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Estos relojes de la comarca de A Coruña dejarán de dar la hora con el eclipse

Muchos ya no cumplen su trabajo, pero son un recordatorio labrado en piedra del paso del tiempo. Un libro editado por la Diputación sigue el rastro en la provincia de los relojes de sol y reivindica un patrimonio en riesgo de desaparición que ha legado un mensaje que no pierde la vigencia: ‘Nada sin el sol’

Relojes de sol de la comarca de A Coruña

Relojes de sol de la comarca de A Coruña / 'Relojes de sol en el patrimonio construido. Provincia de A Coruña'. Diputación da Coruña

Nada sin el sol. La inscripción que puede leerse en un reloj solar que se conserva en una vivienda de Dorneda, Oleiros, resume el fin último de un elemento patrimonial y etnográfico que marcó en el pasado el ritmo de los días y que protagoniza un exhaustivo libro de José M. Yáñez Rodríguez y Antonio J. Cañones Aguiar editado por la Diputación: Relojes de sol en el patrimonio construido civil, religioso, militar y etnográfico.

Los autores recorrieron de punta a punta la provincia para documentar estos ingenios solares, que dejarán de funcionar por instantes el próximo 12 de agosto con motivo del eclipse. Los más antiguos, presentes en iglesias, hórreos, pazos y casas señoriales, esculpidos en granito y en muchas ocasiones ocultos por el líquen o muy deteriorados por el paso del tiempo. Los más modernos, instalados con fines ornamentales en viviendas, comercios o edificios administrativos.

Reloj en un hórreo de Rumbo, en Culleredo.

Reloj en un hórreo de Rumbo, en Culleredo. / Cedida

Ya sea como como adorno y recordatorio de que el tiempo pasa o con fines prácticos, las comarcas coruñesa y betanceira esconden numerosos ejemplares de estas piezas realizadas antiguamente por canteros y herreros que medían el tiempo con la ayuda del sol, en concreto, con la longitud de la sombra proyectada por el astro.

Reloj solar en el convento de Sarandóns, en Abegondo.

Reloj solar en el convento de Sarandóns, en Abegondo. / Cedida

El municipio de la comarca que más bienes de este tipo atesora es Culleredo, con nueve, seguido de Oleiros (8), Vilarmaior (8) y Cambre y Arteixo (7). En el municipio cullerdense, como en prácticamente el resto de la provincia, los relojes más antiguos están en peligro de desaparición. Es el caso del esculpido en una vivienda de la Rúa Pedruco, donde solo pueden verse tres de las horas, el resto están borradas. Situación similar al del pazo de Vilaboa, tallado en granito y rematado con una esfera y que ya apenas conserva rastro de sus líneas horarias. Hay algunos con inscripciones o leyendas, como el que corona un hórreo de Rumbo que recuerda el fallecimiento a los 75 años del antiguo propietario.

Reloj solar en la iglesia de Santa María de Cambre.

Reloj solar en la iglesia de Santa María de Cambre. / Cedida

En Carral, solo hay documentados dos, ambos en el pazo de Vilasuso. Uno de ellos, a base de azulejos esmaltados. Otro, en pizarra. Ambos en buen estado de conservación. Todo lo contrario que los más antiguos conservados en Abegondo, los del antiguo convento de Sarandóns y la iglesia de San Tirso, que ya no marcan la hora.

'Tempus fugit' y otros mensajes sobre el paso del tiempo

Como recordatorio de que el tiempo vuela, los relojes solían ir acompañados de alguna leyenda. En uno del monasterio de Sobrado puede leerse Silens loquor (hablo en silencio) y en uno moderno del IES Elviña recuerda a los alumnos con otra locución latina sobre la fugacidad de la vida (tempus fugit).

Reloj solar en el pazo de Vilasuso, en Carral

Reloj solar en el pazo de Vilasuso, en Carral / Cedida

Mensajes inscritos en piedra o pintados sobre azulejos y pizarra que mantienen su vigencia y que son parte del encanto de estas piezas que en muchas ocasiones son ejemplo por sí mismas de que el tiempo pasa y no para bien. José M. Yáñez Rodríguez y Antonio J. Cañones Aguiar llaman la atención en su libro sobre el mal estado de conservación de los relojes de sol con más solera de la provincia, los más antiguos, los labrados por los canteros y que presentan huecos y perforaciones, fisuras y cubiertos de costas por la humedad.

Los autores documentan uno a uno más de medio millar de ingenios solares con sus coordenadas para ponerlos de nuevo en el mapa y animan al lector a que "acuda a verlos, a cuidarlos, a disfrutarlos y a velar porque no se produzca el maltrato a los mismos". Son, recuerdan, elementos del patrimonio civil, religioso, militar o etnográfico que merecen ser conservados y preservados del abandono y el expolio.

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