De una palloza en Piornedo a una herencia en Torremolinos: el inesperado patrimonio inmobiliario de la Xunta
La Administración gallega posee además de colegios, hospitales y edificios administrativos, propiedades heredadas sin herederos y terrenos sobrantes de concentraciones parcelarias

Pallozas en Piornedo, en Os Ancares. / Javier Rodríguez
Hay que viajar hasta Piornedo, en plena montaña de Os Ancares, para encontrar una de las propiedades más singulares que figuran en el inventario inmobiliario de la Xunta: una palloza. El registro oficial del Gobierno autonómico la sitúa en Piornedo-Donís, en Cervantes, y la incluye entre los bienes vinculados a la Administración autonómica. Una pequeña muestra de que el patrimonio público gallego va mucho más allá de los grandes edificios de San Caetano, los institutos, los hospitales, los juzgados o las oficinas administrativas.
A más de mil kilómetros aparece otra sorpresa. En Torremolinos, en plena Costa del Sol, la Xunta cuenta con un inmueble de apenas 36,66 metros cuadrados. No es una delegación institucional ni una oficina desde la que atienda a gallegos desplazados a Andalucía. Llegó al patrimonio autonómico a través del abintestato de Manuel Ramón Alejo Gómez González, es decir, una herencia sin herederos que acabó incorporándose a los bienes de la Administración. En este caso, además, el inventario no le atribuye valor económico.
Entre una palloza de montaña y un inmueble heredado junto al Mediterráneo cabe prácticamente de todo: pazos, monasterios, carreteras, viviendas, colegios, hospitales, locales, montes, terrenos para antenas, yacimientos arqueológicos y cientos de pequeños retales de tierra que un día sobraron de una concentración parcelaria.
Es la cara menos conocida del enorme patrimonio inmobiliario que la Xunta ha ido acumulando durante décadas y que queda fotografiado en la úiltima Cuenta del Patrimonio de la Administración General correspondiente a 2024, un documento de casi 900 páginas.
Más de 2.200 emplazamientos y casi 7.000 situaciones patrimoniales
Poner una única cifra al patrimonio de la Xunta no es tan sencillo como contar edificios. El inventario contabiliza 6.814 situaciones patrimoniales, pero esto no significa que la Administración tenga 6.814 inmuebles independientes.
Un mismo recinto puede estar formado por varias parcelas, construcciones o derechos distintos. Y el documento diferencia entre bienes en propiedad, inmuebles cedidos, arrendamientos, concesiones o situaciones todavía pendientes de regularizar.
De esas 6.814 situaciones patrimoniales, alrededor de 5.449 aparecen directamente bajo la categoría de propiedad, aproximadamente ocho de cada diez. Si se adopta una medida más comprensible para el ciudadano y se cuentan los distintos códigos de centro o emplazamiento que aparecen en el inventario, el patrimonio se mueve en torno a 2.238 referencias inmobiliarias diferentes.
Una Administración que gestiona Educación, Sanidad, Política Social, Justicia, carreteras o servicios de empleo necesita miles de metros cuadrados en colegios, institutos, hospitales, centros de salud, edificios administrativos, residencias, oficinas, almacenes o infraestructuras.
Por ejemplo, solo el Hospital Clínico Universitario de Santiago figura con 54.624 metros cuadrados de superficie útil y un valor contabilizado de algo más de 100 millones de euros. Dentro del patrimonio ligado al Sergas en A Coruña aparecen también el Hospital de Conxo, el Hospital Marítimo de Oza o el complejo hospitalario coruñés.
La sorpresa comienza cuando se sigue pasando páginas.
Casi 1.100 millones de euros... sobre el papel
Todo ese patrimonio tiene además una valoración económica. El inventario atribuye a los bienes registrados en las cuatro provincias gallegas y a la Casa de Galicia en Madrid un valor total de unos 1.093,7 millones de euros, prácticamente 1.100 millones.
A Coruña concentra también la mayor valoración, con 425,9 millones de euros. Le sigue Pontevedra, con 332,6 millones; Ourense, con 209,8 millones; y Lugo, con 113,6 millones. A esta cantidad se suman los 11,78 millones en los que aparece valorada la Casa de Galicia en Madrid.
No hay que interpretar, sin embargo, esos casi 1.100 millones como el dinero que la Xunta obtendría si mañana pusiese todos sus inmuebles a la venta. Son valores consignados en el inventario patrimonial, no necesariamente valoraciones actuales de mercado.
