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De la segregación a la persecución: los 30 casos de discriminación que denunciaron los gitanos de Galicia en los primeros meses de 2025

La Fundación Secretariado Gitano registró una treintena de casos en tres meses, el doble que en todo 2024, evidenciando una mayor concienciación para denunciar la discriminación

La entidad advierte sobre el aumento de delitos de odio en las redes y la problemática del acceso a la vivienda, agravada en este colectivo

Presentación del XXI Informe anual “Discriminación e Comunidad Xitana”, este jueves, en la sede de la Valedora do Pobo.

Presentación del XXI Informe anual “Discriminación e Comunidad Xitana”, este jueves, en la sede de la Valedora do Pobo. / Europa Press

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Hay cifras que no solo crecen, también hablan. En Galicia, lo que hasta hace poco se quedaba en silencio, como una puerta que no se abre, una mirada inquisidora que vigila, un insulto que se normaliza en todas partes, empieza a convertirse en denuncia. La Fundación Secretariado Gitano (FSG) registró 15 casos de discriminación en todo 2024. En apenas tres meses de 2025, ya contabilizaron una treintena, según se desprende el XXI informe anual Discriminación e Comunidade Xitana, presentado este jueves en la sede de la Valedora do Pobo.

No es que haya más discriminación de repente, sino más conciencia para señalarla, tal y como explicó Javier Jiménez, técnico de Igualdad de FSG Galicia. Y al ponerle nombre, afloran historias duras que atraviesan lo cotidiano: buscar vivienda, entrar en un local, ir al colegio, aspirar a un empleo o, simplemente, hacer la compra sin ser seguido. Detrás de los datos, una realidad persistente que acompaña a muchas personas gitanas desde la infancia hasta la edad adulta, y que ahora empieza a dejar de pasar desapercibida, tras «seiscientos años de desigualdad, de injusticia y de discriminación», en palabras de la propia valedora, María Dolores Fernández Galiño.

«Cada vez se denuncian más»

El informe señala, también, que en todo el Estado español se documentaron en 2024 un total de 399 episodios de discriminación hacia la población gitana. Es decir, Galicia aportó el 3,76% de los casos a nivel estatal, un porcentaje que, aunque es minoritario, no es residual. Tal y como indicó Jiménez, de esa quincena de casos gallegos, cinco estaban relacionados con el acceso a la vivienda —propietarios que no quieren alquilar a personas gitanas—; otros cinco en materia de acceso a bienes y servicios —por ejemplo, persecuciones en supermercados, o establecimientos que se reservan el «derecho de admisión» para impedir la entrada a este colectivo—; dos relativos a la empleabilidad; un par relacionado con el tratamiento informativo que han dado los medios de comunicación; y uno relacionado con la actuación policial. No obstante, la entidad advierte que «cada vez se denuncian más casos».

Entre los más relevantes, Jiménez destacó la situación descontrolada de los delitos de odio en los canales digitales, algo contra lo que «faltan medios», así como el ámbito del acceso a la vivienda, problemático para la población en general, pero que «se ve agravado» en el caso de la población gitana. También hizo hincapié en la prohibición de entrar en locales, en el extendido y común seguimiento por los supermercados o acusaciones motivadas por el racismo, así como discriminación para el acceso al trabajo. En ese sentido, los más jóvenes son los que salen peor parados, según la FSG, lo que conduce a que «desde la infancia hasta la madurez, una persona gitana puede ser discriminada constantemente».

Discriminación en el día a día

Esto mismo es lo que provocó que Nerea, una madre gitana que decidió escolarizar a su hijo en el mismo centro educativo al que asistió ella de niña, no encontrara las herramientas suficientes para hacer frente a continuos comentarios discriminatorios. Su testimonio fue compartido durante el encuentro en Santiago y explicó cómo un trabajador del colegio le espetó «es que siempre sois los mismos los que dais problemas», entre otras palabras, al llamar ella al centro para preguntar por su hijo tras un problema familiar. Nerea puso una reclamación y, a raíz de ello, «la actitud racista hacia las familias acabó».

Otro episodio discriminatorio es el que denunció Jarson, un joven de etnia gitana al que los trabajadores de un supermercado persiguieron insistentemente ante la sospecha de que podría estar robando. Según relató, él estaba leyendo las etiquetas de unos jabones, ya que necesitaba uno con una formulación muy concreta, cuando se percató de que una dependienta lo estaba vigilando por los pasillos. Él le explicó lo que estaba buscando pero, según su testimonio, ella le profirió que «no podía estar tanto tiempo leyendo una etiqueta». Cree que si no fuera gitano, eso no ocurriría. «Siempre quedas señalado, aunque no robes, aunque no hagas nada malo», lamentó Jarson.

Los responsables de la FSG incidieron en la necesidad de concienciar al colectivo para que no «deje pasar» este tipo de actos discriminatorios y los denuncie para poder poner medidas contra ellos. «Muchas veces lo asumimos como normal y lo dejamos pasar, es importante saber como actuar», sentenció Jiménez.

Fuente: El Correo Gallego

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