Abegondo es el lugar elegido por la ONGD Ecos do Sur, con sede en A Coruña, para su nuevo proyecto: una vivienda para personas solicitantes de protección internacional. La entidad inauguró el pasado mes de julio esta nueva prestación, que ofrece acompañamiento, cobertura de necesidades básicas, asistencia sanitaria, psicológica y jurídica y orientación laboral a migrantes que demandan asilo o protección subsidiaria en España, por ver amenazada su integridad personal en sus países de origen.

La residencia, cuya ubicación concreta no pude facilitarse por la seguridad de sus habitantes, acoge en la actualidad a trece usuarios. Afganistán, Mali y Senegal son los países de procedencia de los actuales residentes de la casa, que tiene plazas para 18 personas, capacidad que la entidad prevé cubrir pronto ya que, señala, la demanda de estos recursos ha vuelto a repuntar tras la paralización de la movilidad internacional que se registró desde que surgió la pandemia.

La gestión del recurso residencial de la entidad coruñesa se enmarca en el proyecto AIA de Protección internacional, que en Ecos do Sur coordina Alba Breijo junto con la directora del centro abegondés, Saray Durán. La ONGD desarrolla la iniciativa como parte de Red Acoge, “una federación de entidades a nivel estatal que gestiona, entre otros, proyectos de protección internacional”, explica Breijo. El equipo atiende primero las necesidades más básicas y urgentes y, a continuación, trabaja por “itinerarios de inserción o inclusión sociolaboral”, explica Breijo.

Alba Breijo - Coordinadora proyecto AIA de Cooperación Internacional de Ecos do Sur

“Tendemos a pensar que en las ciudades hay todas las oportunidades del mundo, pero no”

¿Por qué escogieron Abegondo para la vivienda?

Buscamos en A Coruña y su área metropolitana y tuvimos muchas dificultades para encontrar.

¿Por qué?

Por muchos motivos y estoy convencida de que uno fue trabajar con personas migrantes o en situación de vulnerabilidad. Saray Durán fue la qué más trabajó en la búsqueda y la sufrió muchísimo. Muchas inmobiliarias le decían: “Para ti no tengo nada”. Y había que encontrar una vivienda grande y que se adaptara a los parámetros económicos. Y como estamos desarrollando también proyectos en el rural, nos pareció otra posibilidad más de inserción.

¿Mejor que en la ciudad?

Al final no dejó de ser una apuesta. En la ciudad cada vez se generan más bolsas de exclusión. Tendemos a pensar que en las ciudades hay todas las oportunidades del mundo, pero vemos todos los días que no. Es el caso de A Coruña. En las ciudades hay mucha gente sin empleo. Y aquí se pueden hacer muchas cosas al aire libre. Montamos una pequeña huerta.

¿Cómo responden los usuarios?

Nos sorprendió mucho la capacidad de este grupo de adaptarse al entorno y convivir 24/7. Realmente aprovechan los recursos. Y a veces agradecen de más. Yo siempre les digo: “Es mi trabajo y es tu derecho”.