El abandono del monte
El caos en la propiedad y la desconfianza frenan las agrupaciones forestales en Galicia
Solo funcionan 24 asociaciones y en los últimos tres años no se constituyó ninguna nueva
La unidad de los dueños de los terrenos es clave para mejorar su gestión y reducir el impacto de los incendios

Visita de la conselleira do Medio Rural, María José Gómez, el pasado mes de junio a la Agrupación Forestal de Xestión Conxunta de Moalde, en Silleda. / FdV
Tras la ola de incendios que en 2025 arrasó Galicia, se hizo más imperiosa aún la necesidad de gestionar el monte para protegerlo de las llamas. Pero el reducido tamaño de las parcelas es un inconveniente para sacarle rentabilidad y facilitar los desbroces. De ahí que desde la Xunta lleven años impulsando instrumentos de agrupación forestal. Sin embargo, solo están activas 24 asociaciones en Galicia y en los últimos tres años no se ha creado ninguna nueva.
El director de la Asociación Forestal de Galicia, Xosé Covelo, tiene claras las razones: «el caos en el que se encuentra la propiedad, tanto desde el punto de vista jurídico como físico, y las reticencias de las personas interesadas que no quieren meterse en un proceso que ven muy dificultoso y que no acaban de valorar como adecuado».
Así, lo señala en un artículo en el que desgrana las dificultades con las que se encuentran en la Asociación Forestal de Galicia para impulsar las llamadas agrupaciones forestales de gestión conjunta (AFXC). Son un instrumento, creado por la Lei de Montes, para movilizar tierras. Se trata de organizaciones en las que se integran varios propietarios que deciden sumar tierras y esfuerzos para promover la rentabilidad de sus montes.
Para incentivarlas, la Consellería de Medio Rural les concede ayudas y además cuentan con una serie de ventajas fiscales. Sin embargo, su creación avanza a cuentagotas: en 2015 había solo 4, se pasó a 10 en 2018 y luego a 19 en 2020, número que se mantuvo hasta 2023. Y ahora la cifra está estancada en 24.
Dificultades
Desde la Asociación Forestal de Galicia defienden este instrumento para movilizar tierras. Participaron en la puesta en marcha de 17 agrupaciones y ahora trabajan en la creación de otras dos, pero el trabajo no está resultando fácil. Xosé Covelo enumera todas las trabas con las que se encuentran. Por un lado, la dificultad para identificar la propiedad de la tierra en casos de herencias con descendientes de varias generaciones o bien localizar al propietario cuando se encuentra ausente o es desconocido.
También se encuentran con problemas para delimitar las parcelas sobre el terreno cuando no están desbrozadas o no existen caminos de acceso. Y a esto se suma que la «documentación de la propiedad es muy deficiente»: «herencias no aceptadas en varias generaciones, inscripciones catastrales a nombre de antecesores y no actualizadas o a nombre de titulares erróneos, parcelas en proindiviso de varias personas, pero reconocidas por uno solo de los herederos...», enumera Covelo.
Por esta razón, lanza una clara demanda al Catastro: «es preciso que se implique» para facilitar las agrupaciones forestales.
Pero además de las dificultades sobre la propiedad y la delimitación de las parcelas, el director de la Asociación Forestal señala otro problema: la falta de compromiso de los dueños de los montes. «No localizamos a las personas adecuadas para que sirvan de líderes locales con dinamismo suficiente para movilizar la propiedad de la zona y hay desconfianza por el desconocimiento y la falta de costumbre de trabajar en grupo», advierte Covelo.
«No localizamos a las personas adecuadas para que sirvan de líderes locales»
Según explica, en el rural no siempre visualizan la necesidad de gestionar los montes, tienen miedo a perder la propiedad o no poder acceder a ella para poder coger leña, por ejemplo.
Para crear una agrupación forestal conjunta debe reunirse una superficie mínima de 10 hectáreas, que puede estar en uno o varios perímetros. En estas áreas se debe conseguir la cesión de derechos de al menos un 70 por ciento de las tierras.
Y estas agrupaciones pueden estar amparadas bajo distintos tipos de fórmulas jurídicas: pueden ser asociaciones sin ánimo de lucro, sociedades civiles, cooperativas, sociedades agrarias, sociedades mercantiles o sociedades de fomento forestal. Las sociedades mercantiles tienen una deducción del 10 por ciento en el Impuesto de Sociedades y además hay incentivos fiscales para los propietarios que se sumen, como deducciones en el IRPF para quienes aporten capital o concedan préstamos a la agrupación forestal.
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Fuente: Faro de Vigo
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