Unos productores de Dexo, directos a un certamen internacional del mejor tomate

Esta finca con 84 variedades competirá con más de cien expositores de varios países

Otra variedad de tomate bajo el invernadero.  | // I.R.

Otra variedad de tomate bajo el invernadero. | // I.R. / Marta villar

Francisco Gil construía centrales térmicas en todo el mundo. Sonia Rodríguez trabajó en un cine y en una fábrica de empanadas. Él cansado de viajar y ella cansada de trabajar en locales cerrados, decidieron dar un giro radical a su vida y en 2016 compraron un terreno en la parroquia de Dexo (Oleiros) y empezaron a probar con los conocimientos que habían adquirido en casa, lo que habían visto y oído a sus padres y a sus abuelos cuando hace años en cada casa de aldea se cultivaba en autoconsumo. Hace tres años, en plena pandemia, ya tenían tres invernaderos montados y con 84 variedades de tomate produciendo en cultivo ecológico, “sin ningún químico”. En este corto espacio de tiempo la huerta Lúa de Dexo logró llamar la atención de la organización del Festival del Tomate de Cantabria, que se celebra este fin de semana en Torrelavega y que a pesar de llevar solo dos ediciones es ya un referente, con más de cien expositores de países de todo el mundo.

“No sabemos cómo nos conocieron o quién les habló de nosotros. Trabajamos solo venta directa sobre todo a restaurantes y también particulares. Este festival es una oportunidad increíble, van a ir leyendas del tomate de toda Europa como el francés Pascal Poot. No pensamos en ganar, para nada, el mérito es que te llamaran. Vamos a conocer gente, sus trucos, ver los tomates que cultivan, conseguir semillas de variedades”, explica Francisco Gil. “Vamos a aprender y a compartir experiencias”, añade Sonia Rodríguez, que enumera los talleres de cocina, cata sensorial, tratamientos de agua de mar en la huerta o tomates para cosmética, entre otros programados en el festival.

Tomate de la variedad Phil's two que se cultiva en Dexo

Variedad de tomate denominada ‘Phil’s two’. //I.R.

“Prueba este tomate”, dice Francisco. Es pequeño, redondo, verde amarillento. Al morderlo surge en el paladar una explosión de sabor del tipo que queda grabado en la memoria. Recuerda a una fruta, jugoso y hasta sensual. “Lo llamamos tomate A Marola”, precisa Gil.

Bajo los invernaderos se puede encontrar un “tomate negrísimo” como el carbón: un Purple Sunrise (amanecer dorado); unos pequeños que parecen peras o bombillas, en rojo y en amarillo; o unos deliciosos mini cherry que parecen grosellas y que también despiertan los sentidos. Ahora en el final del verano hay menos variedades en producción, ya no tienen el tomate blanco por ejemplo. Pero los ojos se asombran igual con unos cherry cuadrados o una alucinante variedad denominada Phil’s two, formada por pequeños tomatitos unidos, amarillos y alargados como gajos de naranja. Son demasiados sabores nuevos para alguien que conoce lo normal, el pera, el raf, el corazón de buey, el negro de Santiago, y ya el abuela de Osedo como mucho.

Francisco Gil, con la variedad más pequeña de tomate que cultiva.

Francisco Gil, con la variedad más pequeña de tomate que cultiva. / I.R.

“El tomate es uno de los productos donde más se nota si es de supermercado o de productor local ecológico. Cada vez hay más demanda, este último año ha sido un boom, si produjésemos el doble venderíamos el doble, hemos tenido que decir que no a algunos clientes. Tenemos una producción limitada pero preferimos la calidad a la cantidad”, subraya Gil.

El festival tiene una parte de exposición, en la que se pueden llevar todas las variedades que se quieran, y una parte de concurso donde el premio es el prestigio, al que solo se pueden presentar cuatro variedades como máximo. “Aún estamos decidiendo qué llevaremos. El tomate apimentado seguro, ese cherry pequeñito también, quizá el corazón de Monforte, puede que el Purple Sunrise...”, duda Francisco.

Lúa de Dexo no es solo una huerta de producción de tomate con vistas a la ría de A Coruña. Es toda una filosofía de vida sin prisa, respetuosa con el medio ambiente, favorecedora de la biodiversidad. Mezclados con los tomates cultivan otras variedades como berenjenas blancas o pepinos enanos, pero también plantas de flor, aromáticas y plantas comestibles que son top entre los chefs. “¿A qué te sabe este brote?” , pregunta. “A pescado, o berberecho”. "Muchos dicen a ostra", apunta este productor. Un brote minúsculo de algo llamado ficoide galicial explota en la boca como si te hubieses tragado el mar. "Echas esto en una ensalada y ...", apunta Francisco. Una hoja como de lechuga roja llamada shiso sabe a comino. Después de comer una fresa blanca de estos bancales es difícil que te vuelva a gustar otra. Es un sabor más que queda grabado en el paladar, que te lleva a la infancia cual magdalena de Proust.

Tomates mini que parecen grosellas, en manos de Francisco Gil en el huerto en Dexo.   | // I.R.

Sonia Rodríguez, con un Purple Sunrise /I.R. / Marta villar

En este huerto se recicla casi todo. “Esos bancales de fresas son tuberías de obra que nos regalaron. Las plantas están en ruedas de neumático de camión. Esas vigas de madera son de los palés en los que vino la cubierta nueva de Riazor, que nos dieron”, relata Francisco. Entre las flores vuelan abejas que hacen la polinización natural, mariposas cada vez más escasas ante su brutal descenso (un 70% en España).

Como abono utilizan estiércol de caballo y burro sobre todo (criados en libertad). Al fondo tienen secando algas para abono, como se hacía antiguamente en Galicia, lo que se llamaba ir ao sargazo. Contra las plagas y bichos luchan algunas de estas plantas que crecen al lado, insecticidas naturales, y otras como la consuelda rusa son joyas de nutrientes. “Ahora con la falta de agua vamos a mirar para poner algo para aprovechar el agua de lluvia”, indica Francisco. En el Festival del Tomate que empieza mañana los productores también aprovechan para intercambiarse semillas y recuperar variedades para impedir que desaparezcan. Y ayudar a mantener la riqueza de la biodiversidad.

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