La panadería con una de las empanadas más famosas de A Coruña cumple 70 años: "Mi padre llevaba el pan con un carro y una burra"
Hasta tres generaciones han pasado por este histórico negocio de Arteixo, que vende 300 empanadas semanales

La familia de José Rozamontes, con una de las empanadas de su histórica panadería de Arteixo. / Gus de la Paz
Las primeras barras que José Rozamontes vendió en A Coruña le exigieron más valor del que se le puede pedir a un niño. "Mi padre aprendió con un tío en Santa Cruz y, a veces, llevaba el pan él solo hasta la ciudad con un carro y una burra. Era de noche, tenía 16 años y mucho miedo de que le pararan los carabineros", recuerda Mari de Rozas, desde su obrador familiar en Arteixo.
Aquellos, dice, eran tiempos difíciles, pero él tenía mano con el horno y mucha perseverancia. Era una persona "con carácter y buen corazón", pero también "muy recto" cuando le tocaba remangarse frente a las roscas o rellenar las que se han convertido en una de las empanadas más populares de A Coruña. "Había que hacer las cosas y había que hacerlas bien. Por eso no paraba. Trabajaba día y noche con mi madre", cuenta la actual dueña.
Hoy, el negocio que José comenzó en un rincón de A Coruña en 1956 lleva ya 70 años alimentando a la comarca. Los panes que antes llegaban a la Plaza de Lugo en el trolebús que unían la urbe con Carballo ahora arriban en camiones, que reparten incluso a puntos tan distantes como Barcelona o Jerez de la Frontera.

La popular empanada de la Panadería Rozas. / Gus de la Paz
Lo que más les piden desde allí son sus famosas empanadas, que mantienen la esencia de las que Rozamontes empezó a hacer en 1960. "Es nuestra especialidad. Las hacemos con la misma receta de mi abuelo, a mano y en horno de leña", afirma con orgullo María Domato, la tercera generación de esta histórica panadería de A Coruña.
Panadería Rozas, el negocio familiar que lleva más de medio siglo conquistando con sus empanadas
Para Domato, esta receta de hojaldre dorado es "lo más especial" que se despacha en el negocio. A la nieta de José le trae recuerdos de todas las fiestas familiares en las que lo han degustado y que ahora también comparten cientos de familias a lo largo de la Península.
Dice que su secreto está en respetar al milímetro "el tiempo de amasado y de cocción", y en mimar el relleno para que los sabores exploten en la boca. Aunque ya hay más de una decena de opciones entre las que elegir, las que más triunfan son la de bonito, zamburiñas y bacalao con pasas, las protagonistas indiscutibles de la larga lista de pedidos con la que trabaja el establecimiento.
En total, la panadería vende "entre 200 y 300 empanadas a la semana" y "muchas más" durante la temporada de verano. "Tenemos el horno encendido día y noche", asegura con satisfacción Domato, que lleva 20 años ayudando a su madre en el negocio.
Con el tiempo, se ha vuelto una experta en la elaboración de este placer crujiente, pero también en los caprichos dulces que tiñen de azúcar su obrador de Arteixo. Las milhojas de nata y crema, la tarta de almendra y la de queso al horno son sus pasteles más icónicos, con los que la familia continúa la tradición que su abuelo puso en marcha en el municipio.

Algunos pasteles de la Panadería Rozas, en Arteixo. / Panadería Rozas
Y es que, en los años 60, estas tentaciones azucaradas no eran muy habituales en Arteixo. Fue la Panadería Rozas la que empezó a endulzar lo que, hasta la década de los 70, apenas era "una aldea" en la que, dicen, "no había prácticamente nada".
Así lo cuenta la hija del panadero, que aún recuerda la época en la que el local no podía permitirse tener empleados. Era ella la que, con tan solo 12 años, despachaba barras y dulces subida a una escalera, después de memorizar la lección en el autobús de camino a casa.
"Estoy muy apegada a este lugar, tengo muy buenos recuerdos en él. La gente que venía a comprar sabía que yo era la hija y me tenían mucho cariño, así que, de momento, no pienso retirarme. Cuando naces y te crías aquí, ya no sabes a dónde ir después", dice la artesana.
Por eso, y al igual que cada día de los últimos 53 años, se sigue poniendo el delantal para trabajar masas, cremas y harinas. Tampoco pierde de vista la comida que elaboran para su servicio takeaway y los menús de su cafetería, una de las últimas expansiones del negocio, que incorporó en los 2000 su propio comedor con platos caseros.

La tortilla de la Panadería Rozas. / Panadería Rozas
A él se acercan a diario los vecinos para degustar todo un clásico: la deseada tortilla de Rozas. Una delicia hecha "con huevo casero" y "en cocina de gas", que solo puede degustarse in situ en este célebre comercio de Arteixo.
En la ciudad de A Coruña, en cambio, no hay cafetería, pero sí dos despachos en la Ronda de Outeiro y la Avenida Finisterre. Allí, los residentes pueden disfrutar -sin desplazarse- de los productos del negocio, que se ha convertido, después de casi un siglo de historia, en uno de los más icónicos de la comarca.
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