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Más músculo contra el fuego, pero sin una medida para saber cuánto es suficiente

Galicia afrontó este agosto con «más de 7.000 efectivos» antiincendios y alrededor de «una treintena» de aeronaves, tras incorporar cuatro aparatos y 42 brigadas nuevas. La Xunta rechaza medir la capacidad del dispositivo por hectáreas y defiende un operativo «dinámico» que mueve medios en donde hagan falta

Varios bomberos trabajan en las labores de extinción, a 14 de agosto de 2026, en Lousame.

Varios bomberos trabajan en las labores de extinción, a 14 de agosto de 2026, en Lousame. / Agostime - Europa Press / Europa Press

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Santiago

Después del desastroso agosto de 2025, la Xunta aprendió del error y optó por reforzar su maquinaria contra los incendios este verano, pero hay una cifra que no aparece en el balance autonómico: cuántos medios necesita Galicia para cubrir su territorio con garantías cuando los fuegos se multiplican. A las puertas de una nueva semana anticiclónica tras un verano claramente más dócil que el pasado, el dispositivo gallego suma más personal, más aeronaves, más maquinaria y más tecnología, pero la Administración gallega rechaza establecer una ratio de efectivos por superficie forestal porque considera que no refleja cómo funciona realmente el operativo.

«El personal directamente dependiente de la Xunta se sitúa en más de 3.000 profesionales», indican fuentes de la Consellería do Medio Rural a este periódico. Se trata del personal laboral y funcionario, al que se unen «280 personas contratadas por la empresa pública Seaga y otras de medios aéreos». A esta plantilla se incorporan los efectivos de otras administraciones —central, provincial y local—, de tal forma que el dispositivo, aunque la Xunta no concreta la cifra, supera las 7.000 personas.

Sin embargo, la Administración gallega no establece una ratio de efectivos por hectárea forestal. Argumenta que el operativo del país es «dinámico» y que los profesionales y los medios pueden desplazarse de un distrito a otro o incluso cambiar de provincia cuando las necesidades lo exigen. La densidad de personal sobre el territorio, sostienen desde Medio Rural, varía constantemente.

El mismo principio se aplica a los medios aéreos. Galicia cuenta este año con 24 aeronaves propias, 15 helicópteros y nueve aviones, después de incorporar cuatro nuevos aparatos: dos aviones de carga en tierra, uno de coordinación y vigilancia y un helicóptero pesado, que está disponible desde este mes.

Una de las aeronaves trabajando para apagar el incendio de Lousame, el 14 de agosto de 2026.

Una de las aeronaves trabajando para apagar el incendio de Lousame, el 14 de agosto de 2026. / Agostime - Europa Press

A los medios autonómicos se suman siete aeronaves aportadas por el Estado —tres aviones anfibios, dos de carga en tierra y dos helicópteros—, de modo que el dispositivo gallego se mueve alrededor de la treintena de medios aéreos durante la época de alto riesgo, aunque la cifra puede variar con refuerzos puntuales procedentes de fuera de Galicia.

«Si llegase a haber otros incendios cerca, los medios serían muchos menos»

Pero mientras crece la capacidad para actuar cuando las llamas ya están sobre el terreno, algunos alcaldes alertan de las dificultades para llegar a tiempo a la prevención. «La gestión que se hace desde la administración que tiene las competencias, que es la Xunta, a lo largo del año es claramente insuficiente», asevera Roi Rigueira, alcalde del municipio lucense de Taboada, una de las zonas de Galicia afectada este verano por los incendios. El pasado 12 de agosto se declaró el fuego en la parroquia de Ínsua —que ya sufrió otro fuego a finales de julio—, extinguido hace unas semanas tras calcinar unas 56 hectáreas.

«Estamos muy satisfechos con los medios de extinción enviados, porque fueron muchos, muy numerosos y muy rápidos. La respuesta fue amplia, eficiente, numerosa y todos los adjetivos posibles, pero somos perfectamente conscientes de que fue por pura suerte, porque no había otros fuegos cerca», explica Rigueira en conversación con este diario. «Y esto es un comentario a pie de calle», añade.

Ese dinamismo en la distribución de efectivos concentró equipos llegados «desde Arzúa, desde San Xoán de Río, desde Trives y desde cincuenta mil sitios» en Taboada que trabajaron arreo, «al mil por cien», para apagar un fuego que se acercó «muchísimo» a los núcleos de población. «Pero si llegase a haber otros incendios cerca, los medios serían muchos menos, claro, así que no sé cómo nos iría», indica el regidor.

Brigadistas realizando labores de extinción en el incendio de Oímbra (Ourense), hace un año.

