Meirama, la parroquia energética sin luz estable: «Se me estropearon dos congeladores con más de 160 kilos de carne»
Los vecinos presentarán alegaciones por los apagones y las averías que sufren por la tensión | Lavadoras lentas, bombillas fundidas y electrodomésticos dañados son algunas consecuencias

Vecinos afectados por el suministro eléctrico en Meirama / Iago Lopez
En casa de herrero, cuchillo de palo. Por raro que parezca, los vecinos de la parroquia de Meirama —conocida por ser un enclave referente en producción energética hasta que se decretó el cierre de la central térmica en 2020— llevan más de 30 años con deficiencias en el suministro eléctrico.
«Parece mentira que llevemos casi toda la vida así, a velas vir, en función del día», sostiene Úrsula Prego, miembro de la directiva de la Asociación Vecinal de Meirama, que acaba de reunirse con el resto de vecinos para tomar «cartas en el asunto» y presentar alegaciones a Naturgy, que indicó ayer a este diario que revisará la red en las áreas afectadas para analizar las posibles causas y, en función del diagnóstico, adoptar las medidas necesarias para corregir la situación.
Los problemas que sufren los más de 300 vecinos de la parroquia cercedense se manifiestan a través de variaciones excesivas de la tensión, lo que provoca un funcionamiento irregular de los electrodomésticos. El Concello de Cerceda —que asegura haber tenido que mediar en varias ocasiones— señala que los técnicos están elaborando un informe pericial.
Los vecinos han detectado incidencias como apagones repentinos, reinicios inesperados de aparatos eléctricos, un funcionamiento deficiente de equipos electrónicos y, en los casos más graves, averías irreversibles y quema de electrodomésticos, lo que supone un importante perjuicio económico. «A mí se me ha estropeado una lavadora y una aspiradora por varios picos de tensión», asegura Cristina Fernández, que comenta que lo peor vino después de que instalase unas placas solares en su finca hace unos años. «Un año entero sin funcionar por culpa de la red», afirma la cercedense, que añade que en su casa una lavadora puede tardar hasta tres horas en terminar, y que la bombilla de la habitación la han llegado a cambiar «cada tres o cuatro días».
Y es que los daños afectan especialmente a aparatos sensibles a las variaciones de tensión, como frigoríficos, televisores, lavadoras, o equipos informáticos. Los afectados creen que el origen del problema podría estar relacionado con deficiencias en la acometida general desde el transformador o en la red de distribución de baja tensión.
Entre las anomalías técnicas que sería necesario analizar se encuentran, entre otras, «la excesiva longitud de las líneas de suministro, secciones de cable insuficientes para la potencia demandada, desequilibrios de fases, conexiones defectuosas o deterioro de los conductores», tal y como señalan los vecinos en sus alegaciones.
«Estamos pagando una potencia que no estamos utilizando», señala María José Sueiro, que dice que en algunas ocasiones hay que escoger entre poner el microondas o la lavadora. «Aún recuerdo cuando, en los años 90, nos reuníamos en una casa para ver la televisión porque si las poníamos todas a la vez no funcionaban», dice Sueiro, que, aunque reconoce que la situación ha mejorado, los residentes continúan soportando problemas que «no son propios de esta época».
«La potencia es tan baja que a veces tienes que poner el microondas hasta tres veces»
Los afectados coinciden en que hay un horario «clave», de 19.00 a 22.00 horas, cuando los electrodomésticos funcionan peor y se producen más cortes eléctricos, ya que es el momento en el que más personas encienden la calefacción y las cocinas. «A esas horas hay que tener cuidado, porque se puede ir todo lo que tengas enchufado», asegura Manuel Silveira, que cuenta con un estabilizador de tensión en su casa, además de un voltímetro, con el que aprecia cada día diferencias de potencial «muy notorias», llegando incluso a bajar de los 190 voltios, cuando el servicio mínimo contratado es de 210. «Toda la vida ha sido así. En los años 90 ya teníamos un elevador de tensión en casa y esto ya pasaba con la central térmica en pie», añade.

Manuel Silveira con su voltímetro / Iago López
Silveira relata que los descensos pueden ser drásticos: «A veces llegamos a 186 voltios, y otras, como ayer, a 197».
Incluso con su estabilizador, asegura que los electrodomésticos fallan: «A veces tienes que poner el microondas hasta tres veces». El cercedense agrega que, cuando se produce un apagón o una avería por la tensión eléctrica, el servicio técnico tarda entre tres y cuatro horas en llegar a las viviendas. «En el mejor de los casos estás cocinando, pero puede haber gente a la que esto le pueda costar la vida», sentencia.
El vecino denuncia que estos problemas se repiten casi a diario y afectan tanto a los electrodomésticos como a la seguridad de las viviendas. Muchos aseguran que han perdido comida, aparatos electrónicos e incluso pequeños electrodomésticos que dejaron de funcionar de repente.
«Es frustrante, porque parece que se toman medidas, pero la realidad es que seguimos igual y nunca conseguimos llegar a una normalidad. Uno nunca sabe si al encender algo se va a quemar», concluye el cercedense.
«Se me estropearon dos congeladores con más de 160 kilos de carne de la matanza»
José Candal también denuncia los problemas constantes de tensión eléctrica en la zona. «Muchas veces tenemos solo 180 voltios», explica. Tanto es así que en abril de año pasado, dos de sus congeladores se estropearon tras la matanza: «Teníamos unos 160 kilos de carne y tuvimos que tirar la mitad. Repartimos mucha carne en otros congeladores para salvar lo que pudimos».

José Candal en uno de los congeladores / Iago López
Candal recuerda que durante unos diez años tuvo una explotación de 38 vacas y, para no arriesgarse a quedarse sin electricidad, mantenía un motor de gasolina. «Una década con las vacas, desde 1995 hasta 2005, y siempre igual, además del gasto que me acarreó la gasolina», relata.
A pesar de que se instalaron acumuladores nuevos en los últimos años, el vecino de Cerceda asegura que no solucionaron el problema. Incluso los aparatos domésticos sufren las consecuencias: «Hace dos años se nos quemó una televisión por un golpe de corriente».
Candal asegura que la situación no solo afecta a los electrodomésticos, sino que condiciona la vida diaria de toda la familia. Las pérdidas económicas son constantes y obligan a extremar las precauciones, desde planificar la matanza hasta mantener motores de respaldo o dividir la comida en varios congeladores.
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