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El pan de Carral que mantiene a cinco generaciones cumple 100 años: "Mi bisabuela lo repartía a caballo"

La Panadería Pedro Fernández, en la parroquia de Herves, celebra un siglo de vida con Mari Carmen Fernández, la bisnieta de los fundadores, al frente del negocio, que ha sabido sostenerse en el tiempo gracias a su buen hacer y al "cariño" de sus clientes

La Panadería Pedro Fernández de Carral celebra un siglo de vida

Iago López

Carral

Que el pan de Carral ha conquistado paladares de todo el país no es ningún secreto. Su elaboración artesanal tradicional, caracterizada por una larga fermentación, el uso de masa madre y una alta hidratación, además de una cocción que lo convierte en un pan de miga densa y muy esponjosa y corteza crujiente, sigue siendo uno de los mayores atractivos del municipio gracias al buen hacer de sus panaderos, generación tras generación.

Y, aunque la localidad cuenta hoy con más de una veintena de panaderías, pocas pueden presumir de superar los 100 años en activo, como es el caso de la Panadería Pedro Fernández, en la parroquia de Herves.

La familia en la panadería carralesa.

La familia en la panadería carralesa. / Iago López

«La clave de llevar tantos años trabajando es el cariño que recibimos de nuestros clientes», sostiene Mari Carmen Fernández, de 60 años, la cuarta generación al frente del establecimiento carralés, inaugurado por sus bisabuelos en 1926.

A día de hoy trabaja mano a mano con su marido, Luis Miguel Insua, y con su hija, Rita Insua, que siempre se mostró interesada en continuar con el legado familiar. «Ahora tenemos 19 empleados, porque vendemos una media de 700 kilos de pan diarios», asegura la carralesa, que define el pan como un alimento «básico y elemental, que ha traspasado todas las modas y sustitutos» que han ido apareciendo con el paso del tiempo.

La familia al cargo de la Panadería Pedro Fernández de Carral.

La familia al cargo de la Panadería Pedro Fernández de Carral. / Iago López

Los orígenes: a caballo

«Mi bisabuela Rosalía empezó repartiendo pan a caballo», cuenta la propietaria, que recuerda que entonces el negocio era conocido como Panadería Mouriño, en honor al apellido de su bisabuelo, Pepe. Asimismo, su madre, Maruja, de 83 años, decidió seguir con la tradición familiar y conservar ese pan totalmente artesano y de calidad. Y, al casarse con su marido, Pedro, el establecimiento pasó a llamarse como hoy: Panadería Pedro Fernández.

Vista de algunos de sus panes.

Vista de algunos de sus panes. / Iago López

El caballo lo han dejado atrás, pero el reparto continúa igual o más activo que el primer día, llegando a diversos puntos de Carral, Abegondo, Sada y A Coruña, entre otras localidades de la provincia. Son conocidos, sobre todo, por sus panes de bollo, pero también ofrecen una amplia variedad de empanadas, tartas, bollería y bizcochos.

Una carretera transitada

Maruja Fernández recuerda que la N-550, una carretera nacional reconvertida en travesía entre Carral y Culleredo, fue una parte «esencial» de su fama. «Nos conocían por los de la carretera de las curvas verdes, pero era una vía muy transitada: llegaba gente hasta de Santiago», asegura la carralesa, que apunta que esa es la razón de ser del refrán: «Nas festas de Carral dan pan e viño para que a xente vaia facer o Camiño».

Y Mari Carmen sentencia que su intención es mantener la máxima con la que fue fundada la panadería: no dejar a ningún vecino sin pan. «Ya sea a caballo o en furgoneta, seguiremos estando aquí para ellos», concluye la panadera.

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