Retrasos en el inicio de las obras, paralización de los trabajos porque faltaban parcelas por expropiar, demoras continuas en la entrega de las viviendas, amenazas a la Xunta hasta que aceptó una recepción parcial, dos sentencias de anulación, y años y años de quejas de los vecinos, en cuanto entraron en sus casas, por los graves vicios de construcción. Mesón da Auga fue la primera, y por ahora última, urbanización promovida por la Xunta con vivienda íntegramente protegida, hace más de veinte años. Un éxito pero también un calvario, aún ahora siguen saliendo sentencias que condenan al organismo urbanístico, Xestur, a indemnizar a los ocupantes por las deficiencias en sus hogares (la última, por más de un millón de euros).

La tramitación de la urbanización Mesón da Auga se inició en 1998 pero hasta 2002 no comenzó el movimiento de tierras. El proyecto preveía 110 viviendas de precio tasado, el 30% vivienda de protección oficial en régimen general (57) y el 10% en régimen especial (18). El Concello de Oleiros expropió más de cinco hectáreas de suelo al borde del río de San Pedro para que la Xunta construyese esta promoción que en su día fue la más deseada por sus precios. “Soy de Sada y al salir esto yo y mi novia no lo pensamos. Llegamos de los primeros, en 2008. Compramos un piso grande, de cuatro habitaciones, 105 metros cuadrados, por 90.000 euros. Y estamos encantados”, señala Lexo, propietario de un segundo piso en uno de los bloques.

Al poco de iniciarse las obras se produjo una paralización y el Concello de Oleiros llegó incluso a acusar a la Xunta de “especular”. Una vez reanudados los trabajos se dio como fecha de entrega junio de 2006, después septiembre de 2007, luego noviembre de ese año, después enero de 2008. Les dijeron que seguro que las recibirían en marzo, llegó abril y la Xunta, tras una dura negociación, permitió que fuesen amueblando las casas tras obtener la cédula de habitabilidad y otorgarles la calificación de vivienda de protección para poder escriturar, tras tener la licencia de primera ocupación.

Fachada con la huella de las catas, tapadas con cemento. | // I.R.

En 2007 los primeros compradores de viviendas fueron a ver los inmuebles y ya anunciaron el “incumplimiento de la memoria de calidades” y numerosas deficiencias de construcción. Al mismo tiempo, el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSXG) anuló el plan parcial de Mesón da Auga dos veces. La primera en 2004, por carecer de un informe previo de la Consellería de Cultura, sentencia que después ratificó el Supremo, ordenando parar las obras.

El Ayuntamiento tuvo que elaborar otro plan parcial ajustado a las exigencias de Patrimonio, que se aprobó en 2005. Pero el Superior también lo revocó por culpa de un informe desfavorable que Oleiros ignoró. El Tribunal Supremo también confirmó después esta resolución.

La Xunta dijo que el Concello debió aprobar un plan de sectorización al ser suelo urbanizable no programado, y no un plan parcial. Xestur también recurrió la decisión de la consellería. Las obras se pararon pero finalmente la consellería estimó un recurso de Xestur y prosiguieron las obras, que los propietarios fueron ocupando a lo largo de 2008.

Una vez en sus casas los compradores vieron que al llover corría el agua por las paredes, hasta por el hueco de la bombilla del techo, había todo tipo de filtraciones, estaban mal puestas las bajantes, los sifones de los baños. Era difícil creer que un profesional hubiese ejecutado esas casas. Tras denuncias, manifestaciones, tiras y aflojas, catas en las fachadas para ver el mortero (aún hoy se ve dónde las hicieron porque taparon con cemento, ni lo pintaron ni lo alisaron) exigencias a Xestur para que arreglara las viviendas (lo hizo con una parte), al final tuvieron que acudir a los tribunales, y ya llevan tres sentencias que les dan la razón.

“Yo no fui a los tribunales, he ido arreglando yo todo. Tengo un deshumidificador todo el invierno, se me levanta el parqué porque las ventanas no tienen ruptura de puente térmico y hay condensación pero voy a ponerlas yo también. Cuando entramos el sifón del baño estaba cortado, se inundaba si abrías dos grifos. Y la cocina no tenía nada, solo el fregadero, que dejaron en el suelo”, apunta Lexo.