De hecho, el documento evidencia esta limitación. Hay propiedades que figuran sin valoración económica alguna pese a existir físicamente y tener superficie registrada. Es lo que ocurre con el inmueble heredado de Torremolinos o con los bienes recibidos por la Xunta en Riego de la Vega, en León, procedentes del abintestato de Caridad Falagán García: aparecen sus superficies, pero su valor total consta a cero en el resumen.
Esto significa que los 1.093,7 millones son, en realidad, una referencia contable del patrimonio valorado en el documento, no una tasación de todo el parque inmobiliario autonómico a precios actuales.
El contraste puede resultar llamativo. La Casa de Galicia en Madrid sí aparece valorada en 11.779.795 euros y ocupa una parcela de 1.484 metros cuadrados, con 1.304 construidos.
De palacios y monasterios a una palloza
Porque la Xunta también es titular de edificios que poco tienen que ver con una oficina convencional.
En su inventario aparecen el Pazo de Lestrove, en Dodro; el Mosteiro de Santa María de Monfero; el Pazo de Amarante, en pleno casco histórico de Santiago; el Castelo de Pambre, en Palas de Rei; la muralla romana de Lugo o el yacimiento arqueológico del campamento romano de Ciadella.
El Pazo de Lestrove y el monasterio de Monfero, por ejemplo, están ligados a Turismo. Este último acumula cinco situaciones patrimoniales. También figuran edificios culturales como el Salón Teatro o el Centro Galego de Arte Contemporánea.
Y después está la palloza de Piornedo, una muestra casi perfecta de hasta qué punto la cartera pública puede reunir piezas de naturaleza radicalmente distinta.
Los terrenos que «sobraron» de reorganizar el campo
Todavía menos conocidos son los cientos de pequeños terrenos que aparecen en las cuentas de la Xunta bajo una expresión administrativa difícilmente imaginable como patrimonio inmobiliario: «masas sobrantes».
Proceden de los procesos de concentración parcelaria. Al reorganizar miles de pequeñas fincas para concentrarlas en parcelas de mayor tamaño pueden quedar determinados retales de terreno sin adjudicar, que terminan incorporándose al patrimonio público.
El inventario contiene en torno a 170 referencias con esta denominación.
A veces son superficies muy pequeñas; otras, parcelas de varios miles de metros cuadrados. Son bienes que individualmente pueden parecer insignificantes, pero que, después de décadas de concentraciones parcelarias por toda Galicia, forman una bolsa de suelo considerable.
Es una de las razones por las que la Xunta puede ser propietaria de un terreno perdido en una parroquia rural en el que aparentemente no existe ningún servicio público.
Una finca para colocar una antena
Existe otro motivo. La red pública de telecomunicaciones necesita puntos elevados desde los que emitir señales. Por eso el inventario recoge decenas de pequeños terrenos destinados a centros emisores y reemisores, muchos vinculados a Retegal. Son parcelas en montes y zonas elevadas adquiridas o incorporadas a la Administración para colocar antenas que permitan llevar radio, televisión o telecomunicaciones a municipios y núcleos rurales.
El resultado es una cartera inmobiliaria en la que un gran complejo administrativo de decenas de miles de metros cuadrados puede compartir inventario con una pequeña finca en la cima de un monte.
Cuando alguien fallece sin herederos, la Xunta puede acabar con el piso
La parte más novelesca del inventario aparece bajo una palabra repetida decenas de veces: «abintestato». Son propiedades procedentes de herencias en las que, por ausencia de herederos con derecho a recibirlas, los bienes terminan incorporándose al patrimonio de la Administración.
Y ahí puede entrar prácticamente cualquier cosa.
Pisos, casas, locales, fincas urbanas, terrenos rústicos y, en ocasiones, un conjunto entero de propiedades repartidas por diferentes municipios.
El caso más exótico es el de Torremolinos, pero no es ni mucho menos el único.
La Xunta posee también en Riego de la Vega, León, patrimonio procedente del abintestato de Caridad Falagán García. El inventario registra allí una superficie de parcela de 301 metros cuadrados y 17.853 metros cuadrados de superficie útil asociada al conjunto inventariado, aunque sin atribuirle valor económico.
Dentro de Galicia aparecen numerosas propiedades heredadas en A Coruña, Santiago, Lugo, Vigo y otros municipios. En algunos casos una única herencia deja tras de sí decenas de bienes. Es lo que ocurre con el abintestato de Ramón Aniceto Martínez Vigo, repartido por diferentes concellos lucenses.
