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El fotógrafo convertido a cocinero de Cambre: "Hacemos una cocina de abuela, pero un poco más refinada"

Iván Barco es el propietario de la Buxo Taberna, un restaurante en la parroquia de Brexo Lema, que apuesta por la gastronomía gallega basada en los productos de cercanía

Iván Barco en la cocina de Buxo Taberna, en Cambre

Iván Barco en la cocina de Buxo Taberna, en Cambre / Gus de la Paz

Cambre

Iván Barco llevaba casi una década viviendo fuera de su Cambre natal cuando decidió lanzarse a la piscina y abrir por primera vez un restaurante. "La idea era abrir algo en A Coruña", señala el cocinero de Buxo Taberna, que no perdió la oportunidad de establecer su negocio en su parroquia, Brexo-Lema, en cuanto pudo. "Era el bar del pueblo de toda la vida y me lo ofrecieron", afirma Barco, que añade que el destino quiso que su negocio estuviera en frente de donde vive su abuela.

Barco, un fotógrafo tornado cocinero, estudió en la escuela de hostelería de Santiago y más tarde se mudó para trabajar en lugares como Casa Marcial, en Asturias, Moments en Barcelona, o locales en Marbella y Mallorca. Sin embargo, su viaje hasta llegar de vuelta a su parroquia no fue lineal. "Mi intención no era acabar aquí. Estudié antes fotografía que cocina y resultó que de la fotografía no me gustaba trabajar. Lo que pensé que era mi hobby, la cocina, me acabó gustando como oficio y lo que creí que era mi oficio lo prefería de hobby", recuerda.

La transición de un campo a otro se le hizo más sencilla gracias a su familia, que vieron la cocina "como algo que me encajaba mucho más" y también que les preocupaba mucho menos debido a la dificultad de entrar al mundo de la fotografía.

Impulsado por una curiosidad por la comida llegó hasta la apertura de Buxo Taberna, donde el cambrés busca aplicar todo lo que aprendió durante los últimos ocho años a su verdadera pasión: la cocina gallega. "Es la que más me llama, con la que más me siento identificado, una cocina un poco de abuela, de fondos, guisos y demás, pero algo más refinada que la de casa", dice Barco.

El restaurante lo abrió hace unos dos años, manteniéndolo al principio como el bar de toda la vida mientras buscaba personal para la sala. "Mi idea era hacer algo diferente de lo que había en la zona. A mí me mola mucho la cocina del norte de España, gallega sobre todo, y con mucha influencia francesa. Esas bases las uso para hacer una cocina de mercado, donde cada semana vamos cambiando la carta según lo que nos ofrezca la plaza", explica Barco.

Dentro de esa carta destacan sobre todo los pescados frescos o la selección de vinos, que apuesta "por Galicia, sobre todo, y por las zonas olvidadas de España", con caldos de Navarra o de Cádiz. "Le compramos a Pescados Rabina, una de las mejores pescaderías de A Coruña y a partir de ahí seleccionamos lo que encaje en precio para la oferta y lo que me apetezca hacer esa semana", dice.

Los inicios no fueron fáciles y a las personas de su entorno, o de la parroquia donde le conoce muchos, la idea "les parecía un poco descabellada". "Acostumbrados a que esto fuera un bar siempre, no veían que podía ser otra cosa", destaca, aunque añade que ahora hay "muy buena acogida" entre los vecinos. "Espectacular para estar donde estamos", afirma.

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