obliga a la flota a permanecer amarrada durante largos periodos. Aunque existen ayudas para jóvenes armadores, considera que hoy las incertidumbres pesan más que las certezas.

Rosón amplía el diagnóstico y define el sector como duro «de principio a fin», en un momento en el que la sociedad está cada vez más acomodada y el mar ya no ofrece la ventaja económica de antaño. Recuerda que el problema no afecta solo a la flota, sino a toda la cadena: las pescaderas y pescaderos tienen que levantarse de madrugada para acudir a la lonja y luego pasar el día entero vendiendo. Lo resume como una cuestión de cultura del esfuerzo que se está debilitando, y advierte de que, aunque en Galicia la imagen del sector aún conserva prestigio, ese capital simbólico puede perderse si no se refuerza la cultura del mar desde la infancia.

Hiperregulación

Carreira introduce además un factor que califica de «avasallador»: la hiperregulación europea. Describe la situación de un marinero en una embarcación de seis metros obligado a emitir desde el mar una declaración previa de lo capturado, en condiciones de mala mar en las que apenas puede mantenerse en pie, y a cuadrar esa estimación con lo que finalmente llega a la lonja. Sostiene que hoy «hace falta casi una ingeniería para salir al mar», no tanto para pescar como para cumplir con todas las normas, muchas de ellas diseñadas desde una Unión Europea que —dice— no entiende la realidad de la flota de bajura.

Como consecuencia, muchos jóvenes armadores prefieren embarcarse en barcos de altura como capitanes de pesca, donde ven una carrera más sencilla que enfrentarse a la gestión de un pequeño barco propio.

Eiroa enlaza esta reflexión con una advertencia que escuchó hace años en los pasillos de un congreso, cuando un directivo afirmó que habría productos que en el futuro no se podrían consumir. Entonces le pareció exagerado; hoy, admite, entiende aquel comentario. Por eso insiste en que hay que «mimar» a quienes salen al mar, igual que a los ganaderos o a quienes trabajan la huerta, porque si no el problema de abastecimiento será real

Saludable y identidad

En el tramo final, los tres lanzan mensajes directos al consumidor gallego. Carreira recuerda que Galicia tiene la suerte de disponer «aquí al lado» de un producto «único y sanísimo», y reivindica la dieta pescoatlántica como una de las más saludables. Reconoce que el pescado está cada vez más caro y que hay menos, pero insiste en que siempre hay opciones y en que es indudable que se criará mejor a los hijos comiendo pescado que productos elaborados. Defiende la apuesta por marcas de calidad como Pesca de Rías, que certifican que el pescado tiene menos de 24 horas desde su captura hasta su comercialización, y destaca que la gente pregunta por ellas porque les dan garantías.

Rosón insiste en que el mar forma parte de la identidad cultural gallega y que es necesario que el pescado se identifique como algo propio, cercano, que llega fresco a la mesa desde puertos situados, en muchos casos, a veinte minutos de las ciudades. Añade un elemento más: la sostenibilidad, y llama a priorizar el pescado de aquí, como producto de proximidad capturado a pocas millas de la costa, frente al que llega de otras latitudes.

Eiroa condensa su mensaje en tres ideas: que el pescado es saludable, que Galicia cuenta con las mejores lonjas y con una marca de calidad reconocida, Galicia Calidade, y que empresas como Vegalsa-Eroski trabajan cada día para llevar el pescado de todas las lonjas gallegas a sus tiendas.

Administración, distribución y lonja dibujan un sector que avanza entre dificultades, pero también con una convicción compartida: Galicia posee un patrimonio marino excepcional y una cadena de valor que, si permanece unida, puede seguir siendo motor económico y cultural. El reto pasa por atraer a nuevas generaciones, adaptar formatos de consumo, reforzar la educación alimentaria y consolidar una colaboración público privada que permita a la flota, a las lonjas y a la distribución afrontar un futuro incierto sin renunciar a la esencia de un producto que forma parte de la identidad del país.

«El mar forma parte de la identidad cultural gallega: hay que defender el producto local»

Isaac Roscón

— Director xeral de Pesca

Isaac Roscón

Isaac Roscón / Director xeral de Pesca

«Hace años hablábamos de consumidores en general; hoy hay que pensar en millennials, generaciones Z y X y mayores»

Jorge Eiroa

— Director de Compras de Vegalsa-Eroski

Jorge Eiroa, director de Compras de Vegalsa-Eroski

Jorge Eiroa, director de Compras de Vegalsa-Eroski / LOC

«Atraer a jóvenes es cada vez más difícil: horarios, clima, conciliación… Y hay una hiperregulación avasalladora»

Fernando Carreira

— Director de Lonxa de Ribeira

Fernando Carreira, director de Lonxa de Ribeira

Fernando Carreira, director de Lonxa de Ribeira / LOC

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