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Condiciones laborales

Las altas temperaturas también matan en el trabajo: "La empresa no toma ninguna medida contra el calor, protegerme depende de mí"

Pese a que España cuenta con legislación para proteger a los trabajadores ante la subida de los mercurios, su aplicación es desigual y son miles los gallegos que sufren un empeoramiento de sus condiciones

Trabajadores de sector construccion en una jornada de calor en Ourense

Trabajadores de sector construccion en una jornada de calor en Ourense / Iñaki Osorio

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Santiago

El calor mata. Y no se comporta con todos por igual. Las altas temperaturas entienden de clases sociales y son un agravante de las diferencias entre ciudadanos. La renta, el estado y la ubicación del piso en el que vivimos o nuestras condiciones laborales marcan la diferencia entre sufrir las olas de calor o poder protegerse de ellas. Julia, por ejemplo, pasa la inmensa mayoría de su jornada al aire libre. "En mi empresa no hay ningún tipo de directriz para el tema del calor", explica esta guía turística que puntualiza que "cualquier medida que quiera tomar para protegerme depende de mí". Tampoco tiene una pauta de recomendaciones que darle a los turistas a los que acompaña a lo largo y ancho del territorio gallego y que, en muchas ocasiones, son personas mayores, según apunta.

Como ella, miles de gallegos pasan buena parte de su jornada laboral bajo el sol. Agricultores, jardineros, repartidores, carteros, obreros de la construcción o barrenderos. La lista es amplia. Desde el inicio del periodo estival, el Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria MoMo, dependiente del Ministerio de Sanidad, contabiliza 247 muertes atribuibles a las altas temperaturas en la comunidad, una cifra que va en incremento año a año. Si ponemos el foco en el conjunto de las autonomías, esta cifra asciende hasta los 3.581 decesos en apenas un mes.

Sobre el papel, España cuenta con una normativa específica para proteger a los trabajadores en los días en los que los mercurios alcanzan valores muy elevados. Esta base legal se halla en la Ley de Prevención de Riesgos Laborales y en el Real Decreto 486/1997, que se encarga de regular las condiciones de seguridad y salud en los centros o lugares de trabajo. Así las cosas, con el cambio climático y el incremento de las olas de calor, cada vez más usuales en el periodo estival, el Gobierno central dio luz verde hace tres años al Real Decreto-ley 4/2023. Este obliga a que en los días en los que se activen avisos meteorológicos de nivel naranja o rojo y esto lleve a que los trabajos al aire libre no puedan desarrollarse de forma segura, las compañías adapten las condiciones o, de no poder eliminarse el riesgo, suspender la actividad sin que ello repercuta en el salario de los empleados.

"Cuando hace mucho calor se convierte en un trabajo complicado porque estamos todo el tiempo expuestos al sol"

Pablo Mato

— Viticultor

Pablo Mato trabaja como viticultor en la localidad ourensana de Ribadavia. "Cuando hace mucho calor se convierte en un trabajo complicado porque estamos todo el tiempo expuestos al sol", señala, al tiempo que describe las labores que realiza en el cuidado de la vid. Entre los problemas a los que se exponen, tal como él mismo relata, están "las quemaduras solares, la preocupación constante por estar muy hidratado o llevar gorra para evitar insolaciones". En la empresa en la que desempeña sus labores, apunta, sí hay medidas específicas para los días de calor: "En la temporada de calor nuestro horario se modifica y entramos a las siete de la mañana y salimos a las 3 de la tarde. Además, cuando son labores que requieren mucho esfuerzo, tal como puede ser desbrozar, intentamos a partir de las 13.00 horas cambiar a otro trabajo más ligero".

Quienes desempeñan sus labores en el exterior no son los únicos que sufren las altas temperaturas. La falta de adaptación de los centros escolares, sobre todo en el sur de España, es otro de los asuntos que se pone sobre la mesa de manera recurrente cada vez que el calor se dispara. Docentes y alumnos se enfrentan a infraestructuras deficientes y, en ocasiones, con escasa ventilación. La peor parte se la suelen llevar los lugares asfaltados, como los patios de recreo, lo que complica, además, las opciones de juego de los menores. El decreto aprobado por el Ejecutivo central en 2023 especifica, además, que la temperatura no puede exceder de 27 grados en los interiores, aunque son muchos los establecimientos que la superan.

De eso sabe bien María, dependienta en una tienda de la capital gallega: "El local en el que trabajo es pequeño y acristalado, por lo que en cuanto hace calor tengo la sensación de estar siempre en un invernadero, lo que hace que esté incómoda y sudando la mayor parte de la jornada". En su caso, explica, cuenta con "un pequeño ventilador", pero que "no refresca, sino que mueve el aire caliente por toda la habitación". María añade que con esta medida "seguramente fuera suficiente en otros veranos", pero "con las olas de calor que estamos viviendo no llega".

Dos barrenderos buscan la sombra en un día con los mercurios disparados

Dos barrenderos buscan la sombra en un día con los mercurios disparados / Marta Abal

A principios del mes de junio, el Consejo de Ministros aprobó nuevas medidas para proteger a los trabajadores ante el aumento de las temperaturas, con más información para las empresas y seguimiento de las denuncias por estrés térmico, lo que se traduciría en un incremento de las inspecciones de trabajo. La propia responsable de esta cartera, Yolanda Díaz, hizo pocos días después balance de la vigilancia del pasado verano, apuntando que entre junio y septiembre se llevaron a cabo “más de 10.000 actuaciones en condiciones ambientales adversas, que conllevaron casi 300 infracciones y unas sanciones de alrededor de 1,6 millones de euros".

Julia apunta que, en el caso de su trabajo, la falta de medidas concretas no afecta solo a los trabajadores. "Sin ir más lejos, hace un par de semanas estábamos en las Rías Baixas y le dio un golpe de calor a un turista", declara. Y todo esto, "siendo yo afortunada", ya que "vamos haciendo paradas en autobús y tenemos el aire acondicionado, lo cual también puede ser un arma de doble filo". "Gorra, mucha agua y crema de sol", zanja.

¿Por qué nos afecta el calor más que a otros?

El territorio gallego suma otro factor más: la falta de adaptación del cuerpo ante unos mercurios disparados. Y es que no es lo mismo para un mariñán estar expuesto a 30 grados centígrados que para una persona nacida en Jaén. Tampoco para alguien de Valdoviño que para quien se ha criado en el Barco de Valdeorras. Para poder definir cuando el calor empieza a ser peligroso, el Ministerio de Sanidad define los llamados umbrales de temperatura máxima de impacto en la salud, es decir, aquellas temperaturas a partir de las cuales la mortalidad y la morbilidad de la población comienzan a incrementarse de manera significativa.

Galicia cuenta con 16 zonas diferenciales que oscilan entre los ya peligrosos 27,8 grados del noroeste de A Coruña a los 39,2 de la comarca de Valdeorras o los 38,3 del Miño de Ourense y Pontevedra. En el interior de de la provincia coruñesa se eleva a los 31,3, similar a la de zonas como la montaña de Ourense o el interior de Pontevedra. En Lugo, por ejemplo, se mueven entre los 28,3 de A Mariña y los 30,8 del sur del territorio.

Fuente: El Correo Gallego

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