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La escuela 'clandestina' de Sada: 50 años enseñando desde una bodega

El centro de Pancha Morlán, fallecida en 1996, facilitó el acceso a los estudios a decenas de niños coruñeses

La iniciativa sobrevivió a varios intentos de cierre y se mantuvo en marcha en el municipio hasta 1980

Pancha Morlán, con su grupo de danza y algunos de sus alumnos.

Pancha Morlán, con su grupo de danza y algunos de sus alumnos. / Consello da Cultura Galega. Archivo familiar Pena Presas.

Francisca Morlán -coloquialmente conocida como Pancha-, era una persona muy estricta. Tenía las normas muy claras, pero también era generosa y muy cariñosa con los que lograban ganarse su afecto.

Así es como la recuerdan quienes compartieron su tiempo con esta maestra de Sada, que supuso, para muchos vecinos del siglo pasado, el acceso a la cultura y a un futuro más próspero. Su escuela, fundada en 1929 en la bodega del número 16 de la calle de la Tenencia, llegó a acoger en su momento álgido a casi 70 alumnos, que realizaron su aprendizaje gracias a la tenacidad férrea que proporciona la verdadera vocación.

"A escola posibilitou que moitas nenas e nenos puidesen acceder a estudos primarios dun xeito máis doado. Houbo xente que nos contou que non lles cobraba por levar aos fillos alí por motivos de dificultade económica", explica Monserrat Pena, docente de la Universidad de Santiago (USC) y una de las personas que conocieron a Pancha Morlán en vida.

Francisca Morlán en diversas etapas de su vida.

Francisca Morlán en diversas etapas de su vida. / Consello da Cultura Galega. Archivo familiar Pena Presas.

Según cuenta Pena, el flechazo de la docencia atravesó a Pancha muy joven y la llevó a prepararse para los exámenes de la Escuela Normal de maestras con la ayuda del padre de una amiga. Fue entonces, sin embargo, cuando un problema de salud truncó sus planes. "A preparación gustoulle moito, pero nunca se chegou a presentar ao exame. Tivo unha infección que lle levou a unha trepanación de oído e que lle fixo sentir insegura", indica.

Tras el golpe, decidió hacer las cosas a su propio modo. Rechazó el puesto que le ofrecieron en un centro educativo -Sada y sus contornos-, y empezó a fraguar la apertura de su escuela en la bodega de su hogar natal. "Non sei por que rexeitou o posto, pero debeuse correr a voz de que se estaba a preparar para ser mestra. Unhas señoras de Sada lle levaron as súas fillas para que lles dese clase e, con esas dúas nenas, comezou a súa andaina", relata Pena, que asegura que no fue un periplo sencillo.

La escuela de Pancha Morlán, medio siglo de resistencia en Sada

Durante los más de 50 años que estuvo abierta, la guardería infantil y escuela de enseñanza primaria Francisca Morlán tuvo que sobrevivir a varios intentos de cierre. Algunos llegaron durante la República, pero el Franquismo fue la época más complicada, ya que le acusaron de realizar su trabajo de forma clandestina.

"Boa parte dos problemas que tivo coas autoridades tiña que ver coa licenza da escola. Un mestre oficial moi afín ao réxime denunciouna a ela e a outras mestras de Sada. Ela non falaba excesivamente diso, pero houbo un intre no que estaba moi preocupada por se lle pechaban a escola", explica Pena.

Se trataba de un miedo justificado, porque la escuela Morlán era mucho más que la vocación de su propietaria. Suponía el sustento económico tanto de ella como de su padre, un hombre "moi maior" al que tenía que cuidar y asistir financieramente.

Siendo religiosa como era, la intervención del párroco Juan Villanueva debió parecerle, en esa situación, una suerte de milagro. "Estaba na xunta que levaba este tipo de denuncias, e, como coñecía ás implicadas, as defendeu bastante. Acabáronlles concedendo un permiso co argumento de que en Sada non había escolas suficientes para atender a toda a poboación infantil", cuenta Pena.

Corrían los años 40 y las presiones de la dictadura por aleccionar a su alumnado estaban a la orden del día. El Consejo Municipal de Primera Enseñanza le enviaba notas para llevar a sus estudiantes a "actos de obligado cumplimiento" y para deshacerse de libros que, sin embargo, ella nunca tiraría, como las obras de Curros Enríquez que se encontraron en su desván.

La maestra -que falleció en 1996- pudo, con todo, ver el final del Franquismo y enseñar cinco años más en su escuela hasta su clausura en 1980. Hoy, en el lugar en el que estuvo el centro de estudios, los transeúntes pueden encontrar su estatua, un recuerdo para el barrio de la Tenencia de un pequeño -pero importante- pedazo de su historia.

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