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La Asociación Érguete en Galicia transforma condenas en segundas oportunidades a través de la educación vial

Trabaja con condenados en tercer grado y a trabajos en beneficio de la comunidad para que conozcan las consecuencias reales de los delitos de tráfico

«Escuchar el relato de una víctima les da una sacudida. Se dan cuenta de que no se está hablando ni de estadísticas ni de números, sino de familias rotas en el asfalto», relata la psicóloga del colectivo

Los talleres combinan educación vial, impacto emocional y acompañamiento para favorecer la reinserción y evitar nuevas conductas de riesgo

La directora de la Asociación Érguete de Vigo (a la izquierda) junto a la psicóloga de Formación e Integración Social.

La directora de la Asociación Érguete de Vigo (a la izquierda) junto a la psicóloga de Formación e Integración Social. / L. O.

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R. Prieto

A Coruña

La Asociación Érguete lleva décadas demostrando que la reinserción no es solo un concepto, sino que se trata de un proceso humano, hecho de segundas oportunidades, de tropiezos y de manos tendidas. En sus programas de educación vial, la entidad convierte cada curso en un espacio donde delincuentes condenados no solo revisan normas de tráfico, sino que se enfrentan a su historia, a las decisiones que los llevaron allí y a la posibilidad real de cambiar y de poner el contador a cero. Lo que podría parecer un trámite administrativo se transforma, de la mano de Érguete, en un ejercicio de conciencia y responsabilidad que toca fibras personales.

En las aulas, el silencio es el protagonista cuando irrumpe el testimonio de una víctima o cuando alguien del grupo comparte el momento exacto en que su vida dio un giro por una imprudencia. Es en esos instantes cuando la educación vial deja de ser teoría y se convierte en un espejo en el que uno no se reconoce. La asociación trabaja para que ese impacto emocional no se quede en un golpe momentáneo, sino que se traduzca en un compromiso duradero con la seguridad, la convivencia y el respeto. Cada participante descubre que asistir a un taller como parte de su condena es una parte del camino. La otra parte, la que más pesa y tiene más trascendencia, es recuperar la confianza en sí mismo y la capacidad de tomar decisiones responsables para evitar cometer los mismos errores en el futuro.

Condenas por delitos de tráfico

Ese camino lo conocen bien en el programa de Formación e Integración Social de la Asociación Érguete, en Vigo, donde el equipo trabaja con condenados en tercer grado o a trabajos en beneficio de la comunidad. Con el programa diseñado por Instituciones Penitenciarias, se plantea que los asistentes a estos talleres conozcan los verdaderos riesgos, más allá de las estadísticas y de los números; que sepan cuál es el verdadero alcance de un accidente, cuáles son sus efectos y que esto genere debate entre ellos. Trabajan en grupos de unas 15 personas. La mayoría son varones, tanto mayores de 45 años como jóvenes. Para muchos es la primera vez y, en el caso de los reincidentes, suelen acudir por condenas relacionadas con la alcoholemia o por conducir con el carné retirado, quebrantando la condena.

«Escuchar un caso real les da una sacudida. Se dan cuenta de que no se está hablando ni de estadísticas ni de números, sino de familias rotas en el asfalto»,

Brenda Domínguez

— Psicóloga del programa de Formación e Integración Social de la Asociación Érguete

«La mayoría viene a los talleres con buena actitud y, cuando reciben la bofetada de realidad, ahí se nota un cambio. Ocurre cuando escuchan de la voz de las víctimas de tráfico su testimonio: una madre que ha perdido a un hijo en la carretera por culpa de la velocidad a la que iba otro vehículo o de las copas de más que había tomado otro conductor», relata la psicóloga Brenda Domínguez. «Escuchar un caso real les da una sacudida. Se dan cuenta de que no se está hablando ni de estadísticas ni de números, sino de familias rotas en el asfalto», continúa.

"Impacto emocional"

«Ese momento de sufrimiento les toca, les invade y forma parte del proceso de tomar conciencia del riesgo y de las consecuencias». «Quedan impactados emocionalmente, hasta el punto de que el silencio lo invade todo. Empiezan a pensar en sus hijos, quienes los tienen, en sus padres… Les podría haber pasado a ellos… Se ponen en la piel de las víctimas y se dan cuenta de que actitudes como las que han tenido ellos en la carretera truncan vidas», relata la psicóloga, que también destaca que estos testimonios de padres y madres llevan a los asistentes al taller a exponer en público lo ocurrido. ¿Qué los llevó a prisión? No todos lo hacen, pero algunos sienten la necesidad de contarlo como una especie de catarsis y liberación.

Los condenados en tercer grado ven como un acto de valentía que las propias víctimas se sienten junto a ellos a contar cómo un conductor ebrio o que circulaba a una velocidad estratosférica dejó a un familiar en el asfalto o en silla de ruedas. «No cogeré nunca más el coche tras haber bebido», aseguran algunos tras asistir a los talleres. «Les duele escuchar a una víctima contar que el alcohol, la velocidad o las drogas mataron en carretera a un familiar. Conectan al escuchar su testimonio y es el clic que muchos necesitan para cambiar su actitud al volante y ante la vida en general», cuenta Domínguez.

Érguete acompaña estos procesos con una mirada cercana, sin juicios, entendiendo que la reinserción es un viaje que se hace con apoyo. Para muchas personas, estos cursos son el primer paso hacia una vida más estable, hacia un empleo, hacia la reconciliación con su entorno. El caso de Jacobo es un ejemplo.

La asociación recuerda, con cada historia que pasa por sus talleres, que nadie está definido por su error y que la sociedad gana cuando ofrece herramientas para reconstruirse. En ese cruce entre educación vial y transformación personal, Érguete sigue dejando huella, demostrando que la seguridad en las carreteras también se construye desde la empatía y la esperanza.

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