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La plaga que preocupa a los viñedos tiene un nuevo rival: un proyecto gallego para anticiparse a ella

La iniciativa busca anticipar la presencia del mosquito verde mediante datos climáticos y biológicos para optimizar las intervenciones y la sostenibilidad en los viñedos, especialmente en Galicia

Un viñedo en Galicia

Un viñedo en Galicia / Iñaki Abella

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Santiago

El mosquito verde apenas mide unos milímetros, pero puede condicionar toda una vendimia. Cuando su presencia se dispara en pleno verano, las hojas de la vid empiezan a amarillear o enrojecer, la planta pierde capacidad para alimentarse y la uva deja de madurar al ritmo que debería. El resultado no suele medirse en kilos perdidos, sino en algo todavía más valioso para una bodega, pues hay menos azúcares, menor potencial alcohólico y una merma de los compuestos aromáticos que determinan la calidad del vino.

Con ese desafío sobre la mesa, la Fundación Empresa-Universidad Gallega (FEUGA) coordina desde Santiago el proyecto Gesmove, una iniciativa de innovación que durante los próximos tres años buscará cambiar la manera de combatir esta plaga emergente. Frente a los tratamientos generalizados que se aplican cuando el insecto ya ha colonizado el viñedo, el objetivo pasa por anticiparse a su comportamiento y ofrecer a los viticultores herramientas para decidir si realmente es necesario intervenir y cuál es la estrategia más eficaz y sostenible en cada momento. El grupo operativo reúne a bodegas, empresas tecnológicas y especializadas en control biológico, universidades y centros de investigación de Galicia, Cataluña, Castilla-La Mancha y la Comunitat Valenciana.

Ninfa de mosquito verde.

Ninfa de mosquito verde. / Cedida

La amenaza no es casual. El cambio climático ha favorecido la expansión del mosquito verde por los viñedos del sur de Europa —entre ellos, los de Galicia— y su presencia aumenta de forma exponencial precisamente entre julio y agosto, cuando la uva afronta una de las fases decisivas de su desarrollo. Aunque el insecto también puede alimentarse de otros cultivos, es en la vid donde sus ataques generan una mayor preocupación. "El problema no es tanto un daño cuantitativo sobre la cosecha como cualitativo", explica Juan Martínez, responsable técnico del proyecto.

Las ninfas —la fase juvenil del insecto— y los adultos perforan las hojas para alimentarse de la savia. Ese proceso reduce la capacidad fotosintética de la planta y, cuando las poblaciones son muy elevadas, puede provocar una defoliación prematura. "Los racimos permanecen inmaduros en el viñedo, se pierde potencial alcohólico, acumulación de azúcares, compuestos aromáticos y polifenoles", resume Martínez. En los casos más extremos, añade, la pérdida de hojas también repercute sobre la productividad futura del viñedo. Aunque no suele llegar a provocar la muerte de las cepas, sí puede debilitar las plantas y comprometer su rendimiento durante las campañas siguientes.

No siempre hace falta fumigar

Sin embargo, el mosquito verde tiene una particularidad que dificulta enormemente su control: no siempre se comporta igual. Hay años en los que apenas alcanza niveles preocupantes y otros en los que sus poblaciones se disparan varias semanas antes o después de lo habitual. "Puede haber diferencias de tres o cuatro semanas en el pico de la plaga según las condiciones climáticas", explica Martínez. Esa variabilidad hace que muchos tratamientos se apliquen por prevención, sin saber con certeza si serán necesarios.

Precisamente por eso, el corazón de Gesmove será el desarrollo de un sistema de ayuda a la toma de decisiones (DSS) capaz de combinar datos climáticos y biológicos para predecir la evolución del mosquito verde. A partir de modelos basados en la acumulación de grados-día, la herramienta permitirá anticipar cuándo alcanzará la plaga su máximo desarrollo y si resulta conveniente intervenir o esperar. Antes de llegar a ese punto, los investigadores tendrán que resolver otra incógnita esencial. Bajo el nombre de mosquito verde se esconden dos especies muy similares, difíciles de distinguir mediante métodos convencionales. Saber cuál está presente en cada territorio resulta clave para diseñar estrategias de control realmente selectivas.

Por eso, una de las primeras fases del proyecto consistirá en cartografiar las especies presentes en los viñedos de Galicia, Cataluña, Castilla-La Mancha y la Comunitat Valenciana mediante técnicas moleculares. Paralelamente, los equipos estudiarán los parasitoides y depredadores naturales asociados al insecto para aprovecharlos como aliados en su control. "Lo que buscamos son soluciones específicas para esta plaga, no tratamientos generalistas", resume Martínez. Para conseguirlo, insiste, primero es necesario conocer en profundidad su biología y comprender cómo interactúa con el ecosistema del viñedo.

Aunque la iniciativa comenzó administrativamente a finales de 2025, será entre las campañas de 2026, 2027 y 2028 cuando se desarrollen los trabajos de campo que permitirán alimentar el futuro modelo predictivo. Durante ese tiempo, los investigadores recogerán muestras en las distintas zonas vitivinícolas, analizarán el comportamiento del insecto y validarán las diferentes estrategias de control sostenible.

Fuente: El Correo Gallego

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