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Balance de 2025

El vacuno lechero gallego se concentra, pero más despacio que en el resto de España

En la última década los beneficiarios de la PAC en Galicia descendieron en un 30% y la superficie media de las explotaciones aumentó en un 60%

Varias vacas en una ganadería de lácteo en Lugo (archivo).

Varias vacas en una ganadería de lácteo en Lugo (archivo). / EP

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Noela Vázquez Dosil

Santiago

El vacuno lechero gallego se concentra. Es un proceso que afecta al rural de la comunidad desde hace años: las explotaciones más grandes ganan animales mientras las medianas los pierden. Pero según revela el Balance del tercer año de aplicación del Plan Estratégico de la PAC (PEPAC), publicado por el Ministerio de Agricultura, esta reestructuración avanza a la mitad de velocidad que en el resto de España.

Galicia es con diferencia la primera comunidad lechera de España. Según los datos del informe, el año pasado concentraba el 43% de las vacas lecheras incluidas en estas ayudas en todo el país. Eran, sin embargo, 11.270 animales menos que en 2024, una caída del 3,4%. En el conjunto de España, el descenso fue del 1,8%, con 13.597 cabezas menos, una evolución que el MAPA considera coherente con el «comportamiento clásico de descenso gradual» del vacuno de leche.

Pero esta no es la única conclusión. El propio documento concluye que los datos podrían estar reflejando una tendencia de concentración en el sector, menos acusada en la comunidad. En Galicia, el tramo 1 peninsular (las primeras 150 vacas de las explotaciones no ubicadas en zonas de montaña), perdieron un 4,2% de animales entre 2024 y 2025. En cambio, el tramo 2 —las vacas que superan ese primer bloque— ganó un 4,48%. En el conjunto del país, ese aumento fue del 8,3%, casi el doble, lo que sugiere que el modelo de granja familiar gallega resiste mejor que en otras zonas, aunque también cede terreno.

La lectura cambia en las zonas de montaña. Allí, Galicia perdió animales tanto en el tramo 1 como en el tramo 2, aunque el descenso fue algo menor entre las explotaciones con más de 150 vacas. Ese dato apunta a una reducción general de censo en las áreas más condicionadas por la orografía, donde producir leche resulta más costoso y crecer es más difícil.

Los datos también reflejan que, cada vez más, la superficie se concentra en menos propietarios, una tendencia nacional de la que Galicia también forma parte. Mientras que la superficie declarada en las solicitudes de la PAC aumentó un 9% en la última década, los beneficiarios descendieron en un 32%, de 33.026 a 22.278 personas. La tendencia es similar en el conjunto del Estado, aunque con matices: en España los beneficiarios bajaron un 30,9% en la misma década pero la superficie apenas creció un 4,7%.

Explotaciones un 60% más grandes

El resultado directo es que la dimensión media de las explotaciones gallegas que reciben ayudas pasó de unas 13 hectáreas a cerca de 21 en diez años, un salto de más del 60%. La explotación media gallega sigue siendo, aun así, la mitad que la media nacional, situada en 37,91 hectáreas, lo que refleja que pese a la concentración el campo gallego sigue siendo estructuralmente más fragmentado que el del resto del país.

En la adhesión a los ecorregímenes, las ayudas ligadas a prácticas beneficiosas para el clima y el medioambiente, Galicia volvió a quedarse el año pasado por debajo de la media. Solo el 67% de sus titulares solicitó alguna de estas prácticas en la campaña 2025, frente al 78,6% del conjunto del país. A su vez, la penetración por superficie alcanzó el 75%, todavía por debajo del 88,1% estatal. Con todo, la brecha se estrecha: la comunidad mejoró su adhesión en 3,8 puntos respecto a 2024, uno de los mayores incrementos del país.

Donde sí destaca la comunidad es en las modalidades más novedosas y exigentes del pastoreo. Concentra el 47,2% de toda la superficie nacional acogida siega sostenible y nada menos que el 90,1% de las islas de biodiversidad. La primera consiste en compatibilizar los cortes con el ecosistema del prado; la segunda, en dejar sin segar entre enero y agosto una parte de la superficie para proteger el ciclo de vida de mariposas e insectos. Son dos prácticas con implantación «mínima» en el resto del país en las que Galicia «sobresale», tal y como señala textualmente el informe.

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