Círculo de inclusión y reciclaje en Santa Cruz

Usuarios de Down Coruña convierten en compost los restos orgánicos del comedor del colegio Isidro Parga Pondal en un proyecto piloto con Permae que pretenden exportar

Poisa explica el proceso con Illanes y, al fondo, Silva y López Piquín.

Poisa explica el proceso con Illanes y, al fondo, Silva y López Piquín. / LOC

“¿Quién hace el compost?”, preguntó Franky Illanes, técnico de la Asociación Down Coruña, para dar pie a la explicación de la usuaria Tamara Poisa. “Lombrices, bichos bola, larvas... Bichos”, respondió la encargada de exponer el funcionamiento de los composteros instalados en el recinto del Isidro Parga Pondal de Santa Cruz a alumnos del centro en la presentación de Compostaxe pola Aprendizaxe, este jueves. La iniciativa, un proyecto piloto inclusivo que transforma en abono los restos orgánicos del comedor escolar, que cuenta con unos 300 comensales, comenzó hace tres semanas, impulsado por la empresa de soluciones sostenibles Permae y Down Coruña, con la colaboración de Lenzo Estudio y Baygar. “Este proyecto encaja con los valores del centro de inclusión y cuidado del medio ambiente”, afirmó la directora, Loli Silva.

Franki Illanes muestra una bolsa junto a los composteros, en el recinto del Isidro Parga Pondal.

Franki Illanes muestra una bolsa junto a los composteros, en el recinto del Isidro Parga Pondal. / LOC

Con un panel en el que Poisa colocaba dibujos al tiempo que explicaba el proceso de compostar, con ayuda de Illanes, los chicos comprendieron el círculo que se ha establecido en su propio colegio. A ella le encanta la tortilla de patatas, confesó. Pues las mondas de esas patatas y las cáscaras de esos huevos se depositarán en los contenedores orgánicos, que pasarán a nutrir el compost con el que se abonará una tierra que permitirá cultivar más patatas, detallaron. Los bichos encargados de procesar esos residuos necesitan agua y unos agujeros por los que respirar, adivinaron alumnos del Parga Pondal y corroboraron los ponentes de Down Coruña. Explicaron, además, que el compost se criba para separar la materia más fina de fragmentos más gordos, como las virutas de madera que se componen el “estructurante” que se coloca entre capas de compost. Una vez llenos los contenedores, el producto necesita madurar 4 ó 5 meses.

Cada día, cuatro personas trabajadoras en prácticas de Down Coruña, junto con un coordinador, recogen los restos orgánicos y los trasladan al área de compostaje. La materia viene ya seleccionada, solo orgánica, gracias a la colaboración del personal de comedor y de los escolares, que separan la comida de otros residuos. En el centro, destaca el grupo Limpamundos, un proyecto impulsado hace tres años por la multipremiada maestra Alicia Tojeiro que promovió el reciclaje en el recinto, explicaron dos alumnos.

Tras las explicaciones, tocó acercarse a los composteros. A 60 grados centígrados estaba uno de los contenedores. “¿Sabéis por qué?”, preguntó Illanes a los chicos que se agolpaban frente a él. “Porque hay muchos bichos microscópicos, millones, y pasa como cuando en una clase hay mucha gente, calor corporal. Eso es bárbaro, barbarísimo”, celebró el técnico de Down Coruña.

Cada día estamos recuperando entre 30 y 40 kilos de restos orgánicos. Entre todos, estamos evitando que tengan que transportarse a un vertedero en un camión”, expuso el confundador de Permae, Rodrigo López Piquín, quien apuesta por exportar la iniciativa. “Queremos crear puestos de trabajo”, aseguró López Piquín, quien pretende que trabajadores de Down Coruña gestionen las islas de compostaje de A Coruña.

Suscríbete para seguir leyendo