Seguridad vial
Abuelos señalados por sus nietos y empresarios traicionados: la picaresca en los cursos para recuperar el carné de conducir
Son cada vez más los conductores que identifican al abuelo o trabajadores que culpan al jefe de su empresa de transporte para esquivar la retirada del carné
El 5% de los que infractores que asisten a los cursos de recuperación total de puntos no aprenden: pierden la licencia dos e incluso tres veces
Las víctimas reclaman establecer un límite para los conductores que convierten estos cursos en un trámite repetitivo, sin que modifiquen su conducta al volante

Conductores en un curso de recuperación de puntos en un centro de Santiago. / LCO
¿Cuál es el perfil del reincidente que agota todos los puntos del carné en Galicia? En el 90% de los casos se trata de un varón mayor de 40 años, un dato que sorprende porque, sobre el papel, los conductores de entre 25 y 40 años son los que se presuponen más imprudentes al volante. Son ellos quienes suelen asumir más riesgos, conducir más kilómetros y exponerse más a situaciones de peligro. Sin embargo, no son los que más reinciden en la pérdida total de puntos. La explicación, según los instructores de reeducación vial, es que los más jóvenes tienden a corregir antes su conducta tras una sanción grave, mientras que los mayores de 40 acumulan hábitos arraigados y una falsa sensación de control que los lleva a repetir infracciones. En este grupo predominan los hombres que encadenan excesos de velocidad, positivos en alcoholemia, uso del móvil o episodios de conducción temeraria.
Muchos de los que llegan a los cursos de recuperación lo hacen convencidos de que se trata de un trámite inútil o de un mecanismo recaudatorio, pero a medida que avanzan las sesiones suelen tomar conciencia del alcance real de sus actos y del riesgo que suponen para el resto de usuarios de la vía.
Aun así, la picaresca sigue muy presente. Miles de conductores que no han cometido infracción alguna acuden a estos cursos para cubrir a un familiar. Cada vez es más habitual que abuelos que apenas usan el coche sean identificados por sus nietos como los infractores para evitar perder puntos. También se dan casos de empresarios del transporte que descubren de un día para otro que su saldo está a cero porque un trabajador los señaló como responsables de una sanción.
En los cursos de recuperación total, siete de cada diez alumnos llegan por sentencia judicial relacionada con alcoholemia, y en algunos centros que imparten estos cursos en Galicia esta proporción alcanza el 90%, lo que evidencia el peso de este factor en la siniestralidad.
La mayoría escarmienta tras quedarse sin carné una vez, pero existe un pequeño grupo —entre el 2% y el 5%— que reincide y vuelve a perder todos los puntos por segunda o incluso tercera vez. Son casos excepcionales, pero significativos: conductores que, pese a haber pasado ya por el proceso de reeducación, vuelven a encadenar infracciones hasta agotar el saldo. Algunos regresan a la autoescuela apenas días después de haber recuperado el permiso. En Santiago, un joven de entre 25 y 30 años llamó una semana después de completar el curso de recuperación total para matricularse en el de recuperación parcial: ya había perdido seis puntos en tiempo récord.
Reincidentes crónicos
Hay un perfil aún más preocupante: el de quienes, directamente, deciden seguir conduciendo sin permiso. No acuden al curso, no recuperan puntos y continúan circulando, lo que constituye un delito que puede conllevar penas de prisión. Pero incluso entre quienes sí cumplen con el proceso, Interior detecta un problema creciente: los reincidentes crónicos, aquellos que agotan puntos una y otra vez sin modificar su conducta y que vuelven a la carretera ajenos al riesgo que generan.
Desde Stop Accidentes reclaman desde hace tiempo que se establezca un límite para estos casos, ya que consideran que el sistema actual permite que algunos conductores conviertan los cursos en un trámite repetitivo sin efecto real. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha reconocido la preocupación y se ha comprometido a estudiar medidas específicas para frenar la reincidencia en la pérdida de puntos. Aunque el porcentaje de reincidentes es reducido, su impacto en la seguridad vial es desproporcionado: representan un riesgo persistente y difícil de corregir, un desafío que obliga a revisar el modelo de reeducación para evitar que quienes ya han demostrado un patrón de peligro vuelvan a ponerse al volante sin garantías.
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