«Queremos trabajar tranquilos y sacar adelante a nuestro hijo»
De la delincuencia en Perú a una nueva vida en Santiago: la regularización abre las puertas a un futuro estable para esta familia
Aldair Gallegos y Patricia Chávez están entre las primeras personas en Galicia que ya han recibido la admisión a trámite de la regularización extraordinaria impulsada por el Gobierno y ya pueden residir y trabajar legalmente en suelo gallego hasta la resolución de su expediente

Aldair Gallegos y Patricia Chávez pasean por la capital gallega junto a su hijo / Jesús Prieto
La empresa de transporte en la que Aldair Gallegos trabajaba en el distrito peruano de Puente Piedra sufría robos a menudo. Un clima de inseguridad que hacía que el joven padre de familia, de 28 años, tuviese la mosca detrás de la oreja. «De vez en cuando lo hablaba con mi esposa, teníamos la delincuencia en la puerta de casa y yo no quería que mi hijo creciese en ese entorno», explica en declaraciones a este diario. Sin embargo, el click definitivo no llegó hasta que su jefe sufrió un atentado. Entonces lo tuvo claro: «Tenemos que irnos».
La vía de escape llegó desde Santiago, al otro lado del Atlántico, donde una amiga de la familia, que residía aquí desde hace unos años, les ofreció una habitación. Así, un caluroso 16 de julio de 2025, Aldair, su mujer Patricia Chávez y su hijo de 6 años llegaron a la capital gallega.
La ayuda de su anfitriona y de entidades sociales como Cáritas fue fundamental aquellos primeros días mientras buscaban un trabajo. Patricia lo encontró tras pegar cientos de carteles en las farolas del Ensanche compostelano. La llamaron para limpiar una casa y cuidar a personas mayores. Aldair, por su parte, enlazó empleos en la construcción y como repartidor.
Por supuesto, todo en B, y es que la falta de documentación lo condicionaba todo. «Tuve alguna mala experiencia. En algunos de los trabajos que hice no me pagaron por no tener papeles», relata el joven. La incertidumbre y el miedo llegaron a hacer que se planteara regresar a país natal: «Los primeros cuatro o cinco meses fueron muy duros. Yo decía: ¿Qué hago aquí? Vámonos de regreso».
Sin embargo, su hijo volvió a ejercer como acicate para quitarse esa idea de la cabeza. La amiga que los acogió en Santiago realizó todas las gestiones para que se pudiesen empadronar en la vivienda y, así, escolarizar al pequeño en un centro próximo al domicilio. «Aunque estuviese mal emocionalmente, cuando lo veía volver de la escuela o lo llevaba a jugar al fútbol, que le encanta, todo lo malo desaparecía», recuerda.
En ese contexto, el Gobierno puso en marcha la regularización extraordinaria de migrantes. «Cuando lo escuchamos por primera vez para nosotros fue una alegría enorme y estuvimos pendientes», explica Aldair. Por ello, en cuanto supieron que cumplían los requisitos, comenzaron a pedir los certificados de antecedentes penales a su país y el resto de documentación que certificaba que llevaban más de cinco meses viviendo en España: citas médicas, justificantes de pagos... «Menos mal que lo habíamos guardado todo», rememora con alivio.
El 16 de abril, nada más abrirse el plazo y con la ayuda de un abogado particular con el que contactaron, presentaron la solicitud. La respuesta llegó hace apenas unos días: primero Patricia recibió la admisión a trámite de su expediente y, después, Aldair. «Cuando vimos el correo se nos cayeron las lágrimas de la emoción», cuenta.
Así, la pareja forma parte de las primeras personas en Galicia que ya han recibido esta comunicación administrativa que les permite residir y trabajar legalmente en el país, hasta que se resuelva finalmente el expediente. «Aunque inicialmente el Gobierno fijó un plazo de dos semanas, en la comunidad las notificaciones han tardado entre tres y cuatro semanas», explica Miguel Fernández, presidente del Foro Galego da Inmigración, que añade que pese a estos pequeños retrasos «el proceso está funcionando razonablemente bien».
Ahora, por primera vez desde que aterrizaron en Lavacolla hace diez meses con una maleta y la habitación prestada que les esperaba en Santiago, Aldair siente que el futuro empieza a ordenarse. Patricia ya trabaja con contrato realizando la limpieza de un hospedaje y él confía en encontrar pronto un empleo estable en la construcción, a la espera de que sus expedientes se resuelvan.
«Queremos hacer las cosas bien, trabajar tranquilos y sacar adelante a nuestro hijo», resume el padre de familia. Atrás queda el miedo y las dudas de si habían tomado la decisión correcta. Hoy Santiago le devuelve a esta familia la tranquilidad que venían buscando y, lo más importante, la oportunidad de brindarle a su hijo un futuro mejor.
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