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Muere Marcos Rodríguez Pantoja, el niño que aprendió a vivir con lobos y acabó encontrando su lugar en Ourense

El cordobés falleció el sábado a los 80 años en Rante, la aldea de San Cibrao das Viñas en la que pasó sus últimos años. Quería que sus cenizas se quedasen allí

Marcos Rodríguez Pantoja en su casa de Rante (San Cibrao das Viñas) en 2018.

Marcos Rodríguez Pantoja en su casa de Rante (San Cibrao das Viñas) en 2018. / Ricardo Grobas

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Santiago

Marcos Rodríguez Pantoja decía que en Ourense estaba tranquilo. Después de una vida que empezó en Córdoba, continuó durante más de una década en las montañas de Sierra Morena y siguió después con un difícil regreso al mundo de los humanos, había encontrado en Rante un lugar donde quedarse. Murió el sábado, a los 80 años. Sus amigos lo despidieron este domingo en esta pequeña aldea de San Cibrao das Viñas, convertida en su casa durante los últimos años. Uno de sus últimos deseos era precisamente que sus cenizas permaneciesen allí.

La historia de Rodríguez Pantoja es conocida como la del «niño lobo de Sierra Morena», pero detrás de ese nombre hay una infancia de abandono y una vida marcada por la dificultad de encajar en dos mundos. Nació en Añora (Córdoba) en 1946, un lustro después de que acabase la Guerra Civil, en plena miseria franquista. Tras morir su madre, su padre se volvió a casar con otra mujer y, al poco tiempo, cuando era todavía un niño pequeño fue entregado a un cabrero y terminó solo en el monte. Allí pasó más de doce años, hasta que la Guardia Civil lo encontró en 1965, cuando tenía 19.

Para entonces, la naturaleza era su casa y los animales, su compañía. Había aprendido a desenvolverse solo y a relacionarse con los lobos mediante sonidos y aullidos. Lo que para los demás era una historia extraordinaria, para Marcos había sido simplemente la manera que encontró de sobrevivir. Ningún animal le hizo daño.

Fragmento de la película sobre la vida de Rodríguez Pantoja, Entrelobos (2010).

Fragmento de la película sobre la vida de Rodríguez Pantoja, Entrelobos (2010). / ECG

El regreso a la sociedad tampoco fue sencillo. Tuvo que aprender de nuevo cosas que para cualquiera forman parte de la vida cotidiana. Siendo un ya un hombre adulto tuvo que a aprender a hablar, vestirse, caminar erguido, comer con cubiertos, conocer las normas sociales —que siempre cuestionó—, y se encontró después con engaños y abusos que alimentaron su desconfianza hacia los humanos. Su caso acabó siendo estudiado por el antropólogo Gabriel Janer Manila y se convirtió en objeto de libros, investigaciones y, finalmente, de una película.

Entrelobos, dirigida por Gerardo Olivares y estrenada en 2010, llevó su historia al cine. Marcos participó en el rodaje y durante años siguió contando su experiencia en colegios, campamentos y asociaciones. En 2021, ya con 75 años, incluso acudió a clases para aprender a leer y escribir.

Rodríguez Pantoja con el alumnado del colegio de educación especial Cee de Panxón, en 2019.

Rodríguez Pantoja con el alumnado del colegio de educación especial Cee de Panxón, en 2019. / Marta G. Brea

Pero quizá el capítulo más desconocido de su vida sea precisamente el último. El del Marcos que dejó de ser una historia de periódico para convertirse en vecino de una aldea ourensana. El que encontró en Rante una red de personas que lo cuidaron y lo acompañaron. Ya en 2018, cuando vivía allí, contaba que se encontraba mejor en aquel rincón que en cualquier otro lugar. Sus vecinos lo habían hecho uno más.

Durante mucho tiempo, Marcos había repetido que echaba de menos aquella vida en Sierra Morena. Recordaba a los lobos, los animales y el silencio del monte como la parte más feliz de su existencia. «Sueño con volver a vivir entre lobos», llegó a decir.

Fuente: El Correo Gallego

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