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Nueva vida para una joya modernista: el chalé de Miodelo encuentra comprador

Esta casona colonial de Bergondo comienza a renacer tras sufrir un lento deterioro | La quinta permaneció más de una década en venta y su interior fue saqueado por completo

El chalé de Miodelo, con la fachada recién pintada y escombros de obras en la puerta. |  LOC

El chalé de Miodelo, con la fachada recién pintada y escombros de obras en la puerta. | LOC

A. Pérez / P. Barro

Bergondo

Tras una larga travesía por el desierto inmobiliario, el chalé de Miodelo se prepara para una nueva vida. Esta casona colonial coronada por un singular torreón visible desde la AP-9 comienza a resurgir tras encontrar nuevo propietario.

Los flamantes titulares han retirado la hiedra que cubría la fachada, que ha recuperado su tono vainilla original, deslucido durante años por la falta de cuidados. A la entrada, una montaña de escombros anuncia obras en el interior, que fue totalmente saqueado por los ladrones hace unos años.

Esta joya modernista, también conocida como la Casa de Cubeiro, permaneció más de una década a la venta. Se trata de una vivienda de tres plantas y su finca de casi tres mil metros cuadrados con una característica verja de hierro forjado, un palomar y singulares palmeras se ofertaba en 2012 por 570.000 euros y cuyo precio final rondaba los 200.000 euros.

Su reparto entre varios herederos complicó la venta de la casa, que mandó construir en los años veinte un conocido joyero que, al igual que sus descendientes, hizo vida a caballo entre Bergondo y Madrid.

Según cuentan los residentes, la casa objeto de varios ataques y robos. «Vaciaron por completo el interior», contaba hace un par de años un vecino, que afirmó que los ladrones se habían llevado incluso la cañerías.

La Casa de Cubeiro tuvo varios pretendientes en los últimos años, pero muchas de las negociaciones no llegaron a buen puerto. El abandono pasó factura a esta vivienda regionalista. Los signos cada vez más evidentes de decrepitud propiciaron las quejas de los vecinos y obligaron a modificar la descripción de su estado en la ficha del catálogo del PXOM que pasó de «bueno» a «malo». Un doloroso declive que, si nada se tuerce, se revertirá en breve.

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