Galicia también tiene patrimonio en Madrid, León y Málaga
El mapa inmobiliario de la Xunta no acaba en el Padornelo. Su propiedad exterior más reconocible es la Casa de Galicia en Madrid, instalada en el Palacete de Amezúa, en la calle Casado del Alisal. Es además una de las propiedades cuya valoración destaca en el inventario: 11,78 millones de euros.
A ella se suman los bienes heredados de León y el pequeño inmueble de Torremolinos.
Existe incluso una localización fuera de España. La Xunta mantiene su Delegación en Uruguay, en la calle Maldonado 1045 de Montevideo. Pero en este caso hay una diferencia esencial: no es una propiedad de la Xunta. El inventario la registra como «LF», arrendamiento a favor. Es decir, la Administración gallega ocupa esas dependencias en régimen de alquiler.
A Coruña concentra cuatro de cada diez localizaciones
El patrimonio tampoco se reparte de forma uniforme. A Coruña concentra alrededor de 881 de las 2.238 referencias inmobiliarias diferenciadas, cerca del 39%. Le sigue Pontevedra, con unas 572; Lugo, con 422; y Ourense, con 359. También domina en valor. Los 425,9 millones contabilizados en A Coruña representan casi el 39% de toda la valoración incluida en el inventario. Parte de esa concentración tiene una explicación inmediata: Santiago de Compostela.
En la capital se acumulan San Caetano, San Lázaro, Salgueiriños, San Marcos, la Escola Galega de Administración Pública, el Arquivo de Galicia, el Pazo de Amarante, el Centro Superior de Hostelería, museos, institutos, oficinas de empleo, almacenes y otras muchas dependencias.
Pero el patrimonio autonómico se extiende prácticamente por toda Galicia: desde parques naturales hasta casas del mar, desde montes y carreteras hasta centros educativos y antiguas cámaras agrarias.
La Xunta todavía conserva los inmuebles de organismos que ya no existen
Otro de los elementos más curiosos es que el inventario conserva las huellas de administraciones desaparecidas. Una y otra vez aparecen inmuebles identificados como “extinta Cámara Agraria”, repartidos por distintos municipios. También figuran bienes procedentes de antiguas cámaras de la propiedad y otras entidades que dejaron de existir institucionalmente, pero cuyos edificios o terrenos no desaparecieron con ellas.
Son una especie de fósiles administrativos: instituciones que pasaron a la historia mientras sus propiedades continuaron dentro del enorme almacén patrimonial autonómico.
Vigo: de la ETEA a pisos heredados
Vigo ofrece por sí sola un buen resumen de esta diversidad.
La Xunta cuenta en la ciudad con bienes vinculados directamente a servicios públicos: instalaciones educativas, sociales, sanitarias y administrativas, además de infraestructuras como el antiguo recinto de la ETEA.
Pero entre esas propiedades aparecen también viviendas y bienes procedentes de herencias sin herederos. En el inventario se encuentran, por ejemplo, abintestatos vinculados a direcciones de Pi y Margall, Marqués de Valterra, A Salgueira o López Mora. En algunos casos se trata de pisos de tamaño perfectamente reconocible para cualquier vigués: alrededor de 79 o 99 metros cuadrados.
Es decir, propiedades que poco se diferencian a simple vista de las viviendas particulares que las rodean, salvo por un detalle: su propietario terminó siendo la Administración autonómica.
También aparecen viviendas destinadas a programas sociales y otros locales distribuidos por la ciudad.
Y está la antigua ETEA, uno de los grandes recintos del inventario vigués, compuesto por múltiples situaciones patrimoniales y que ilustra justamente el problema de contar las propiedades públicas: un solo recinto puede representar muchos registros diferentes.
Un gigantesco puzle construido durante décadas
El patrimonio de la Xunta es el resultado de más de cuatro décadas de transferencias de competencias, construcción de servicios públicos, compras, cesiones, concentraciones parcelarias, herencias, desaparición de organismos y reorganizaciones administrativas.
Es un gigantesco puzle formado por bienes de naturaleza y tamaño muy diferentes: desde el hospital valorado en más de 100 millones al trozo de monte donde se levanta una antena; desde el instituto al que cada mañana acuden cientos de estudiantes hasta una finca que sobró de una concentración parcelaria; desde el Palacete de Amezúa en Madrid hasta un pequeño piso que alguien dejó atrás sin herederos. Y, escondida entre miles de líneas de una cuenta patrimonial de casi 900 páginas, incluso una palloza en Piornedo.
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Fuente: Faro de Vigo
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