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La fábrica que dio paso a la refinería de Arteixo

Meicende albergó la empresa textil Tagasa, que funcionó hasta 1964, cuando se instaló la actual planta de Repsol en el lugar. Cientos de vecinas de la zona encontraron allí su primer trabajo, ya que la factoría empleó a más de 100 mujeres desde su fundación en 1948

Ricardo Cedeira y Camila Pardo, frente a la refinería de Meicende. | Casteleiro/ Roller Agencia

Ricardo Cedeira y Camila Pardo, frente a la refinería de Meicende. | Casteleiro/ Roller Agencia

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Arteixo

Muchos vecinos de Meicende no recuerdan apenas cómo era el núcleo arteixano antes de la llegada de la refinería de Repsol, que el pasado año cumplió seis décadas. Pero todavía hay algunos que, cada vez que reparan en los tanques y las chimeneas que cubren el paisaje de la localidad, rememoran y guardan un sinfín de historias de la fábrica de tejidos Tagasa, que fue una de las primeras industrias que empleó a cientos de mujeres de la localidad desde su fundación en el año 1948.

El terreno de Meicende, antes de la refinería. |  Ángel Blanco

El terreno de Meicende, antes de la refinería. | Ángel Blanco

Fue entonces cuando empezó a trabajar en su parroquia natal Camila Pardo, de 90 años, que llegó a ser una de las maestras de máquinas de la fábrica. «Entré con 14 años, y estuve allí hasta que cerró en los 60. Éramos más de 100 mujeres y poco más de diez hombres, pero ahora quedamos pocos por aquí», cuenta la vecina de Meicende, que dice que en la década de los 50 la fábrica era una de las industrias más importantes de la zona.

Por aquel entonces, tal y como demuestran las imágenes con las que se hizo el divulgador arteixano Xabier Maceiras, que publicó un importante estudio sobre los orígenes de esta fábrica en su blog Crónicas de Arteixo, los terrenos que ocuparía posteriormente la refinería estaban dedicados principalmente al cultivo y a la ganadería. Las instalaciones actuales de la refinería, que ocupan unas 150 hectáreas, se pusieron en funcionamiento en 1964, el mismo año en el que la fábrica cerró sus puertas por última vez.

«Yo trabajé allí cuatro o cinco años, pero al volver de la ‘mili’ me encontré con todo cerrado», afirma Ricardo Cedeira, de 84 años, natural también de Meicende. Él entró a trabajar junto a otros diez hombres para hacer los turnos de noche. «Las mujeres nos enseñaron a usar las máquinas cuando entramos», cuenta Ricardo, que entró a trabajar a Tagasa poco después de su hermana. «Los que estábamos al lado de la fábrica teníamos suerte, pero venía hasta gente de Loureda, que tardaba una hora y media en llegar andando», recuerda Camila, que dice que el único transporte público que había en aquella época era el trolebús.

Historia de la fábrica textil

Antes de la Guerra Civil, la fábrica coruñesa que tenía mayor peso era la conocida comoLa Primera Coruñesa, que empezó a funcionar en la céntrica calle coruñesa Juan Flórez bajo la razón social de Núñez y Miranda. Xabier Maceiras indica que la fábrica acometería una importante modernización en la década de los 50, adquiriendo telares automáticos, y afirma que un artículo de la época señalaba que producía diariamente unos 10.000 metros de lienzos y mahones, y Tagasa unos 2.000 metros diarios.

«Las maestras de Tagasa eran mujeres que venían de trabajar en La Primera Coruñesa», recuerda Camila Pardo, que cuenta que empezaron ganado «cinco perras», pero que en los últimos años lograron sueldos «más dignos». Ella venía de trabajar en una fábrica de conservas cuando entró en Tagasa, que distribuía sus telares a otras empresas y comercios de la provincia.

Tagasa, propiedad del empresario Emilio Mosquera Regueira, funcionó día y noche sin interrupción hasta que la refinería comenzó sus obras en el lugar. Entonces pasó a emplearse como almacén de la misma. «Había tres turnos ininterrumpidos, y en los de la noche aprovechábamos para formar a los nuevos», cuenta la vecina de Meicende, que cuando cerró la fábrica era una de las más veteranas. «No llegábamos a los 30 años, pero muchas éramos auténticas veteranas», dice.

«No teníamos paro y muchos tuvimos que empezar de cero»

Cuando Tagasa clausuró la fábrica de Meicende, algunos de sus antiguos trabajadores se manifestaron delante de las instalaciones de la refinería demandando empleo. «Por aquel entonces no había paro, y muchos tuvimos que empezar de cero», asegura Ricardo Cedeira, que recuerda salir con sus compañeros a la calle para que tuviesen en cuenta sus «derechos como trabajadores».

En su caso, el arteixano se buscó la vida y trabajó posteriormente como camionero y en el sector de la construcción, entre otros ámbitos. Su excompañera Camila Pardo, después de varios empleos temporales, abrió su propia frutería en Meicende después de casarse. «Vendía cada día unos 40 bocadillos a los trabajadores de la refinería», sostiene la vecina, que dice que en cuanto abría el comercio a las ocho de la mañana, los operarios ya pasaban a recoger su primera comida del día. «Nos conocíamos ya todos», afirma Camila, que dice que, al igual que el suyo, muchos negocios despegaron gracias a la refinería.

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