Vivir entre la oración y el trabajo, dos monjas de clausura celebran a su patrón en Bergondo: "No estamos fuera del mundo"
La madre abadesa de San Paio de Antealtares y la hermana archivera dejaron la clausura para celebrar el 900 aniversario del monasterio de San Salvador. Explican que su vida diaria se basa en el equilibrio entre siete horas de rezo y laborar en huerto, horno y dependencias

La monja archivera de San Paio de Antealtares, Carmen Bellas, y la madre abadesa del monasterio, Almudena Vilariño, saludan a los fieles en la conmemoración. / CARLOS PARDELLAS
La madre abadesa de San Paio de Antealtares, Almudena Vilariño, y la hermana archivera del monasterio, sor Carmen Bellas, acudieron al acto conmemorativo del 900 aniversario del monasterio de San Salvador como ilustres invitadas. Ambas religiosas abandonaron la clausura en Santiago de Compostela para integrarse en la celebración mayor de su orden en compañía del arzobispo de Santiago, Francisco José Prieto Fernández, y el nuevo abad de la Colegiata de A Coruña, Severino Suárez
"Somos de clausura, pero no es papal. Es clausura constitucional monástica, es decir, no es total. Sí salimos para cosas puntuales, ciertamente. Por ejemplo, para formarnos o para ir al médico. ¡O para votar! Si no hace falta, habitualmente no salimos. Tampoco nos es algo extraño", puntualiza Vilariño sobre su salida de clausura.
"¿Qué quieres que te diga?, no estamos fuera del mundo. Estamos en el centro de Santiago", intercaló Bellas.
La madre abadesa explica que su vida diaria sucede en "equilibrio entre oración y trabajo". Tanto ella como el resto de hermanas cumplen con siete horas de rezo en cada jornada. Maitines, de madrugada; Laudes, al amanecer; Prima a las seis de la mañana; Tercia, a las nueve de la mañana; Sexta, al mediodía; Nona, a las 3 de la tarde; y Vísperas, de tarde. Terminan el día con las Completas, que son oraciones íntimas antes de dormir.
"El día a día es la oración. San Benito veló por la discreción y perdura a través de los siglos. Su palabra es muy abierta y adaptativa. Intercalamos el trabajo y la lectio divina. En esa lectura rumiamos los sagrados textos y nos dejamos tocar por la palabra de Dios", expone la madre abadesa.
Vidas dedicadas a la fe
Almudena Vilariño entró al cuerpo religioso hace tres décadas con 18 años. Pese a ser la más joven de todas las hermanas en su congregación, actualmente es la cabeza de su monasterio. En sus venas corre sangre gallega y madrileña, así pasó de Madrid a Santiago. Carmen Bellas suma más tiempo como monja benedictina. Su compromiso dura 50 años. Totalmente gallega, la religiosa reivindica su segundo apellido, Carballeira. "Carballo, es decir, Galicia", afirma.
"Hoy hemos dejado la comunidad en un día que es significativo para nosotras, porque es el día de fiesta. La transición de nuestro Padre San Benito. Pero con normalidad, es decir, la comunidad sabe que estamos aquí y están bien, también de algún modo participando. Por supuesto, claro, con especial énfasis en la cotidianidad", celebra la madre abadesa. "Eso es, sí, es solemne y con vigilias", apostilla sor Carmen.
Vilariño es consciente de que existe un cierto misterio alrededor de la vida monacal. Tilda su rutina de "labor y normalidad". "Suelen decirnos: "Pues sois normales". ¡Que se acerquen al monasterio y lo vean!", dice animando a los curiosos.
Laborar después de rezar
Entre oración y oración, la regla benedictina impone el trabajo. Dentro de un monasterio, ambas monjas coinciden en señalar que lo que se hace es "cualquier trabajo que necesite la orden". "Al final laboramos a lo que San Benito nos pide. No hay un trabajo definido", señala la madre abadesa.
"Hemos tenido una residencia universitaria y un colegio infantil. Cerramos hace pocos años debido a que el casco antiguo ahora es de movilidad muy complicada. Iba bajando el número de estudiantes de año en año. Tuvimos que cerrar. Actualmente, somos una sociedad monástica como en todos los monasterios, es decir, que también va gente. Pueden venir", explica Bellas.
El monasterio de San Paio de Antealtares cuenta con horno y huerto, los dos núcleos que concentran el laborar, pero "no quiere decir que todo se reduzca a esto".
"Hacemos la tarta de Santiago y más cosas. Contamos con dispensa pública, y en la portería también se trabaja. Sobre todo a partir de Semana Santa. No somos capaces trabajar al ritmo que piden. Es que tampoco horneamos una cantidad exagerada. Es todo artesanal y, por lo tanto, nos limita", comenta la monja archivera. "Sí, son muy conocidas nuestras tartas de Santiago. Muy conocidas desde finales del siglo XVIII. Ya está documentado que las hacían", puntualiza la madre abadesa.
"Ahora es imposible tener hermanas que se dediquen exclusivamente al huerto", señala Bellas. "Todas tenemos pluriempleo", le responde Vilariño.
En el acto de conmemoración, una vieja conocida intercepta a Bellas y la religiosa pregunta por unas niñas. "Todavía las veo saltando de aquí para allá", responde cuando le dicen que la mayor de las jóvenes ya suma 29 años. Ambas benedictinas probaron el pastel que ofrecieron al final de la conmemoración. "Pax benedictina también a la tarta. Deberíamos llevar a nuestra comunidad y celebrar también compartiendo comida", comentó Vilariño a Bellas. El arzobispo interceptó a las monjas para avisarlas que debían regresar a la orden. "Un feliz retorno. Que Dios te bendiga", dijo despidiéndose la madre abadesa.
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