Brigadistas realizando labores de extinción en el incendio de Oímbra (Ourense), hace un año. / Brais Lorenzo / EFE

A su juicio, en materia de prevención los ayuntamientos gallegos están asumiendo «cada vez más y más competencias, más y más responsabilidades, que nunca vienen acompañadas de la financiación necesaria». «Fundamentalmente, los concellos como el nuestro, muy extensos y con mucha dispersión demográfica, sin capacidad económica ni de medios, ni de recursos, no podemos soportar todo lo que se echa sobre nuestras espaldas», critica. Se refiere a la gestión de la biomasa y de la limpieza de las franjas secundarias.

Rigueira apunta al compromiso de la Xunta para tener, el 31 de mayo, limpias las franjas secundarias de protección alrededor de los núcleos de población —las bandas de 50 metros que actúan como primera línea de defensa ante el fuego—. La obligación de mantenerlas despejadas recae en los propietarios, pero los concellos tienen que vigilar que se cumpla y actuar cuando no sea así. Para ello, la Xunta reforzó el programa con Seaga y habilitó fondos para facilitar las limpiezas y las ejecuciones subsidiarias. Pero a principios de agosto, la portavoz de Montes e Industrias Forestais del BNG en el Parlamento gallego, Montse Valcárcel, denunció que la Consellería de Medio Rural «mantiene sin limpiar franjas secundarias en parroquias de alto riesgo de incendio», situadas en municipios de menor población.

Sin embargo, como señala el alcalde de Taboada, en los municipios pequeños faltan medios y personal para revisar parcelas, localizar a propietarios y hacer frente a todas las actuaciones necesarias. «¿Cómo vamos a poder gestionarlo si tenemos más de 200 aldeas, casi 150 kilómetros cuadrados de superficie y una orografía muy complicada, especialmente en la zona próxima al embalse de Belesar?», añade.

Cuatro aeronaves más y una nueva unidad para los grandes fuegos

Así pues, el refuerzo no es solo una cuestión de contar aparatos. El Plan de prevención y defensa contra los incendios forestales de Galicia (Pladiga) de 2026, aprobado con 213 millones de euros, un 18 % más que el año anterior, eleva de seis a 15 los integrantes de la Unidad de Directores de Extinción (UDEX), especializada precisamente en los incendios de mayor dimensión y complejidad. También incorpora 42 nuevas brigadas de cuatro componentes para la temporada de alto riesgo.

Además, el nuevo avión de coordinación y vigilancia, bautizado como ‘Xunta 23 ACO’, ya está operativo desde principios de agosto en la base de Verín-Oímbra (Ourense). Es el primero de estas características con el que cuenta la comunidad y se suma a los dos helicópteros destinados a estas funciones en Silleda (Pontevedra) y Portomarín (Lugo). Su cometido es especialmente relevante cuando se acumulan aeronaves trabajando simultáneamente en un mismo incendio.

Los medios de extinción defendiendo O Courel en el verano de 2025 tras haber protegido poblaciones en riesgo.

Los medios de extinción defendiendo O Courel en el verano de 2025 tras haber protegido poblaciones en riesgo. / Eliseo Trigo / EFE

Sobre el terreno, Galicia dispone de «unas 380 motobombas y vehículos pesados», tanto autonómicos como municipales, según Medio Rural, a los que se añaden 139 vehículos pick-up con bomba y depósito de 400 litros. Además, este año se incorporaron 16 nuevos bulldóceres, que se suman a la maquinaria pesada ya desplegada.

La apuesta del Pladiga no se limita a la extinción. El plan preveía actuar sobre más de 33.800 hectáreas, un 70 % más que en 2025, mediante áreas cortafuegos, franjas auxiliares de pistas y tratamientos silvícolas. La vigilancia también gana peso, pues la red de cámaras pasa de 181 a 241, un 30 % más; se incorporan tres drones de última generación y se integra inteligencia artificial en el sistema de gestión para generar alertas cuando las cámaras detectan humo. La aplicación Alume, además, permite a los ciudadanos comunicar posibles incendios y complementar el teléfono 085.

¿Cuánto músculo necesita Galicia?

Galicia tiene una enorme superficie forestal, un territorio extremadamente fragmentado, una elevada dispersión de población y una orografía que dificulta la actuación. Y los medios no permanecen inmóviles, pues se desplazan hacia los incendios que requieren refuerzos.

Eso hace que la cifra de «7.000 efectivos» sirva para conocer el tamaño global del operativo, pero insuficiente para saber cuántos profesionales están disponibles simultáneamente en una emergencia concreta. Tampoco las 24 aeronaves autonómicas permiten por sí solas conocer la capacidad real de respuesta. Algunas cumplen funciones de coordinación, otras tienen cometidos diferentes y la disponibilidad puede variar. El propio Pladiga refleja esa necesidad de adaptación. La UDEX, por ejemplo, se refuerza precisamente porque los incendios que debe dirigir son distintos a los de hace unos años. En ese sentido, la Xunta habla de una unidad especializada en el «nuevo tipo de incendios» registrados recientemente.

Fuente: El Correo Gallego

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