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Hartazgo y resignación en el puerto de Betanzos por las inundaciones: «Esto no va a dejar de pasar»

Xunta y Betanzos discrepan sobre las causas y soluciones | Los empresarios instan a utilizar el «sentido común» y plantean medidas de bajo coste para minimizar los daños

Imagen de archivo de una inundación en el puerto frente al gimnasio Valhalla, uno de los negocios afectados por las crecidas.

Imagen de archivo de una inundación en el puerto frente al gimnasio Valhalla, uno de los negocios afectados por las crecidas.

Betanzos

«Yo ya no digo nada, total esto no va a dejar de pasar». El que habla es Roberto Vázquez, gerente de un gimnasio de la zona del puerto de Betanzos que se ha resignado a convivir con las inundaciones provocadas por los desbordamientos del río, especialmente graves cuando se juntan fuertes lluvias y mareas vivas. La última, la registrada este miércoles, les pilló «de sorpresa», pero normalmente ya se anticipan, intentan frenar en la medida de lo posible la entrada de agua y asumen con paciencia los trabajos de achique: «Podemos estar de cinco a veinte personas un día entero achicando», cuenta este empresario, que cree que, al menos una parte del problema se solucionaría con más limpieza en el río.

Precisamente es la limpieza es la solución a la que apunta la Xunta en un comunicado en el que niega que los desbordamientos guarden relación con la apertura de compuertas de minicientrales hidroeléctricas, como sospecha el Concello betanceiro.

La Consellería de Medio Ambiente replica que estas minicentrales no tienen capacidad de regular el caudal y no se pronuncia sobre las demandas del Ayuntamiento, al que invita a solicitar más limpiezas del río: «Augas de Galicia ha autorizado de manera continuada –y lo seguirá haciendo— al Concello a que lleve a cabo actuaciones de conservación fluvial, lo que comúnmente se conoce como «limpieza», apunta.

El Concello de Betanzos, por su parte, se dirigió ayer nuevamente a Portos y Augas de Galicia, a los que tiende la mano para sentarse a negociar una solución. «Sé que no es sencillo y que no hay soluciones mágicas», admite la alcaldesa María Barral, que evitó este viernes ahondar en el enfrentamiento: «Entiendo que pueda haber limitaciones económicas, pero no voy a admitir que no se haga nada», advierte la regidora, que defiende que la limpieza de los ríos compete a Augas de Galicia.

Los empresarios de la zona asisten con cierto hartazgo y atonía a este tira y afloja entre administraciones que sucede a cada crecida y que se diluye en unos días sin materializarse en avances . En Comercial Agrícola Vicente de la Fuente han incorporado a su rutina la consulta diaria de las tablas de mareas y las previsiones meteorológicas y, ante la mínima alerta, recurren al spray de poliuretano para evitar la entrada de agua en el negocio.

«Hay cosas que tienen que hacer los particulares y otras que corresponden a la Administración», razona Javier de la Fuente, que recela de las soluciones faraónicas, como la que plantea el Concello de un bombeo en el puerto, y ve más factible apostar por medidas sencillas y económicas que minimicen el impacto de las crecidas.

De la Fuente recuerda que hace años los propios empresarios de la zona del puerto acometieron pequeñas obras para paliar los daños provocados por los desbordamientos, como construir un dique de tierra en la línea de costa o instalar una válvula rudimentaria. Esto permitió solventar los problemas durante años, hasta las obras ejecutadas por la Administración en el tramo final de la dársena y el hundimiento posterior de parte de los pilotes.

Este empresario, que hizo más de una incursión en la política betanceira, se muestra más que escéptico con las soluciones que impliquen movilizar cantidades millonarias, que muchas veces no pasan del papel, y apuesta por actuaciones más sencillas, como elevar el límite en la línea de costa 30 o 40 centímetros en el tramo que registra laos desbordamientos.

También Roberto Vázquez, del gimnasio Valhalla, se inclina más por «soluciones lógicas» y por utilizar el «sentido común». Los empresarios del puerto son conscientes de que su caso no es como el de A Ribeira en el pasado, con muchos más afectados y situaciones más graves, pero eso no es óbice para que cada administración asuma sus competencias, argumentan.

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