Educación
Un padre gallego: «La profesora siempre envía mensajes de Abalar a las once de la noche o el domingo con poca antelación»
Galicia regulará las comunicaciones entre docentes y familias, que en algunos casos ven bien regular horarios
Colectivos de anpas aseguran que las quejas al respecto son «puntuales» o «anecdóticas»

El conselleiro de Educación, Román Rodríguez, inaugura una jornada sobre educación digital en el profesorado. / Xoan Álvarez
Carmen Villar
«La profesora envía mensajes vía Abalar siempre a las once de la noche o el domingo para llevar material con poca antelación o avisar de cosas». Es el testimonio del padre de una niña de 5º de Primaria. Una madre, cuyo vástago cursa esa etapa, pero 1º, lo suscribe: «He recibido mensajes vía plataforma educativa a las seis de la mañana y doce de la noche y esta Semana Santa me mandaron comprar unas pinturas el lunes de Pascua cuando el martes volvía al colegio».
Ambos se quejan —no en exceso— de que las comunicaciones colegio-familias se produzcan en esos contextos mientras otra progenitora cuenta que en 2º de Bachillerato su hija integra un grupo de WhatsApp en el que los docentes envían mensajes a medianoche y en fin de semana, pese a que lo vea un reflejo de profesores «implicados».
A ese tipo de quejas se remitía el conselleiro de Educación, Román Rodríguez, cuando en una entrevista a este diario avanzó que la Xunta regulará por ley la relación entre familias y centros prohibiendo el WhatsApp, limitando las horas para los contactos, en aras de la desconexión digital, y promoviendo un canal para ese intercambio que no será Abalar.
Con todo, y pese a que, por sus experiencias, algunos padres y madres resalten los puntos negativos de esa relación virtual con los educadores de sus hijos y aboguen por ordenarla, la sensación de varias agrupaciones de anpas es que en ese ámbito no existe un problema y, si acaso, basta con limitar horas.
El canal «oficial», Abalar
Iria Salvande, presidenta de Foanpas (anpas de Vigo y comarca), cuestiona que la Consellería de Educación hable de destinar recursos a canales específicos cuando el sistema de mensajes de Abalar «funciona bien». Por su parte, desde la Fanpa de Redondela ven en las palabras del conselleiro «un anuncio vacio» porque el canal de comunicación «oficial» es Abalar y lo que hace falta es «sentido común». «No se puede generalizar por casos concretos», coinciden ambos, que ni se meten en el tema del WhatsApp porque «nunca» se recurre a ese medio.
Salvande explica que las relaciones pasan por el correo vía Abalar, que sí puede registrar disfunciones, como notificar «tarde» algún mensaje. «No hay más interacción ni más molestia y suelen enviar el correo a horas no intempestivas», comenta, aunque «a veces se cuelgan ejercicios en internet para hacer en vacaciones y en horas raras» y que, en ese sentido, «quizás se puedan limitar las horas de funcionamiento».
No obstante, incide en que, consultadas otras federaciones de anpas, «no hay queja, a no ser algo puntual, a diferencia de otras cuestiones, como la inclusión real del alumnado». Las molestias, insiste, son «anecdóticas». Las familias de Redondela lo ratifican: «No se puede generalizar por casos concretos».
El rol del WhatsApp
WhatsApp sería un canal excepcional para el intercambio profesorado-familias. Una madre de un niño en Infantil contacta así con la maestra de su hijo, pero lo hace tras años de relación y apunta que el recurso es poco «habitual» en su entorno, que se reserva para cuestiones «muy puntuales» y que no conoce situaciones de «abuso» o «conflictivas» ni contactos «intempestivos», ni de un lado ni de otro. Con su otro retoño, en Primaria, Abalar es el único medio y, excepto algún aviso «con poco margen», no suele haber ningún problema.
Corrobora esa impresión la madre con la hija en Bachillerato, quien defiende que «la mayoría» de docentes de sus hijas «no cometen excesos» y cree que «es de agradecer que haya profesores que tengan grupos de WhatsApp con los alumnos para que la relación sea más fluida». Con todo, avisa que, «igual que hay alumnos que seguro que no saben los límites, los profesores también se olvidan de que los niños tienen derecho a desconectar».
¿Y qué opina el profesorado? Lo primero, ratifican que el WhatsApp no es el «modo habitual» de proceder. Una docente de secundaria de Lengua lo ve «la fórmula menos idónea con muchísima diferencia» por su carácter «informal» y por propiciar el «bombardeo» de mensajes sin ningún límite. Otra, de la misma materia, y que considera que esas disfunciones en la comunicación que pretende atajar la ley son «ciencia ficción», comparte la apreciación. «Existe Abalar y cuando tienes algún problema con un alumno, envías un Abalar a sus padres», alega. Además, ambas niegan poner tareas a deshora en las aulas virtuales.
Lo mismo que otro docente, en este caso de Lingua galega, que, en cambio, sí constituiria una excepción a la regla en lo que al teléfono respecta. Él prefiere que los padres de los alumnos de los que es tutor tengan su número por entender que es «más operativo». «Siempre me funcionó bien; hacen un uso razonable», asegura, porque lo que «impera es la lógica y la comodidad».
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