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Cientos de vecinos, políticos de varios signos y familia despiden a Sacristán

Su cuerpo es velado en el tanatorio San Javier

Velatorio de Julio Sacristán

Velatorio de Julio Sacristán / Germán Barreiros / Roller Agencia

Culleredo

«Todos sabíamos que eras querido, Julio, pero hoy lo sabemos aún mejor», aseguró su amiga personal, que fue directora durante 19 años y hasta hace un mes del colegio de Tarrío, Ana Liñares, en la ceremonia civil de despedida de Julio Sacristán, que se celebró este miércoles en un desbordado tanatorio de San Javier de Almeiras. Cientos de vecinos; políticos de Culleredo, la comarca y la provincia, familiares y amigos despidieron a «una persona que será recordada como el auténtico alcalde del Concello de Culleredo» en «uno de los momentos más emotivos que vivimos en los últimos 50 años», aseguró su sucesor en el cargo, José Ramón Rioboo, ante un salón de actos repleto, en el que no cupo toda la gente que se acercó a dar su último saludo a Sacristán.

Tres rosas rojas, una sobre el féretro y dos en un jarrón, vistieron con sobriedad el acto de adiós a «una buena persona», de ideas políticas firmes, pero dialogante, y de la que coincidieron en destacar su «bonhomía» y su «compromiso» con «el bienestar de los vecinos» y «con los más necesitados». Junto a Liñares y el actual regidor, intervinieron en el acto el presidente de la Diputación, Valentín González Formoso; el secretario provincial del PSOE —cargo que había ocupado Sacristán hasta que le sucedió Formoso—, Bernardo Fernández, y el alcalde de Abegondo y presidente del Consorcio, José Antonio Santiso. Ejerció de conductor de la ceremonia el funcionario cullerdense Pablo Bouza y entre los asistentes se encontraban figuras también históricas de la política del área metropolitana de A Coruña, como el alcalde de Oleiros y compañero de partidas de tute de Sacristán, Ángel García Seoane, o el exalcalde de Cambre y también socialista Antonio Varela Tonecho.

«Siempre procuraba ser, como dice el himno gallego, ‘bo e xeneroso’», aseguró Santiso

«Lo que quería siempre era mirar por el bienestar y el interés general. Nunca se preocupaba de sí mismo. Siempre procuraba ser, como dice el himno gallego, ‘bo e xeneroso’», aseguró Santiso muy emocionado. Recordó que el socialista «tenía sus ideas, y de ahí no lo bajaba nadie», pero compartía con compañeros alcaldes dificultades y consejos y «siempre estaba».

«Nadie va a ser capaz de hacer lo que hizo Julio, porque lo hizo todo». «Para este concello fue absolutamente todo», aseveró Rioboo. Recordó que Culleredo despidió también a otro alcalde de la democracia, Domingo Sierra, «pero Julio siempre fue especial».

Tanatorio San Javier, en el que se vela el cuerpo de Julio Sacristán

Tanatorio San Javier, en el que se vela el cuerpo de Julio Sacristán / Germán Barreiros / Roller Agencia

«Era un jugador de equipo. Estaba ahí, escuchaba, daba un consejo», aseguró González Formoso, quien recurrió a una anécdota para ilustrar la vocación de servicio de Sacristán: «Cuando era presidente del Sporting Burgo, les faltaba un portero, y él dejó la presidencia para jugar como portero para que el equipo siguiera para delante». «Julio no estaba en política por acumular dinero ni por poder, sino por que su pueblo lo reconociera», aseguró. Y garantizó: «Tiene el reconocimiento de su pueblo y de toda la provincia».

Fernández destacó la «calidad humana, fundamental también para ser un buen político», de Sacristán, a quien señaló como uno de sus «mentores» y de quien, afirmó, aprendió mucho, entre otras cosas, de su «compromiso». Recordó que el único consejo que le dio sin pedirlo, además de muchos otros que sí le pidió, fue cuando lo eligieron alcalde de Pontedeume. «Me dijo: ‘No cometas el error que yo cometí de no dedicar tiempo a los tuyos por dedicarlo a esta tarea’», relató y destacó que Sacristán deja «un gran legado, que trasciende las fronteras de Culleredo». «Era un referente para muchos y un socialista de verdad», aseveró.

«Se va un político de verdad, de los que van quedando menos», afirmó Ana Liñares

«Culleredo era tu casa grande», aseguró su amiga Liñares sobre un político que «caminaba al lado de la gente, no delante». «Se va un político de verdad, de los que van quedando menos, pero, sobre todo, se va un amigo», afirmó, sentida. Y concluyó complacida por la respuesta de asistencia para un adiós a la altura: «Gracias a todos por confirmar su grandeza».

Al término de la ceremonia civil, antes de la cremación en la intimidad familiar, se abrieron las puertas laterales del salón de actos, lo que dejó ver que gran cantidad de personas había acompañado desde fuera el último adiós a Julio Sacristán.

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