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Vecinas de Anceis elaboran un belén desde hace casi 30 años, con lluvia y alumbrado

Marisa y Julia confeccionan y pintan cada pieza a mano EEl poblado, con más de cuarenta figuras, ha crecido tanto que se han quedado sin espacio en la iglesia

Marisa Martelo (izquierda) y Julia Gestal, ante el belén que realizaron en la iglesia de Anceis. | // VÍCTOR ECHAVE

Cada año, en cuanto termina el verano, Marisa Martelo ya está pensando en nuevas figuras y diseños del belén que monta desde hace 27 años en la iglesia parroquial de San Juan de Anceis en Cambre, primero con Eugenia Gestal y ahora con su hermana Julia, y con ayuda y colaboraciones de otros vecinos y vecinas. Vienen visitantes de otros concellos a contemplar la nube de la que cae lluvia sobre el poblado, cómo giran las aspas del molino y el alumbrado que ilumina locales como una pequeña botica.

“Empezamos hace más de 25 años con un pesebre y ahora tenemos todo un pueblo con casa, un río, una nube de la que llueve de vez en cuando, un estanque para patos. Creemos que se puede mejorar pero a nivel de aficionados, creemos que está bastante bien”, subraya Marisa Martelo.

Esta cambresa, junto con Julia Gestal, utilizan lo que se llama escayola álamo, un polvo cerámico que ofrece más detalle y perfección, para confeccionar las figuras, que además pintan a mano, un trabajo que a Marisa Martelo le apasiona. “Yo podía estar haciendo esto todo el día hasta las dos de la mañana sin darme cuenta, soy feliz. Llega agosto-septiembre y ya me pongo con las figuras”, señala. Con esta labor han realizado un belén de unos quince metros cuadrados, con más de cuarenta figuras. Los visitantes pueden ver desde pastores y soldados hasta un taller de alfarería, un molino de agua y otro de viento, leiras con lechugas y zanahorias, una mujer limpiándole el culo a un bebé u otra preparando un guiso. Y no falta la vegetación natural. Les lleva un mes el montaje.

Marisa y Julia son jubiladas pero este año han tenido más complicaciones para montar el belén. Julia tiene que cuidar de los nietos y Marisa se rompió una pierna pocos meses antes de empezar el montaje. “Rompí la tibia y el peroné. Los médicos me dijeron que ni se me ocurriese ponerme con esto pero en cuanto terminé la rehabilitación ya estaba encima de los tableros. Solo me han quedado dos o tres casas que no me ha dado tiempo a terminar”, confiesa.

El belén que realizan en Anceis ha llegado a tal dimensión que “ya no es posible ampliar más”. El desplazamiento del confesionario, que además impedía las vistas desde la entrada y solía encubrirse en estas fechas simulando una gran roca, les permitirá para el próximo año aumentar aún más este poblado, que va camino de convertirse en ciudad (con alumbrado, abastecimiento, viales).

“Nunca hacemos el belén igual, todos los años tiene cosas diferentes, más cuevas, distintas casas... Nos gusta innovar, no repetir”, añade Marisa. Este belén lo preparan para que pueda verse los domingos de diciembre y enero. Estará montado hasta el día 22 y podrá visitarse en horario de cuatro y media a siete de la tarde y por las mañanas tras la misa de las once.

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