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La comunidad migrante de Culleredo ansía una oportunidad: "Solo quiero poder trabajar y cotizar para labrarme un futuro mejor"

Detrás de las cifras y los trámites de regularización, se esconden historias como las de Lorena, Norma, Mayerly o Joana: familias que han cruzado el Atlántico huyendo de la precariedad y que ahora ven en el municipio coruñés un refugio "perfecto" para dejar de ser invisibles y empezar a forjar una vida "en orden" al lado de los suyos

Norma, Mayerly, Lisey y la pequeña Hanna.

Norma, Mayerly, Lisey y la pequeña Hanna. / C. F. R.

Culleredo

"He venido a España sola desde Argentina, he dejado allí a mi marido y a mis dos hijos porque no teníamos dinero para venir todos", asegura Lorena Branda. Hace cinco meses que dejó atrás su país y su familia con el objetivo de poder vivir "tranquila y segura" en Culleredo, donde residen su hermana y su cuñado desde hace siete años. Ahora, su prioridad es completar el proceso de residencia con éxito para lograr el ansiado reencuentro con los suyos. "Solo quiero poder trabajar y cotizar para labrarme un futuro mejor, y para eso necesito el certificado de vulnerabilidad", sostiene.

Como Lorena, cientos de personas han acudido esta semana a las oficinas municipales de Culleredo en busca de respuestas. Y es que en los Servicios Sociales del municipio no han dejado de sonar los teléfonos. Más de 160 consultas en apenas unos días han obligado al Concello a desplegar un dispositivo especial de acompañamiento migratorio tras hacerse pública la convocatoria de regularización extraordinaria del Gobierno. Este proceso, que se extenderá hasta el 30 de junio, permitirá —según algunas estimaciones— que unas 500.000 personas que residen en España puedan regularizar su situación.

Lorena Branda, a la salida del auditorio de O Burgo.

Lorena Branda, a la salida del auditorio de O Burgo. / C. F. R.

El primer encuentro celebrado esta semana con la asesora jurídica del Consorcio As Mariñas sirvió para arrojar luz sobre casos complejos. Desde niños sin partidas de nacimiento apostilladas hasta familias que llevan años esperando el momento de obtener la "carta blanca". Para muchos de los afectados, este plazo no es solo un trámite legal, sino la esperanza definitiva de que sus hijos puedan crecer con plenos derechos en la comunidad que ya sienten como su hogar.

Es el caso de Norma Rodríguez, de Venezuela, que lleva cuatro años viviendo en Culleredo pero está preocupada porque su hija no tiene la documentación de nacimiento en regla. "La semana que viene volveré al Ayuntamiento para pedir asesoramiento individual", sostiene Norma, quien reconoce que este primer encuentro ya le ha resultado "muy útil" para despejar algunas dudas sobre el proceso.

Familias en busca de soluciones

A las puertas del edificio de usos múltiples de O Burgo, Mayerly Posu, acompañada de su hija Liset Torres y su nieta Hanna, le recomienda a Norma que acuda cuanto antes al Consulado de Venezuela, en Vigo, para poner en orden la documentación necesaria. "El 'no' ya lo tiene de antemano, pero ahora le toca viajar hasta allí e intentar lucharlo", sostiene Mayerly, natural de Colombia, que también acudió a la charla en busca de soluciones.

El problema de Mayerly y su familia es el empadronamiento. "Hemos venido hace poco a Culleredo y necesitamos tener los papeles en regla", explica. Esto es fundamental porque muchos trámites municipales, incluidos informes y certificados sociales, dependen del municipio donde se acredita la residencia efectiva.

Además, su preocupación no es solo administrativa, sino de estabilidad básica. "La regularización es esencial para tener un techo y que mi familia duerma tranquila cada noche", dice. Liset Torres, con su hija en el carrito, añade que toda la familia está ya en España y que su único fin es "regularizar todos los papeles y darles un futuro mejor a los que vengan".

Joana Vallejo, a la salida del auditorio de O Burgo.

Joana Vallejo, a la salida del auditorio de O Burgo. / C. F. R.

A diferencia de quienes se enfrentan al vacío legal, Joana Vallejo encara el proceso con más calma. Joana llegó desde Colombia hace un año junto a su marido y sus tres hijos, asentándose en Vilaboa bajo la vía del asilo. Con la "carta blanca" —el resguardo provisional de protección internacional— ya en su poder, respira con el alivio de saber que en julio recibirá el permiso definitivo. Para ella, el valor del encuentro en el auditorio no radicaba en la urgencia, sino en la seguridad de la información. "En redes sociales hay mucha confusión, pero aquí nos lo han desmenuzado", explicaba satisfecha tras haber despejado las dudas que le permitirán culminar la tramitación de su familia sin errores de última hora.

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