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Sale a la luz nueva documentación de las Escuelas García Hermanos, donde la letra entraba con "solícita atención"

La donación de las actas del patronato y escrituras permitirá al Museo das Mariñas profundizar en la historia de este centro pedagógico pionero, que priorizaba a los menores con menos recursos y combatía el desamparo y la ignorancia con "trato afectuoso" y entrega de zuecos y jerseys de lana

La alcaldesa, María Barral, y el donante de los documentos, Antonio Gómez Iglesias, durante el acto de entrega.

La alcaldesa, María Barral, y el donante de los documentos, Antonio Gómez Iglesias, durante el acto de entrega. / LOC

Betanzos

"Desarrollar la facultad de discurrir" de todos los niños, independientemente de su situación social. Ese fue el principal objetivo de las Escuelas García Hermanos, el centro educativo para los menores más desfavorecidos que abrió sus puertas hace ya más de un siglo, el 2 de septiembre de 1914. Pequeños detalles del día a día de esta institución, que propició toda una "revolución educativa" en el Betanzos de principios del siglo XX, salen ahora a la luz gracias a la donación de las actas de la Fundación Benéfico Docente García Irmáns que acaba de ceder al Archivo de Betanzos Antonio Gómez Iglesias Casal, hijo Valentín Gómez Iglesias Puente, de uno de los integrantes del patronato creado para velar por la correcta administración de los bienes de estos benefactores.

La donación incluye copias del reglamento de las escuelas, libros de actas de la fundación y del consello escolar y las escrituras fundacionales de las escuelas y el antiguo asilo, así como de la compra de los terrenos para construir el edificio, rubricadas entre 1908 y 1911. Todo un tesoro que el Museo das Mariñas analizará ahora con lupa para avanzar en el conocimiento de este hito en la historia de Betanzos. Su director, Ángel Arcay, anima además a los investigadores a zambullirse en estos documentos para avanzar en el conocimiento de un centro pedagógico pionero que combatió el desamparo y la ignorancia con "solícita atención" y entrega de zuecos, jerseys de lana y caldo caliente a los pequeños en situación vulnerable.

Comedor de niñas en las Escuelas García Naveira

Comedor de niñas en las Escuelas García Naveira / LOC

Y es que lejos de suscribir la máxima de que la letra con sangre entra, en las escuelas García Naveira los profesores tenían el estricto deber de "captarse las simpatías y el cariño de sus discípulos, dispensándoles constante y solícita atención y trato afectuoso". Así lo estipulaba el reglamento, que instaba además al docente a "no desalentar al alumno porque se equivoque en sus trabajos": "Se le acostumbrará a pensar y raciocinar, dando siempre mucha importancia a cada avance, por pequeño que sea".

Portada del reglamento de las Escuelas García Hermanos

Portada del reglamento de las Escuelas García Hermanos / LOC

Esa "visión social" es, en palabras de la alcaldesa, María Barral, la enseña de unas escuelas que daban prioridad a los menores huérfanos o con escasos medios. "No era caridad", subraya la regidora, que apela a la importancia que tuvieron unas escuelas que instrumento para el progreso personal y social y que llama la atención sobre alguna de sus peculiaridades, como la de que se entregasen zuecos y jerseys de lana a los pequeños en situación de desamparo. También se velaba por su correcta alimentación, a base de caldos y potajes.

Hijas de su tiempo, en estas escuelas niños y niñas recibían educación separada y jugaban en patios independientes. Ellos, debían recibir además la "instrucción militar del recluta". Ellas, las "labores propias de su sexo, especialmente las de más práctica utilidad, como coser, zurcir y remendar".

Estos anacronismos convivían con una aspiración real de introducir en la enseñanza "procedimientos pedagógicos modernos" y compaginar los conocimientos con las "máximas de educación social", como estipulaba el reglamento.

"Aseados y con los pies calzados"

En su artículo tres, esta normativa prescribía la organización de "paseos y excursiones", la educación física.

En el 15, advertía de que no se permitiría la entrada en el aula a ningún alumno "que no se presentase completamente aseado y con los pies calzados". Para que las normas de civismo e higiene se cumpliesen sin generar desigualdades, el patronato entregaba ropa a los alumnos huérfanos o familias con escasos medios.

Todas estas curiosidades y más están ahora a disposición de todos los interesados en el Museo das Mariñas. Todo un regalo para los amantes de la historia local que arrojará más luz sobre el legado de los más insignes benefactores de Betanzos.

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