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Fronteras submarinas

Galicia gana fondo: España amplía 38.500 kilómetros cuadrados bajo el Atlántico

España consolida una superficie submarina equivalente a más de dos veces nuestra comunidad, fijando derechos sobre el lecho y su subsuelo

El geólogo marino Luis Somoza confirma la culminación del proceso diplomático y científico que refuerza la soberanía española sobre el fondo marino

Un momento del plenario final de la ampliación de la plataforma oceánica española.

Un momento del plenario final de la ampliación de la plataforma oceánica española. / Fdv

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Vigo

Galicia «crece» bajo el mar. Las fronteras submarinas de España al oeste de nuestra comunidad avanzan otros 38.500 kilómetros cuadrados después de la presentación final ante el plenario de la Comisión de Límites de la Plataforma Continental de Naciones Unidas, culminada a medianoche de ayer, hora peninsular española.

Es el cierre técnico y diplomático de un proceso de años que permite a España reforzar sus derechos sobre el lecho y el subsuelo marino más allá de las 200 millas náuticas.

El geólogo marino Luis Somoza, coordinador científico de la ampliación, lo resumió con una frase de punto final: «Hemos finalizado el proceso de ampliación de la Plataforma Continental de Galicia con una presentación final ante el plenario de la Comisión de Límites de Naciones Unidas».

La clave está en una geología que se convierte en geopolítica: demostrar ante la ONU que esa porción del Atlántico es prolongación natural del margen continental español.

El resultado es una extensión adicional al oeste de Galicia que se suma a los 78.000 kilómetros cuadrados ya obtenidos al norte. En conjunto, España consolida bajo la fachada atlántica una superficie equivalente a más de dos veces Galicia.

Área de la fosa atlántica y los residuos radiactivos

No se trata de incorporar aguas territoriales ni de pintar una nueva raya sobre la pesca de superficie, sino de fijar derechos de soberanía sobre el fondo marino y su subsuelo: minerales, recursos biológicos vinculados al fondo, posibles compuestos de interés biofarmacéutico y cualquier aprovechamiento futuro que requiera permiso del Estado.

La ampliación tiene además una lectura ambiental. La zona se encuentra próxima al área donde se hundió el Prestige y no lejos de la llamada fosa atlántica, donde durante décadas se depositaron residuos nucleares de varios países europeos, que ahora se revisan para conocer su estado de conservación. En ese contexto, fijar límites no es solo abrir la puerta a recursos futuros; también es cerrar la puerta a la desprotección.

Somoza ya había anticipado la dimensión del logro: «Hemos asegurado una extensión de 38.500 km² más allá de las 200 millas». La frase contiene el fondo del asunto.

La zona es tan prometedora como difícil. Las profundidades oscilan desde unos 800 metros hasta más de 5.000, con una accesibilidad compleja y una rentabilidad todavía incierta.

Gas o patentes biotecnológicas

Hablar hoy de gas, minerales o patentes biotecnológicas exige prudencia: el potencial existe, pero la explotación no está garantizada ni técnica ni económicamente. La primera ganancia es estratégica: preservar, conocer y blindar un espacio oceánico antes de que otros usos lleguen tarde o sin control.

La partida desde Vigo del «Sarmiento de Gamboa» a finales del pasado mes de mayo. |  José Lores

La partida desde Vigo del «Sarmiento de Gamboa» para la expedición. / José Lores

Por eso la cartografía sigue siendo decisiva. El buque oceanográfico Sarmiento de Gamboa, con base operativa en Vigo y gestionado por la Unidad de Tecnología Marina del CSIC, partió de la ciudad en varias campañas científicas.

Así, lograron detallar puntos al oeste y al norte del Banco de Galicia y del monte submarino Fisterra, dos referencias esenciales de este mapa invisible. Allí, la geología no se intuye: se prueba con datos.

La campaña de octubre de 2023, también a bordo del Sarmiento de Gamboa, con investigadores del Instituto Geológico y Minero de España, la Unidad de Tecnología Marina, el Instituto Español de Oceanografía —todos ellos del CSIC— y el Instituto Hidrográfico de la Marina no fue decisiva. La expedición buscaba una radiografía precisa del océano profundo, aunque quedó parcialmente condicionada por un temporal. Otra salida posterior afinó esa imagen.

Así, tras unos 15 años de trabajo y más de cuatro campañas oceanográficas, Galicia gana fondo en el Atlántico. No es tierra firme, pero sí poder submarino: ciencia, soberanía y memoria bajo miles de metros de agua.

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Fuente: Faro de Vigo

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