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Party: el icónico club de la movida coruñesa donde los domingos no tenían fin

La emblemática discoteca de Carral marcó las noches de los jóvenes en la década de los 90 y los 2000

La pista de Party (Carral) un hervidero de gente cada domingo en los años 90.

La pista de Party (Carral) un hervidero de gente cada domingo en los años 90. / YouTube/ Discotecas Galicia

Tenía solo 600 metros cuadrados, pero, para muchos jóvenes de los 90 y principios de los 2000, la discoteca Party de Carral era el mundo. Allí se reunían cada domingo cientos de personas llegadas desde todos los rincones de la comarca para estirar hasta el último segundo de libertad bailando bajo los focos que colgaban del techo.

Eran los tiempos de 'la movida de Carral', que concentraba, en una sola calle, todas las ganas de marcha de A Coruña. “Recuerdo que era una locura para salir de la discoteca y entrar, teníamos que ir en cola todos apretados. Parecía una lata de sardinas”, cuenta uno de los tantos que frecuentaban el club, considerado uno de los más emblemáticos de la escena nocturna coruñesa.

En la primera etapa de Party, el pub era el lugar al que iban los que no le temían al madrugón del lunes. Pero, sobre todo, los que aún conservaban las fuerzas después de haber quemado pista el viernes en El Bosque y de haberse debatido -quizá incluso con alguna discusión con los colegas- entre si ir a LP45 o a Baroke cuando el sábado empezaba a dejar morir la tarde.

Jóvenes bailando en la pista de la discoteca Party de A Coruña.

Jóvenes bailando en la pista de la discoteca Party de A Coruña. / YouTube/ Discotecas Galicia

En el momento en el que el pub carralés comenzó a abrir también los viernes noche, cuadrar la ruta discotequera se volvió incluso más complicado. Pero Party, con sus temas dance, salsa y pop y su famoso puente asomado a la pista, era un caramelo irresistible para muchos, que llegaron a conocer entre sus paredes a su mujer, a su esposo o a ese amigo con el que aún se toman unas cañas.

Party, el templo del 'dance' en A Coruña que nadie quería perderse

La mítica discoteca de Carral abrió sus puertas en 1989 y sobrevivió hasta bien entrados los 2000. Una ventana de más de una década que llenó de recuerdos las noches de miles de coruñeses, que todavía recuerdan el sabor del vino con miel y los vasos cargados de ron con Redbull que desbordaban la barra de arriba.

En la pista, un río de pantalones de tiro bajo, aretes de colores y cinturones de tachuelas hacían gala de sus mejores pasos de baile. Lo habitual era que, de algún modo, pareciese que el pub había doblegado las leyes de la física, llenando de jóvenes incluso los espacios con los que la discoteca no contaba.

La sensación para todos ellos era común: que el fin de semana era, de hecho, "muy largo" y de que incluso podía serlo más si uno se tomaba otra copa. Solo hacía falta que el DJ pinchara el tema del momento o que un amigo te subiera con él a la tarima para mantener el ritmo hasta las cinco de la madrugada.

Al día siguiente, claro, tocaba pagar la factura. "El lunes llegaba fina al instituto", recuerdan los que más exprimían la noche, muchos de ellos chavales que aún preparaban la mochila escolar al volver a su domicilio y desmaquillarse.

Los viernes, esa tierna media de edad que reinaba en Party los domingos subía un par de años. Esos días, los que se adueñaban de la pista era un público más adulto, que prefería canciones más pausadas para celebrar el inicio de la ventana de ocio.

Si había puentes o festejos como Nochevieja o Carnaval, sin embargo, la calma ni siquiera llegaba a considerarse. Porque las entradas de Party se vendían como churros y la discoteca sacaba toda la artillería para reafirmarse en su propósito: ser un referente de la fiesta en A Coruña.

Un lento declive hasta el cierre

La edad dorada de este club de la comarca coruñesa se prolongó hasta la entrada en los 2000. Pero no pudo hacer nada contra el desplome de las macrodiscotecas, que empezaron a entrar en declive a medida que la década avanzaba.

Así ocurrió también en zonas como Santa Cristina, donde emblemas como Bambima pasaron a la historia. Para Party, el golpe comenzó en 2003, propiciado en parte por el aumento de locales de ocio en el municipio y la pérdida de interés del público por lidiar con la resaca de los lunes.

Otro de los factores que no ayudó a sostener esta parada de la ruta nocturna fueron los conflictos que se gestaban entre los jóvenes de la movida carralesa. Algunos se metían en peleas, robaban macetas de los comercios o tiraban piedras a las casas, lo que provocó la queja de los vecinos de la zona.

Al final, Party tuvo que cerrar definitivamente, aunque, para muchos, esa no fue la peor parte. Lo peor fue la esperanza de que el club encendiera de nuevo sus luces y permitiera bailar una vez más en su pista: "Estuvieron muchos años diciendo que volvían. Una pena".

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