“Recuperar el pasado de esa instalación; fechar el arranque; hacer visible su dimensión y la cantidad de personas que llegaron a trabajar allí y hacer una presentación de la imagen bestial que era esa gigantesca instalación, que tenía incluso aparcadero de ferrocarril”. Con esos objetivos, el investigador José Carlos Alonso se decidió a recopilar en un libro las fotografías que había tomado a inicios de los años 90 de las instalaciones de la fábrica de fertilizantes de la Cros, en O Burgo, en su época de estudios de Arquitectura, cuando había podido acceder al recinto gracias a su amistad con una trabajadora del Ayuntamiento de Culleredo. Completó sus instantáneas del complejo industrial con imágenes cedidas del estudio de Pedro Pastor y algunas aéreas, explica, y las contextualizó para dar forma a Proyecto flujos, que cuenta con unas 50 fotos suyas, diez de Pastor y varias aéreas.

Vías de tren en el recinto. “Había naves de 300 metros y a uno o a los dos laterales solían tener una vía de ferrocarril de manera que desde la propia nave se cargaban los materiales a los vagones”, explica Alonso. “Era inmenso”, sostiene. En ocasiones, el paso para los vagones de tren se encontraba ubicado entre dos naves (en la imagen, de molinos de fosfato a la izquierda y de almacén de fosfato a la derecha). | JOSÉ CARLOS ALONSO Sara Vázquez

“Es potente por la grandeza, por la dimensión, por la escala. Y para un arquitecto... Yo he estado allí dentro y he hecho fotos a las que he llamado la catedral. No solo por su dimensión, sino por su estructura”, asegura Alonso. “Una nave central muy alta y naves laterales más bajas. Incluso la nave central que se elevaba por encima de las pequeñas y tenía unas celosías laterales, que parecían vidrieras de catedral”, describe.

La catedral que presidió O Burgo Sara Vázquez

Da idea de la dimensión de la superficie el hecho de que lo atravesaran varias vías de tren. “Hoy, el tren pasa por O Burgo prácticamente de corrido, no tiene estación, mientras que la Cros tenía varias vías interiores”, apunta. Y recuerda, para cobrar consciencia de su superficie, que “ahora ahí encima hay todo un barrio, con bastantes manzanas, aparte de la estructura que se ha reservado como testimonio, y está el supermercado”.

La catedral que presidió O Burgo Sara Vázquez

Hasta cerca de 200 personas llegaron a trabajar en las instalaciones de O Burgo a la vez, señala el investigador. Lejos de ofrecer una visión romantizada de la fábrica que acumuló y emitió notables cantidades de productos, sustancias y humos contaminantes, Alonso comienza la presentación de su libro con la confesión de que su primera “percepción consciente” de la factoría de la Cros, con “apenas 25 años”, consistió en una molestia en la garganta: “Eran los picores de la química agresiva del proceso de fabricación de los fertilizantes”, relata. Poco después, en octubre de 1990, tuvo la ocasión de acceder por tres cuartos de hora al mediodía durante tres días al complejo para tomar fotografías. “La labor fue extenuante por la diversidad de instalaciones y la inmensidad del recinto: cientos de metros de una punta a otra”, cuenta en la publicación.

La catedral que presidió O Burgo

La fábrica de la Cros fue uno de los máximos exponentes de la arquitectura industrial del pasado siglo en la comarca coruñesa. Se construyó en 1931. En las primeras décadas, fabricaba fertilizantes a partir de materias primas como la pirita y fosfatos. En los 60 se pasó a la elaboración de abonos complejos y comenzó a producir ácido sulfúrico y ácidos para la industria conservera.

La fábrica cerró en los años 80 y permaneció abandonada. El Concello apostó por crear un centro cultural en las naves rehabilitadas pero en 2011 se concluyó la descontaminación de los terrenos sin que el Ministerio hubiera consignado los 5,6 millones de euros prometidos. La última apuesta es un proyecto del Cetim (Centro Tecnolóxico Multisectorial), un centro de economía circular que supondría una inversión de 29 millones de euros.