La histórica panadería de Arteixo que sigue haciendo el pan como hace un siglo: "De pequeño me dormía en los sacos de harina"
Cada fin de semana, los coruñeses hacen cola para conseguir los molletes de esta antigua tahona, gestionada por la cuarta generación familiar

Alberto Carracedo, en su obrador de Villarrodís (Arteixo). / Casteleiro
Aunque ya hubieran pasado décadas, los ancianos de Arteixo aún eran capaces de recordar el golpe de los cascos contra la tierra que anunciaba que Aurelia García, la primera artesana de la Panadería Carracedo, se había montado "na besta" para iniciar su reparto semanal de pan. Con ella llevaba sus robustos molletes, unos orondos bollos de miga húmeda que debían dar de comer a las familias de la parroquia hasta la próxima entrega y que eran, mal que le pesase, sus únicos compañeros en su recorrido por los caminos.
Aquel pan se cocía concienzudamente en su casa de Chamín, de la que salía al alba y no regresaba hasta la noche. "No era como ahora, que hay carreteras. Lo repartía a caballo y lo horneaba con su cuñado, porque mi bisabuelo tenía un aserradero justo en frente", explica Alberto Carracedo, el bisnieto y cuarta generación de esta saga familiar panadera de A Coruña.
Él ha sido el último en recoger el testigo del negocio, que ha estrenado hace poco su nuevo obrador de Villarrodís, aunque con las mismas recetas de siempre. Incluido el famoso mollete de Aurelia por el que se forman colas en los despachos cada fin de semana y que se sigue elaborando "igual que hace 100 años".

Los famosos molletes de la Panadería Carracedo. / Casteleiro
La harina, cuenta Carracedo, "es la misma" de entonces, y también el procedimiento. El antiguo horno no, aunque aún lo conserva en la casa que ahora es suya, cerrando un círculo que empezó hace más de un siglo. "El pan es lo que hemos visto desde la infancia. Lo llevamos dentro".
La Panadería Carracedo, más de un siglo conquistando con su pan artesano
Con despachos en Arteixo, Chamín y Villarrodís, esta histórica panadería ha ido creciendo con los años. Cada generación ha puesto de su parte para impulsar un negocio en el que Alberto lleva ya cuatro décadas, o más incluso si se mide el tiempo desde que amasó su primera barra a los 8 años encaramado a un cajón.
Tanto él como su hermana observaban detenidamente la técnica de sus padres y escuchaban sus lecciones para tratar de replicarlas en sus propias bollas. Por la noche, mientras las masas fermentaban y el horno seguía caldeando el ambiente, usaban el obrador como un segundo cuarto y aprovechaban para echar una cabezada mecidos por los sonidos de la tahona.
"Recuerdo que, de pequeño, me dormía en los sacos de harina. En lugar de estar en nuestra habitación, mi hermana y yo íbamos abajo y así estábamos en familia, con ellos", cuenta el artesano.

El obrador de los Carracedo, en pleno funcionamiento. / Casteleiro
Aunque el negocio ha evolucionado desde entonces, padres e hijos continúan trabajando mano a mano en los distintos despachos del municipio arteixán. Alberto al frente de la tahona principal, su padre en el reparto y su madre y su hermana en los despachos, donde los vecinos forman las mayores aglomeraciones en su búsqueda de molletes, chapatas y las populares empanadas del primogénito de la familia.
Hace 30 años que decidió apostar por esta receta, que enriquece con rellenos como el de bacalao, berberechos, pollo o zorza hasta un crisol de nueve variedades. "Funcionan muy bien, como el roscón y la larpeira. También tenemos barras artesanas y algún bizcocho, porque mi hermana hace repostería por las tardes", apunta el panadero.
Si bien este cóctel de masas y dulces es bien recibido por el vecindario, también implica que la panadería trabaje "día y noche" durante seis días a la semana -menos los lunes, en los que cierran casi por tradición familiar-. Para Carracedo, es un trabajo "muy preso" que le hace soñar a veces con las vacaciones, pero que tiene, al mismo tiempo, algo mágico que le acaba devolviendo inevitablemente al horno. "Cada vez hay menos gente que quiera aprender el oficio, porque es duro. Pero también es muy bonito", asegura.
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