Manuel Martínez Pan: «Gracias a la ONCE retomé los estudios y llegué a hacer Derecho»
El arteixano, que lleva 14 años como delegado en Galicia, acaba de ser homenajeado en su Pastoriza natal

Manuel Martínez Pan. | LOC
El arteixano Manuel Martínez Pan lleva 14 años como delegado territorial de la ONCE en Galicia. Y, en homenaje a su labor, sus vecinos de Pastoriza lo escogieron como pregonero en las fiestas de este año. Un reconocimiento del que el arteixano siente «un gran orgullo», pues ahí, en su tierra natal, fueron los orígenes de «todo», además de ser el lugar en el que residió hasta los 30 años.
Manuel Martínez Pan empezó a perder visión con ocho años tras ser diagnosticado con una deficiencia visual por retinosis pigmentaria, una enfermedad de pérdida de visión degenerativa. «La ONCE fue un antes y un después», cuenta el delegado territorial de Galicia, que se afilió a la corporación con 17 años.
«Gracias a la ONCE retomé los estudios, que los había tenido que dejar de lado por mi discapacidad, y al final acabé Bachillerato y llegué a hacer Derecho en A Coruña», declara.
A partir de ese momento, el arteixano se involucró de lleno en la organización y comenzó su andanza como instructor técnico en tiflotecnología, encargado de asesorar y ayudar a las personas con discapacidad visual a utilizar e integrar la tecnología en su vida diaria.
Su recorrido en la organización
Empezó haciendo alguna sustitución en Barcelona y en Navarra hasta que lo nombraron jefe de servicios sociales y director pedagógico, un puesto en el que permaneció durante siete años. «Aprendí mucho», dice el arteixano, que después de pasar cuatro años como delegado territorial de Cantabria regresó a A Coruña en 2011 para convertirse en el delegado territorial de Galicia.
«La evolución en materia de inclusión y accesibilidad ha sido absolutamente espectacular en los últimos años», asegura Martínez Pan, que considera que la sensibilidad con la discapacidad es «cada vez mayor, y las actuaciones de obra nueva tienen muy en cuenta ahora nuestras necesidades».
Pero el arteixano reconoce que todavía queda un largo camino. «Queda mucho por hacer», sostiene. En el caso de la ONCE, su principal reto es conseguir cubrir el máximo mercado posible, puesto que cada venta supone «una gran contribución solidaria para nuestros afiliados», admite.
Baches en el camino
A nivel personal, el delegado cuenta que las personas con discapacidad visual todavía se encuentran con bastantes «baches», como la lectura de etiquetas en los supermercados. «A día de hoy no diferenciamos si se trata de un bote de guisantes o de melocotones», asegura el arteixano, que dice que la ONCE está incidiendo «concienzudamente» en poner solución a estas trabas y «favorecer los entornos para todos los que lo habitamos».
La organización, que cuenta con 830 vendedores y 3.750 afiliados en Galicia, está centrada en la actualidad en la reconfiguración del modelo de servicios sociales para ajustarlo a las necesidades actuales del colectivo, en especial desde el punto de vista digital, porque «todo va cambiando, y es necesario adaptarnos a los tiempos», reconoce.
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