Érguete responde a Laureano Oubiña y su 'Tour del Narcotráfico': "Es una burla hacer negocio con el sufrimiento de muchas familias"
Rubén Cagiao, presidente de la Fundación Érguete-Integración e hijo de Carmen Avendaño, advierte de que la ruta turística promovida por Laureano Oubiña pone en riesgo la memoria de las víctimas y el trabajo realizado durante décadas en Galicia

Carmen Avendaño, en el centro, encabezando una multitudinaria manifestación contra el narcotráfico que se celebró en Vigo en 1994 / Ricardo Grobas
Diego Mosteiro Riveiro
Hubo un tiempo en el que Galicia decidió plantar cara al narcotráfico. Mientras las Rías Baixas se convertían en uno de los principales puntos de entrada de droga en Europa, decenas de madres, padres y familias se organizaron para enfrentarse a unas redes criminales que actuaban con una impunidad casi absoluta. Aquella movilización ciudadana, liderada por asociaciones como Érguete, consiguió cambiar la percepción social de quienes hasta entonces eran vistos por gran parte de la población como poderosos empresarios o benefactores. Logró que la sociedad dejara de mirar a los narcotraficantes para empezar a mirar a sus víctimas: miles de jóvenes atrapados por la drogadicción y familias destrozadas por una tragedia que marcó a toda una generación.
Más de tres décadas después, ese trabajo vuelve a cobrar actualidad tras la polémica generada por la intención de Laureano Oubiña de organizar una ruta turística por la ría de Arousa centrada en el contrabando y el narcotráfico. Para quienes protagonizaron aquella lucha, el debate no gira únicamente en torno a la legalidad o no de la iniciativa, sino al riesgo de que el esfuerzo realizado durante décadas para preservar la memoria de las víctimas quede relegado por un relato que vuelve a situar el foco sobre quienes hicieron fortuna con la droga.
Esa es también la reflexión que hace Rubén Cagiao Avendaño, presidente de la Fundación Érguete-Integración e hijo de Carmen Avendaño, una de las impulsoras del histórico movimiento de las madres contra la droga en Galicia. Desde una organización que lleva décadas trabajando con personas afectadas por las adicciones y defendiendo la memoria de quienes sufrieron las consecuencias del narcotráfico, Cagiao advierte de qué iniciativas como la promovida por Laureano Oubiña suponen un paso atrás en el trabajo realizado durante años para situar a las víctimas en el centro del relato.
"Es triste porque nuestras madres trabajaron para que la sociedad viera a este tipo de personajes de una manera completamente distinta. Consiguieron que la gente entendiera que eran una lacra y que estaban acabando con sus hijos. Ahora aparecen haciendo rutas para enseñar y presumir de cómo descargaban la droga. Es increíble".

De izquierda a derecha, el presidente de la Fundación Érguete-Integración, Rubén Cagiao Avendaño, la directora, Ana M. Álvarez, y la coordinadora del programa Itinere, María Rodríguez / Pedro Mina
El riesgo de olvidar quiénes fueron las víctimas
Para Rubén, el problema no reside únicamente en que un antiguo narcotraficante organice una actividad turística tras haber cumplido sus condenas. Lo verdaderamente preocupante es el mensaje que puede recibir una sociedad que ya no conserva el mismo recuerdo de lo que supuso el narcotráfico para Galicia.
Las generaciones que vivieron los años ochenta y noventa recuerdan el impacto devastador de la droga, las familias destrozadas y los jóvenes que nunca lograron salir de la drogadicción. Sin embargo, muchos de los que hoy tienen veinte años conocen aquella etapa a través de documentales, series o publicaciones en redes sociales.
"Hubo generaciones completas que desaparecieron y familias totalmente destruidas. Todo el esfuerzo que hicieron nuestras madres fue para que la sociedad dejara de admirar a esta gente. Pero ahora hay chavales que no tienen esa memoria histórica y todo eso se olvida".

