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Récord histórico en Galicia: ¿Por qué 4.000 familias renuncian en solo un año a su herencia?

La carga fiscal por legados entre hermanos y de tíos a sobrinos así como las deudas del fallecido o las disputas familiares se convierten en el gran freno para decir 'sí' a un testamento

Los rechazos registrados en las notarías gallegas se dispararon casi un 50% en los últimos cinco años

Las provincias de A Coruña y Pontevedra concentran el grueso de las renuncias, el 75% del conjunto autonómico

Un hombre en el momento de firmar un documento ante notario.

Un hombre en el momento de firmar un documento ante notario. / E. P.

A Coruña

Heredar no siempre es una fortuna. Cada vez más familias dicen no a pisos ruinosos o que están lejos del lugar donde uno vive, fincas sin salida, deudas ocultas o impuestos que convierten el legado en una carga. El año pasado, casi 4.000 herederos en Galicia renunciaron al legado que les había dejado algún familiar o, en casos puntuales, una amistad. Son ya una media de once cada día, una cifra récord que supone casi un 50% más que hace un lustro, año en el que estalló la pandemia, según el análisis de las estadísticas del Colegio Notarial de Galicia. Por cada adjudicación de herencia que se hizo en 2025 en la comunidad gallega (se superaron las 27.500) se produjo una renuncia.

El balance sorprende en un territorio donde heredar, desde hace casi una década, no cuesta dinero… aunque solo en línea directa. La reforma fiscal de la Xunta que entró en vigor en 2016 eliminó el impuesto de Sucesiones para patrimonios de hasta 400.000 euros entre padres e hijos, abuelos y nietos o cónyuges, y en 2020 el límite se elevó al millón. También desde 2016, las herencias en vida quedaron exentas de IRPF por una sentencia del Tribunal Supremo, lo que convirtió estas transmisiones en uno de los trámites estrella de las notarías gallegas: casi 23.300 pactos sucesorios registrados en 2025, la segunda cifra más alta desde las bonificaciones tributarias de hace diez años. Aun así, el rechazo a las herencias no deja de crecer.

Por provincias, A Coruña y Pontevedra concentran el grueso de las renuncias: 1.488 y 1.475, respectivamente, el año pasado. Suman entre ambas el 75% del total en la comunidad. Lejos de estas cifras están los rechazos formalizados en Lugo (522) y Ourense (424).

¿Por qué se dice 'no' a un testamento?

Ni casas, ni tierras, ni dinero: a veces lo que se hereda son deudas, impuestos y problemas. Uno de los casos que más se repite en las notarías gallegas es la renuncia de hermanos o de sobrinos por la elevada fiscalidad en las herencias de familiares colaterales. Aunque la Xunta reformó el impuesto de Sucesiones para estos parentescos, las bonificaciones siguen siendo insuficientes para evitar que cada vez más herederos rechacen el legado de un tío soltero, de una hermana sin descendencia o de un familiar al que se cuidó durante años. En numerosos casos, la cuota a pagar supera con creces el valor real del bien heredado, especialmente cuando se trata de viviendas antiguas, fincas sin mercado o propiedades que requieren inversiones inmediatas. La carga fiscal, unida a los gastos de mantenimiento y a la falta de liquidez de muchos herederos, convierte estas herencias en un lastre más que en un beneficio.

Otro de los motivos por los que se decide renunciar es la presencia de deudas. Hipotecas antiguas, avales que nunca se cancelaron, préstamos arrastrados desde la crisis financiera. Y es que heredar significa asumir también las obligaciones del fallecido, y muchos prefieren renunciar antes que cargar con un pasivo que no pueden afrontar. La aceptación a beneficio de inventario —que permite conocer primero si hay deudas ocultas— sigue siendo una figura poco utilizada, en parte por desconocimiento y en parte por la complejidad del trámite.

Otra causa es el valor de los bienes heredados. Galicia acumula miles de fincas rústicas sin acceso, parcelas minúsculas, casas ruinosas o propiedades compartidas entre decenas de familiares que no se ponen de acuerdo ni para cortar la maleza. El coste de mantener ese patrimonio —impuestos, reparaciones, trámites— supera con frecuencia cualquier beneficio. Y es en el rural, donde la despoblación avanza más rápido que el mercado inmobiliario, donde abundan los activos que nadie quiere.

Otro elemento que aflora en los despachos notariales son los conflictos familiares. Heredar no siempre es un premio; a veces es el detonante de viejas rencillas. Hay quien renuncia para evitar un pleito, para no reabrir heridas o simplemente porque no mantiene relación con el fallecido.

A ello se suman los gastos asociados a la transmisión. Aunque Sucesiones esté prácticamente eliminado, la plusvalía municipal sigue pesando en los inmuebles urbanos. También los costes notariales y registrales, que para muchas familias resultan difíciles de asumir en un contexto de salarios estancados e inflación persistente. La precariedad económica de los propios herederos se ha convertido en un factor decisivo: aceptar una herencia implica compromisos que no todos pueden permitirse.

Los expertos coinciden en que la tendencia seguirá al alza. La combinación de bienes de escaso valor, deudas heredadas, precariedad económica y un territorio envejecido y disperso dibuja un escenario en el que renunciar a una herencia deja de ser una rareza para convertirse en una decisión pragmática. Galicia, pese a tener una de las fiscalidades sucesorias más benignas del país, se enfrenta así a un fenómeno que revela tanto la fragilidad económica de muchas familias como la transformación de su patrimonio.

Paradójicamente, mientras las renuncias baten récords, las herencias en vida experimentan un auge sin precedentes. La exención de IRPF desde 2016 ha impulsado a miles de familias a ordenar su patrimonio antes de que se convierta en un problema. Donar en vida permite evitar conflictos, simplificar trámites y, sobre todo, asegurarse de que los bienes acaban donde uno quiere sin dejar un rompecabezas a los hijos.

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