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La confitería de Betanzos que mantiene sus recetas desde hace 100 años: "Dicen que hacemos las mejores milhojas del mundo y es verdad"

El negocio, que comenzó como un pequeño despacho en 1916, lleva tres generaciones endulzando el municipio con sus pasteles

"Nuestro abuelo estaría muy orgulloso de nosotras por seguir con su legado", dice una de las propietarias

Lucía y Carmen Rábade, con las famosas milhojas de su confitería.

Lucía y Carmen Rábade, con las famosas milhojas de su confitería. / Casteleiro

Cuando nació su hija -la primera, al fin, entre cinco varones-, Constantino Rábade dio una gran fiesta que Betanzos aún no ha olvidado. Le pidió a los gaiteiros que tocaran desde los soportales y encendió el horno a toda potencia para cocer decenas de pasteles con los que colmar a sus vecinos.

Hoy, varias décadas después, el sabor de esos dulces aún puede disfrutarse en el municipio, donde su pastelería sigue despachando delicias azucaradas. Sus nietas, Carmen y Lucía Rábade, las preparan con el mismo cariño artesano que esgrimía su abuelo, que puso la primera piedra de lo que hoy es ya un emblema en la zona: la Docería Rábade.

Con sus más de cien años de historia, el local parece haberse propuesto el reto de acompañar a cada nueva generación betanceira. Lleva abierto desde 1916, cuando Constantino se instaló en el concello después de dos años aprendiendo el oficio en el que fuera otro gran icono de A Coruña, La Gran Antilla.

Al principio, los pasteles los hacía en su casa y los llevaba a cocer a la Panadería Rabizas, uno de los hornos más antiguos del país. Los vendía a escasos metros de donde hoy se encuentra el negocio, en el que, por aquel entonces, colgaba el letrero de El Buen Gusto, un nombre adecuado para definir tanto las delicias del local como a la clientela que se acercaba a degustarlas.

Docería Rábade, la "reina del hojaldre" de Betanzos

Lucía y Carmen Rábade, en su pastelería.

Lucía y Carmen Rábade, en su pastelería. / Casteleiro

"Mi abuelo le cambió el nombre porque quería dejar el legado de su apellido y de su pueblo natal, Rábade. Pero seguimos usando las mismas recetas. El hojaldre lo sigo haciendo como lo preparaban él y mi padre, y debo de ser una de las pocas que lo hace en España, porque ahora todo el mundo lo compra congelado", cuenta Carmen.

Folleto del Betanzos anunciando las fiestas de 1916, en el que ya aparece El buen augurio, el primer nombre de la Docería Rábade.

Folleto de las fiestas de 1916 en Betanzos, en el que se anuncia El Buen Gusto, el primer nombre de la Docería Rábade. / LOC

Para muchos, ella es, precisamente, "la reina del hojaldre", una veterana pastelera que llega a hacer al día más de 30 kilos de esta delicada masa. La cifra parece astronómica, pero, en realidad, es vital para el producto estrella del negocio, las famosas milhojas de los Rábade, por las que los betanceiros no dudan en hacer cola.

"Dicen que nuestras milhojas son las mejores del mundo y es verdad. Muchos vecinos las han tenido como tarta de cumpleaños desde su primer año de vida", comenta con orgullo sobre su dulce, que incluye tanto una capa de crema como una de merengue.

Entremedias, asoma un hojaldre "muy crujiente y delgadito", que se hornea en las mismas bandejas que Constantino usaba a principios del siglo XX. Una vez cocidas y dispuestas, las normas a seguir son estrictas: "Nunca las congelamos, porque se ponen blandas y no saben igual. Yo mi milhoja no te la voy a vender al día siguiente", asegura Lucía Rábade.

La nueva vida de una confitería centenaria

Aunque durante muchos años se dedicó a la psicología, la nieta más joven de los Rábade decidió unirse a su hermana el pasado diciembre. "Carmen terminó Bachiller y se puso a trabajar en la confitería. Yo acabo de volver, pero para mí no supuso un cambio, porque he ayudado a mis padres siempre", dice la pastelera, que creció entre petisús, cocadas y almendrados.

Al igual que su hermana, recuerda con cariño aquella infancia en los soportales de la Rúa Ferradores, hasta donde "bajaban todos los niños para jugar en la pastelería". Y también -quizá no con tanta ternura- sus domingos de juventud, en los que despachaba con su familia mientras sus amigas dormían la fiesta del sábado por la noche.

Este año, las dos hermanas vuelven a estar juntas, tal y como hacían entonces, tras el mostrador de "la confitería más antigua de Betanzos". Dicen que se trata de "una nueva etapa", que afrontan "con ilusión" y con el deseo intenso "de hacer cosas nuevas", como empanadas de atún para el verano y distintos tipos de panes gallegos.

Algunas recetas de antes, que habían quedado relegadas, también se podrán volver a disfrutar muy pronto en el obrador de Betanzos. "Los melindres siempre fueron muy populares. Mi hermana los hacía a veces, pero yo quiero que se hagan todos los días, igual que los brazos de gitana y los emparedados", cuenta Lucía, que, asegura, se quedará ya en el local "hasta la jubilación".

Después, ninguna de las hermanas sabe qué ocurrirá con esta emblemática pastelería coruñesa, que siempre ha estado en manos de la misma dinastía familiar. "Mi sobrina me daría una alegría si se quedara con el negocio, pero nunca se sabe. Probablemente la venderemos. De todas formas, sé que mi abuelo estaría muy orgulloso de nosotras por seguir con su legado".

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