Rubén Cagiao Avendaño, presidente de la Fundación Érguete-Integración / Cedida
A su juicio, la polémica trasciende el derecho de cualquier persona a rehacer su vida tras cumplir una condena.
"Cada uno puede buscarse la vida como quiera. Pero después de haber hecho tanto daño con tu forma de delinquir, hacer negocio de eso como si fuera una atracción turística nos parece vergonzoso. Lo preocupante es la versión que estamos trasladando a la sociedad".
Del prestigio social a la denuncia ciudadana
Durante años, muchos de los grandes contrabandistas y narcotraficantes gozaron de una considerable aceptación social en algunas localidades costeras. Se creía que eran empresarios, que generaban empleo y movían importantes cantidades de dinero en zonas donde escaseaban las oportunidades laborales.
Ese fue uno de los principales obstáculos a los que tuvieron que enfrentarse asociaciones como Érguete, impulsadas por las conocidas como "madres contra la droga". Su objetivo era cambiar el relato: dejar de mirar a quienes hacían fortuna con el narcotráfico para poner el foco en quienes sufrían sus consecuencias.

Pancarta de protesta en contra de narcotraficantes como Laureano Oubiña / EFE
Para Cagiao, ese cambio de percepción fue uno de los mayores logros del movimiento ciudadano y considera que iniciativas como la ruta de Oubiña amenazan con deshacer parte de ese trabajo.
El problema sigue existiendo
Más allá de la polémica suscitada por la ruta promovida por Laureano Oubiña, Rubén Cagiao insiste en que el narcotráfico y las adicciones no forman parte únicamente del pasado de Galicia. Aunque las organizaciones criminales han cambiado su forma de operar y las sustancias consumidas ya no son las mismas que hace cuatro décadas, la realidad con la que trabaja a diario la Fundación Érguete-Integración demuestra que el problema continúa muy presente.
La entidad mantiene programas de atención, inserción y acompañamiento para personas con problemas de adicciones y sus familias, una labor que, según explica su presidente, pone de manifiesto que las consecuencias de la droga siguen golpeando a la sociedad gallega, aunque hoy reciban una menor atención pública que durante los años de mayor expansión del narcotráfico.
"Seguimos trabajando porque, por desgracia, la droga sigue mucho más presente de lo que la gente piensa. Los problemas derivados de las drogas los seguimos padeciendo todos los días".

El conselleiro de Sanidade, Antonio Gómez Caamaño, y el presidente de la fundación Érguete-Integración, Rubén Cagiao Avedaño. / Cedida
Para Cagiao, una de las principales diferencias con respecto a las décadas de los ochenta y noventa es que los narcotraficantes ya no buscan el reconocimiento social ni la visibilidad de entonces. Si en aquellos años muchos actuaban con una sensación de impunidad e incluso eran vistos como personas influyentes en determinadas localidades, hoy las organizaciones criminales operan desde un perfil mucho más discreto: "Antes estaban bien vistos durante una temporada y presumían de ello. Ahora se esconden".
Sin embargo, advierte de que ese cambio de comportamiento no significa que el problema haya desaparecido, sino que simplemente ha dejado de ocupar el mismo espacio en la conversación pública. Por ello, considera que el debate social debería centrarse en la prevención, la educación y el apoyo a las personas afectadas por las adicciones, en lugar de convertir el pasado del narcotráfico en un elemento de entretenimiento o curiosidad. "Lo que debería ser noticia es que cada vez hay más droga en la calle".
A su juicio, mientras el foco se dirige hacia figuras del pasado, existe el riesgo de invisibilizar una realidad que sigue afectando a cientos de familias gallegas. "La batalla contra la droga no terminó con las grandes operaciones policiales ni con el encarcelamiento de los capos; continúa cada día en las asociaciones que trabajan para evitar que nuevas generaciones vuelvan a sufrir las consecuencias de las adicciones", concluye.

