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Galicia detecta más vertidos que nunca en sus rías, pero la contaminación cae a mínimos en cinco años

Augas de Galicia refuerza las inspecciones, lo que ha permitido aflorar un mayor número de vertidos, casi 2.000 el año pasado, mientras la tasa de contaminación se ha reducido a la mitad

Los casos que superan los límites legales bajan de 196 a 185 en el último año

Vista de la ría de O Burgo.

Vista de la ría de O Burgo. / Casteleiro / Roller Agencia

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A Coruña

La reaparición de escorrentías oscuras en la regenerada arena de la ría de O Burgo tras una jornada de lluvias; un fallo técnico en un silo portuario del muelle de Guixar que tiñó de aceite de palma el corazón de la ría de Vigo; o el tenso debate en los muelles de Ribeira por el control de las aguas industriales. Los incidentes que enturbian las ensenadas gallegas siguen amenazando uno de los principales motores económicos de la comunidad.

Disolventes, aceites, residuos sanitarios, pesticidas, restos de animales y aguas residuales continúan llegando desde tierra firme a través de tuberías ocultas, colectores saturados y sistemas de saneamiento desbordados. Un cóctel agravado por la presión industrial y agroganadera, los vertidos incontrolados de particulares y unas infraestructuras con carencias estructurales desde hace décadas.

En los últimos cinco años, el refuerzo de las inspecciones ha permitido aflorar un mayor número de vertidos en las 18 rías gallegas: de 1.596 en 2020 a 1.999 en 2025, un incremento del 25,25%, según el análisis de los datos de Augas de Galicia, organismo dependiente de la Consellería de Medio Ambiente. Los técnicos atribuyen este aumento a la mejora de los sistemas de detección —con controles en tiempo real, análisis más frecuentes y mecanismos de alerta más ágiles—, así como a una mayor actividad industrial. A corto plazo, el escenario tiende a estabilizarse, con un repunte del 3% en el último año. Este incremento no refleja una degradación, sino una mayor capacidad para identificar focos por la modernización de los sistemas de vigilancia, como los controles en tiempo real y la vigilancia ambiental reforzada.

Aunque el volumen global de vertidos apenas varió entre 2024 y 2025, la calidad de los focos detectados sí mostró una mejora significativa. Los vertidos catalogados como contaminantes —aquellos que superan los límites legales— descendieron de 196 a 185 en el último año, consolidando la tendencia a la baja iniciada a comienzos de la década. También se redujo de forma notable el número de expedientes en investigación: de 32 abiertos en 2024 a solo 16 al cierre del pasado ejercicio, un indicador de mayor eficacia en la identificación de responsables y en la resolución de incidentes.

Contaminantes

La mejor noticia llega del lado de los vertidos más nocivos: los catalogados como “no cumplen los límites”, es decir, aquellos que superan los valores legales de carga química y biológica fijados por ley. Estos focos contaminantes han pasado de 249 en 2020 a 185 el año pasado, lo que supone una caída del 25,7%. Si hace un lustro, los vertidos tóxicos en las rías suponían el 15% del total de los detectados, el año pasado representaban el 9%, lo que supone que la tasa de contaminación sobre las ensenadas gallegas se ha reducido a casi la mitad.

También los expedientes en investigación se redujeron a mínimos históricos: de 52 en 2020 a 16 el último año. Este descenso se vincula al endurecimiento de las sanciones y a una mayor capacidad de respuesta del organismo hidrológico, que ha incrementado su eficacia en la neutralización de focos, pasando del 35% en 2020 a casi el 40% el año pasado.

Subsanados

La mayoría de los vertidos detectados en las rías gallegas corresponde a puntos que cumplen la normativa o que han sido subsanados tras el requerimiento de Augas de Galicia, bajo sanciones que pueden alcanzar los dos millones de euros en los casos muy graves. Hace cinco años, el 81% de los vertidos detectados en las ensenadas de la comunidad cumplía los límites; al cierre del año pasado, ya eran casi el 90%. Este avance refleja una mejora progresiva en la gestión del saneamiento y en la respuesta ante incidentes, reforzada por la presión sancionadora y por la mayor capacidad de seguimiento de los sistemas de saneamiento.

La radiografía de la calidad de las aguas revela la persistencia de pequeños vertidos, filtraciones y fallos puntuales en la red de saneamiento. Esta presión se intensifica en vísperas del verano, cuando el aumento de población, la actividad económica y el uso intensivo del litoral ponen a prueba la capacidad real del sistema para garantizar la salud de las rías. La combinación de turismo, industria y envejecimiento de infraestructuras convierte los meses estivales en un periodo crítico para la estabilidad ambiental del litoral gallego, especialmente en zonas con mayor densidad de actividad como las rías de A Coruña, Vigo o Arousa.

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