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La Opinión de A Coruña

“El currículo escolar debería incluir formación en reanimación cardiopulmonar”

Un centenar de alumnos de quinto y sexto de Primaria del colegio Parga Pondal de Santa Cruz aprenden maniobras de RCP y a usar el desfibrilador con el Colegio de Médicos

Escolares del colegio Parga Pondal, ayer aprendiendo maniobras de reanimación. | // VÍCTOR ECHAVE

Un escolar de diez años, solo con sus manos, puede salvar la vida a una persona que sufre, por ejemplo, un ataque al corazón. Solo hay que tener unos pocos conocimientos y practicar para perder el miedo a actuar, lo que también puede suceder a los adultos. Casi un centenar de niños y niñas del colegio Isidro Parga Pondal de Santa Cruz (Oleiros) recibieron ayer esa formación en reanimación cardiopulmonar (RCP) en el pabellón del centro de la mano de los mejores expertos, médicos de Urgencias de distintos hospitales, por iniciativa del Colegio Oficial de Médicos de la Provincia de A Coruña y de la profesora Alicia Tojeiro.

“La formación en reanimación cardiopulmonar debería estar en el currículo escolar e ir aprendiendo y practicando a lo largo de la vida”, subrayó ayer Azucena Prieto, jefa de Urgencias del Hospital del Barbanza, que coordinó esa iniciativa y dio la primera formación al alumnado, acompañada de otros facultativos también de Urgencias de distintas localidades y de Ricardo Calvo, adjunto de Urgencias del hospital de A Coruña (Chuac).

Por grupos, sobre colchonetas, con un maniquí y un médico con ellos, los alumnos y alumnas aprendieron toda la cadena de supervivencia. “Primero el reconocimiento, ver si por ejemplo estamos en el fútbol y alguien se cae al suelo, acercarse y ver qué le pasa, ver si respira y si responde. Si no lo hace primero hay que alertar, llamar al 112 y después iniciar las maniobras de reanimación. Una mano sobre la otra entre los dos pechos, brazos estirados, sin doblarlos, dejando caer el peso del cuerpo, con rapidez, ya sabéis, al ritmo de la Macarena”, explicó Azucena Prieto a todos los participantes en un pabellón que tiene bien a la vista un desfibrilador portátil para una urgencia real.

Algo que incluso puede causar temor a los mayores por miedo a hacer daño, usar el desfibrilador para dar una descarga, no dio ningún temor a los más pequeños. “No hay que tenerle ningún miedo, no da descarga a la persona si no lo necesita. Tiene un botón verde de encendido, después se conecta el enchufe y se ponen los parches que son los electrodos. El propio equipo te habla y te dice cómo colocarlos en el pecho y analiza si el ritmo es normal. Si no lo es ya te dice que aprietes el botón rojo y da una descarga””, les explica Manu, uno de los médicos de Urgencias que participó en esta iniciativa ayer, en el Día Internacional de la Medicina de Urgencias y Emergencias.

“Esto sobre todo les ayuda a aprender a reaccionar y actuar con calma, tomar la iniciativa y perder el miedo”, destacó la directora del Parga Pondal, Dolores Silva. “Yo podría hacerlo, no me parece difícil”, señaló Tania, de 10 años, después de una sesión de compresión del maniquí.

“Tuve una propuesta del Colegio de Médicos y me encantó. En el primer trimestre el alumnado creó un vídeo, haciendo que una persona se sentía mal en el patio y ellos tenían que actuar. Los médicos nos indicaron cómo hacer y también practicamos en otras situaciones como un mareo, sangrado, rotura, atragantamiento. Se colgó el vídeo en la web del Concello. Y ahora han venidos los médicos a darnos esta clase para concienciarles y formales en estas maniobras básicas”, explicó Alicia Tojeiro.

Estos escolares también aprendieron ayer a actuar en caso de ver a alguien que se atraganta, primero dándole golpes entre los omóplatos y después con la maniobra de Heimlich.

En esta sesión de formación de ayer participó uno de los alumnos, T. que lleva muchos años en Santa Cruz, y que fue clave a la hora de ayudar a integrarse a S., una niña ucraniana del grupo que acogió Oleiros. Su papel como traductor, según apuntaron profesores, lo tomó con una gran responsabilidad.

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