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La Opinión de A Coruña

Recelos ante el “canal” de O Burgo

Vecinos temen que la obra de regeneración de la ría altere el paisaje de la ensenada

Trabajos en el codo de la ría que se rellenará. | // CASTELEIRO/ROLLER AGENCIA

“Que se limpie, pero que no deje de ser una ría para quedar simplemente como un canal”, deseaba una vecina de O Burgo, Alsira Folgueiras, este martes, detenida frente los trabajos que han transformado la morfología de la ensenada. Las separaciones construidas en piedra en medio del agua, en paralelo al eje de la línea de costa para confinar los lodos contaminados y, en tierra, tubos apilados, una carpa y varias palas, configuran un paisaje ya muy transformado con respecto al estado anterior al inicio de esta obra en la ría.

Vecinos pasean junto a la zona de obras, entre el Botánico y las pistas deportivas. | // CASTELEIRO/ROLLER AGENCIA

Folgueiras miraba las obras detenida frente a la nueva estampa y admitía que desconocía con exactitud cuál será el resultado definitivo. Aunque reconocía la conveniencia de limpiar la ría, discrepaba con destinar parte de la superficie de ensenada a zona verde: “Aquí tenemos jardín de sobra”, reflexionaba. A su lado, Jesús Varela apuntaba que algunos vecinos se muestran reacios a que se le coma terreno a la ría, justo en la zona que sufrirá una mayor modificación: entre el Jardín Botánico y las pistas deportivas.

El codo de la ría que se adentraba hacia el paseo de O Burgo entre las canchas y el Botánico pasará a cubrirse y acondicionarse como zona de recreo. El mapa del proyecto de dragado prevé que esa esquina se reserve para “recuperación de espacios públicos”. El gran despliegue que entrañan los trabajos, que han comenzado este mes con el dragado, no ha disuadido a los corredores y caminantes que continúan con sus rutinas de deporte y salud por el paseo, junto a las obras. Deben adaptarse, eso sí, a los cambios y cortes en el recorrido del paseo que se realizan en función del avance de las obras.

Aceptación y comprensión se desprenden de buena parte de quienes recorren ese tramo de paseo con frecuencia. Dos de las paseantes asiduas —dos veces por semana, aseguran—, se muestran conformes con la obra y sus efectos colaterales. “No hay problema. Es ir a mejor, es mejor”, afirmaban, a su paso ante el codo que la obra borrará del mapa. Los mandatarios públicos que asistieron a una visita institucional a los trabajos el pasado mes de agosto ya pidieron “paciencia” a los vecinos, que tendrán que sufrir el impacto visual y sonoro de las obras durante más de un año.

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