Los modernos que marcaron Betanzos
Los hermanos García Naveira protagonizan la primera ruta guiada de la temporada

Estatua de los hermanos García Naveira. / Iago López
Abundan en Galicia las escuelas financiadas por indianos que, a su regreso de la emigración, quisieron contribuir a la formación de sus vecinos y el progreso y bienestar de sus pueblos. Y luego están los García Naveira. Los hermanos betanceiros, que se marcharon en 1863 a Argentina y terminaron por consolidar negocios que dieron beneficios hasta los años 70 del siglo XX, dedicaron buena parte de su fortuna a transformar su ciudad natal, siempre atentos a los más desfavorecidos, relató la técnico de Turismo y guía oficial betanceira Elena Carro en la primera ruta guiada de la temporada, el pasado sábado: El Betanzos de los García Naveira.

Antigua escuela infantil que hoy en día acoge oficinas de Servicios Sociales. / Iago López
“Eran unos modernos”, contó amena la guía, a los pies de la estatua que les homenajea en la plaza que lleva su nombre, conocida popularmente como Praza do Campo, cuando hizo reparar a los asistentes en que lo que sostiene la mano derecha de Juan es un teléfono de la época. El mayor de los “benefactores” atendía la llamada de la mujer retratada en la estatua de La Caridad, con la que formaba un conjunto cuando ambas piezas se ubicaban en O Pasatempo. Ella solicitaba asistencia para el anciano al que amamanta y Juan le respondía que podían acogerlo en el asilo, a donde señalaba Jesús con el índice, que hoy apunta al parque enciclopédico.

Actual residencia de mayores. / LOC
Elaborada en mármol de Carrara, la talla se trasladó al centro de la ciudad en 1983. La estatua alberga símbolos que dan pista de la ideología y trayectoria de los hermanos: el escudo contiene laurel y granada, que significan prosperidad y riqueza, y un caduceo y un casco alado de Mercurio, símbolos del comercio, actividad que les reportó sus riquezas y muy característica de Betanzos, “la Génova española, como dijo Murguía”, apuntó Carro. Por la parte trasera tiene un trozo de columna, lo que muestra “connotaciones masónicas”, y dos libros, uno de los cuales reza en el lomo “Copiador”, en alusión a un documento importante en las empresas, fuente de la prosperidad que los hermanos traían de ultramar.

Casa de Juan García Naveira. / Iago López
Su estancia en Argentina comenzó en San Nicolás de los Arroyos, donde trabajaron como jornaleros. Se casaron con dos mujeres vascas de familias pudientes, contaron con ayuda de sus suegros para invertir en negocios como vendedores de productos de España y terminaron por crear y gestionar prósperas empresas. Verbaliza una asistente a la ruta la duda popular sobre si esos negocios pudieron bastar para generar semejante riqueza.
Da muestra de su nivel adquisitivo un viaje en 1889 a París para hacer negocios durante la Exposición Universal, relatado en Memorias de un viaje improvisado de Rogelio Borondo, que se sumó a la expedición. Estuvieron fuera del 24 de octubre al 18 de diciembre. A los 18 días en París se sumaron visitas a Basilea, Lucerna, Venecia —donde Juan compró la colección de conchas exóticas que decoran el Estanque del Retiro de O Pasatempo—, Florencia y Roma —donde se entrevistaron con el Papa—, Milán y Génova. A la vuelta, pararon en Montecarlo y Barcelona, donde “se supone que vieron la obra de Gaudí”, contó Carro.

Lavadero. / Iago López
Los niños nacidos en la zona de A Ribeira o O Peirao de familia humilde, que comenzaron a trabajar de chicos y se marcharon a hacer las Américas analfabetos, “volvieron licenciados”, concienciados con las obras sociales y con una ideología “radical” para aquel Betanzos, lo que les valió ser “muy criticados” por las familias betanceiras que frecuentaban el selecto Liceo.
El lavadero gratuito de As Cascas fue su primera obra. Permitió a las lavanderas no tener que pagar por lavar, como sí tenían que hacer en el que había, y disfrutar de condiciones como una lareira que caldeaba el inmueble, servía para calentar las planchas y ayudaba a secar la ropa en el tendedero de la planta superior, con persianas venecianas, además de servicio de atención a sus hijos mientras trabajaban. Ya conciliación. Allí se forjaron, impulsadas por ellos, las romerías de Os Caneiros, que visitó Emilia Pardo Bazán, amiga de Jesús.
Obra suya es también la escuela, laica, pública y gratuita, ubicada sobre la avenida Jesús García Naveira, que tenía al lado un asilo, en línea con las actuales iniciativas de fomento de la convivencia entre niños y mayores. Se pagaba el examen a los chicos que quisieran ser maestros y los docentes iban a enseñar a leer y escribir a los obreros que construían O Pasatempo, relató la guía.
La semilla del actual Pai Menni, el centro para acoger a “niñas minusválidas, tontas y escrufulosas”, fue también iniciativa suya. Igual que la actual residencia de mayores, que nació para descanso de las monjas que habían cuidado a los ancianos en el otro asilo. La actual escuela infantil de Betanzos, ubicada tras la iglesia de San Francisco, “cerca de la zona donde nacieron”, se construyó con parte de la herencia que Jesús dejó para ese fin, en la que apartó fondos también para repartir entre las familias más pobres y para la espectacular Casa do Pobo que construyeron las sociedades obreras y agrarias en la Rúa Travesa. O Pasatempo fue “obra exclusiva de don Juan”, narró Carro. Se estima que costó un millón de pesetas de la época, precisa. El valor de su legado hoy, incalculable.
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