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Gallegos en el EEUU de Trump: «Vivimos con miedo»

Desde hace meses, los agentes federales de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) de Estados Unidos llevan a cabo numerosas detenciones y agresiones a inmigrantes por orden del gobierno norteamericano. La colonia gallega en el país atiende con temor a una política migratoria que eleva la conflictividad en el ‘sueño americano’

Agentes del ICE y de la Patrulla Fronteriza escoltando el edificio federal de Mineápolis (Minnesota).

Agentes del ICE y de la Patrulla Fronteriza escoltando el edificio federal de Mineápolis (Minnesota). / Olga Fedorova / Efe

Iria D. Pombo

Poco se parecen A Costa da Morte y el litoral este de Estados Unidos. Cada una está a un lado del charco atlántico, pero al igual que en cualquier concello de las Rías Altas, las carreteras, viales y puentes de Nueva York los construyeron gallegos. Y a pesar de que rara vez se asemejan, no resulta complicado cruzarse con cinco ‘paisanos’ por la Gran Manzana o por el Upper East Side, que se mudaron desde su Galicia natal hasta EEUU en busca de nuevas oportunidades. Para cambiar de aires, para aprender inglés o para perseguir el ‘sueño americano’. Hoy, para muchos, es más bien una pesadilla.

«Teniendo en cuenta mi situación de emigrante, no quiero hablar de la violencia y de la migración de aquí. Nos estamos exponiendo a tener problemas con los visados», confiesa a este diario un coruñés afincado en Austin (Texas), donde mantiene su plaza de profesor y convive puerta con puerta con acérrimos seguidores del presidente Donald Trump. Tan solo esta breve disculpa muestra la realidad a la que se someten los extranjeros —regularizados o no, o incluso los expat (estancia temporal por estudios o empleo)— por las duras políticas migratorias exacerbadas por el gobierno republicano, y ejecutadas tanto por el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) como por ciudadanos fanáticos y súper americanos que gozan de mayor impunidad para tomarse la justicia por su mano.

Este profesor no es el único gallego que opta por apartarse. «Solo pensar en este tema me irrita, pero prefiero no hablar», lamenta una lucense que reside también en Texas, uno de los principales feudos trumpistas. Por suerte, la situación cambia hacia el norte y la costa este de la tierra de las libertades.

«No es agradable vivir en un país que se identifica con utilizar la fuerza extrema»

Anxo Brea, natural de Esteiro (Muros), es vecino y profesor en Long Island, a media hora de Nueva York, desde 1985. Cuando recibió una llamada desde Compostela estaba apartando la nieve acumulada en la entrada de su casa neoyorquina. «Si me escuchan hablando en gallego y no en inglés igual hasta me aparecen los agentes federales en la puerta», bromeaba, en referencia a la brutalidad de los ICE sobre muchos migrantes y sus descendientes. Sus controversiales actuaciones, como secuestros, asesinatos, deportaciones y tiroteos a personas en «redadas antiinmigración» elevan día tras día la peligrosidad para los migrantes o aquellos que alcen la voz contra las mismas.

«La inmigración es un arma de doble filo en este país», indica Brea. «En su primer mandato, hace una década, Trump bloqueó el acceso migratorio, lo que derivó en una crisis en la frontera que acabó heredando Joe Biden. Después, Trump lo utilizó de nuevo para hacer campaña, creando confrontación y haciendo ver que todos los inmigrantes somos malos», explica.

Esta polarización cruza las líneas de la opinión y del tan amado artículo primero de la Constitución de EEUU —sobre la libertad de expresión— al que Donald Trump recurre en sus intervenciones con asiduidad. «No es agradable vivir en un país que se identifica con utilizar la fuerza extrema y en el que se acabó con la vida de personas inocentes», apunta el arquitecto compostelano Pablo Costa, que se marchó en 2011 a Nueva York, donde reside desde entonces.

«Hay muchos migrantes que en su propia jornada laboral tienen que andar vigilando sus espaldas porque van a por ellos. Los observan, los siguen en sus puestos de trabajo»

Anxo Brea

— Profesor residente en Long Island

Ambos confiesan haber tenido que cambiar un poco algunas de sus rutinas y «andar con pies de plomo» a la hora de opinar sobre política, especialmente en las redes sociales. Sin embargo, Brea —que está registrado como ciudadano estadounidense desde 2001—y Costa celebran que su situación regularizada en el país les está evitando problemas y conflictos mayores por ser inmigrantes. Por el momento, gozan de un estatus de ‘plata’ a ojos de la ley norteamericana, pero hay otros tantos gallegos cuya situación pende de un hilo. «El otro día estuve charlando con un hombre de Pontevedra al que dentro de poco se le agota el visado y no sabe si se lo renovarán. ¿Qué va a pasar?», se pregunta Anxo Brea.

«Donald Trump insiste en crear una imagen de EEUU polarizada, conservadora y con aversión a todo lo que venga del exterior»

Pablo Costa

— Arquitecto residente en Nueva York

«En el sector servicios trabajan muchos migrantes indocumentados, porque al fin y al cabo son mano de obra barata, y en su propia jornada tienen que andar vigilando sus espaldas porque van a por ellos. Los observan, los siguen en sus puestos de trabajo», relata Brea. En ese sentido, recuerda cuando en los años ochenta hubo una fuerte ola migratoria de gallegos a Estados Unidos que «con cualquier visado se metían a trabajar en la construcción, sobre todo, o en la hostelería».

Actualmente, eso no ocurre, dice, «porque el cerco cada vez está más apretado». «Vivimos con miedo. Como profesor, lo veo en las escuelas. Hay familias que ya no mandan a los niños al colegio por miedo, porque el ICE entra en las clases, en los hospitales, para detenerlos».

Pablo Costa comparte ese temor, pero reconoce que vivir en la multicultural Nueva York es un salvoconducto y una garantía de seguridad que no hay en todos los estados. «EEUU es un país nuevo construido por individuos de África, de Latinoamérica y de Europa. La ciudad en la que vivo sigue siendo un núcleo multicultural, que no pierde el tiempo con esas distinciones», puntualiza. Pero al pivotar a la política nacional, el presidente «insiste en crear una imagen de EEUU polarizada, conservadora y con aversión a todo lo que venga del exterior».

En el otro lado de la balanza se sitúa Xoán —nombre ficticio—, otro gallego residente en Nueva Jersey desde 1970. Tras más de medio siglo en el país, percibe cierto «ambiente polarizado, pero no necesariamente brutal». «Hay una parte importante de la población que considera que el cumplimiento de la ley es fundamental, y creo que se tiene que cumplir la normativa migratoria», considera. Eso sí, «la violencia de los agentes federales no está justificada», menos aún, «en tierra de inmigrantes y oportunidades».

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