Logotipo Fundación Érguete - Integración / Cedida - Fundación Érguete - Integración
Entre la divulgación y la romantización del narcotráfico
La conversación deriva inevitablemente hacia el fenómeno cultural que supusieron el libro y la posterior adaptación televisiva de Fariña. Para Rubén Cagiao, explicar aquella etapa de la historia reciente de Galicia es necesario para que las nuevas generaciones comprendan la dimensión que alcanzó el narcotráfico y las consecuencias que tuvo sobre miles de familias. Sin embargo, advierte de que existe una línea muy fina entre divulgar unos hechos y acabar construyendo un relato que despierte admiración por quienes los protagonizaron.
El presidente de la Fundación Érguete-Integración reconoce que comenzó a ver la serie, pero decidió abandonarla al considerar que el foco terminaba desplazándose hacia los narcotraficantes en lugar de hacia las víctimas.
"Yo empecé a ver la serie y llegó un momento que no pude continuar porque acababas viéndolos como héroes. No era así. Los problemas que generaron y la destrucción de familias fue increíble".
A su juicio, cualquier relato sobre el narcotráfico debe recordar que detrás de las grandes operaciones policiales, de las planeadoras o de las fortunas amasadas con la droga hubo miles de personas que perdieron a sus hijos, familias completamente desestructuradas y generaciones marcadas por la adicción.
"La gente no se da cuenta de lo grave que fue. Fueron muchas madres y muchos padres que perdieron a sus hijos. Fue muchísimo más grave de lo que realmente se cuenta".

Laureano Oubiña , en una declaración en los juzgados / Adrián Irago - Europa Press
Precisamente por ese motivo, Cagiao considera que la historia del narcotráfico gallego no puede limitarse a documentales, series o libros de éxito, sino que debería formar parte de la educación de los más jóvenes para preservar la memoria de lo ocurrido y evitar que el paso del tiempo banalice una de las mayores tragedias sociales vividas en Galicia.
"Tiene que empezar a aparecer en los libros de Historia. Hay que explicarles a los chavales qué fue aquello, por qué ocurrió y cuáles fueron sus consecuencias".
Para el presidente de Érguete-Integración, solo poniendo el foco en las víctimas y en el enorme coste humano que dejó la droga será posible evitar que las nuevas generaciones recuerden aquella época únicamente a través de los nombres de los grandes capos o de relatos que, de forma involuntaria, puedan contribuir a romantizar el narcotráfico.
La memoria frente al espectáculo
Rubén Cagiao apenas menciona el nombre de Laureano Oubiña durante la conversación. Lo hace de forma deliberada. Considera que el verdadero protagonismo no debería recaer en quienes hicieron fortuna con el narcotráfico, sino en quienes sufrieron las consecuencias de aquella tragedia.
Cuando se le pregunta qué les diría a quienes habían decidido apuntarse a la ruta turística, su respuesta resume toda la entrevista: "Les diría que sería mucho más útil darse una vuelta por los cementerios y saber la cantidad de entierros que hubo por culpa de la droga que hacer un tour".
Para el presidente de la Fundación Érguete-Integración, el debate va mucho más allá de una actividad turística. Se trata de decidir cómo quiere Galicia recordar uno de los capítulos más dolorosos de su historia reciente.
Porque el tiempo permite que cualquier persona cumpla una condena y rehaga su vida. Lo que no debería ocurrir, sostiene, es que la memoria colectiva termine construyéndose únicamente desde la voz de quienes protagonizaron el negocio del narcotráfico mientras las víctimas quedan relegadas a un segundo plano.
"El mayor logro de nuestras madres fue conseguir que la sociedad entendiera quiénes eran realmente estos personajes. Si olvidamos eso, el problema dejará de ser una ruta turística. Será haber permitido que el espectáculo termine imponiéndose sobre la memoria".

Laureano Oubiña esposado y escoltado en el juicio de la Operación Nécora / FDV
Más allá de la polémica por una ruta turística, la reflexión que deja este debate interpela directamente a la sociedad gallega. El paso del tiempo no debería convertir en anécdota una tragedia que dejó miles de vidas rotas ni relegar a un segundo plano a quienes durante años lucharon para frenar el narcotráfico cuando hacerlo suponía enfrentarse a un poder casi intocable. La memoria colectiva no se construye únicamente recordando los hechos, sino también decidiendo a quién se concede el protagonismo. Y, como recuerda Rubén Cagiao, ese lugar debería seguir perteneciendo a las víctimas, a sus familias y a las asociaciones que hicieron posible que Galicia dejara de admirar a los capos para empezar a combatirlos.
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Fuente: El Correo Gallego
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